Portadas de single hechas a mano y por qué no las hace una IA
Todas las portadas del catálogo se diseñan en casa, sin diseñador contratado. No es una decisión heroica ni un manifiesto contra la profesión. Es una consecuencia del ritmo semanal y de una idea concreta sobre qué debe transmitir una portada dentro de este planeta.
Una portada, aquí, no es un anuncio. Es una imagen que forma parte del cuerpo autoral de la canción. Cambiarla por una ilustración externa, por perfecta que fuera, rompería la unidad de mano detrás del proyecto. Preferible una imagen imperfecta hecha por la misma persona que compone que una perfecta hecha por otra.
La primera regla es la jerarquía. Una imagen fuerte, una tipografía sobria. Nunca al revés. Si la imagen es débil, ninguna tipografía la salva. Si la imagen es fuerte, la tipografía puede desaparecer casi por completo sin que la portada pierda.
La segunda regla es la escala. La portada tiene que funcionar a cien píxeles cuadrados en la lista de reproducción de una plataforma, no en un cartel. Si el título del single no se lee a ese tamaño, la portada no sirve, por bonita que resulte en una vista amplia.
La tercera regla, más discutida, es que no se usa imagen sintética generada por inteligencia artificial para ilustrar portadas. Se prefiere una fotografía imperfecta propia, un collage torpe hecho a tijera, una ilustración a lápiz sin oficio. La razón es estética y ética a la vez: se quiere que quede rastro humano en cada superficie del proyecto.
Ese rastro, sumado a lo largo de cientos de singles, dibuja un estilo visual reconocible sin haber pasado por manual de identidad. Un estilo aprendido a fuerza de repetir, corregir, dudar y volver a intentarlo. Igual que las canciones.