Planeta Gayfolk

Relaciones tóxicas

«Andrés» y la sinceridad que se usa como cuchillo

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Portada de «Andrés», de Mike Sain't Louis

Cuenta las veces que aparece la palabra «nunca» en la letra de «Andrés». Son muchísimas. Están puestas una debajo de otra, en mayúsculas, como si fueran ladrillos. No es un error de edición ni un relleno para que cuadre la métrica. Es la canción entera diciendo lo mismo hasta que la palabra deja de ser una palabra y se convierte en un muro.

El que dice siempre la verdad

La canción se dirige a alguien con nombre propio y le cuelga un apodo irónico: el fiel, el que dice siempre la verdad. Me interesa mucho ese tipo de persona, porque todos conocemos a alguien así. Es quien presume de ser directo, de no tener filtro, de "yo es que soy muy sincero". Y a veces lo es. Pero hay una sinceridad que sirve para entenderse y otra que sirve para herir y luego lavarse las manos. La segunda es la que aparece en la letra, y por eso el estribillo la llama, sin rodeos, «tu mierda de sinceridad».

Lo que me parece más venenoso de ese perfil es que se protege detrás de una virtud. Si te duele lo que te dice, el problema eres tú, que no aguantas la verdad. Si te quejas, eres frágil. La sinceridad usada así no ilumina nada; solo deja a uno de los dos expuesto y al otro limpio.

Haber enseñado todas las debilidades

El arranque de la canción es casi una confesión: le he mostrado todas mis debilidades, conoces todas mis vulnerabilidades. Es la parte que más me cuesta escuchar, porque describe algo que pasa en muchas relaciones, de pareja o de amistad. Abres la puerta entera, enseñas los cuartos desordenados, y la otra persona toma nota. No para cuidarte, sino para tener munición.

De ahí sale la sospecha de que guarda un último plan preparado. La letra no cuenta cuál. No hace falta. Lo importante es el giro siguiente: siento decirte que te vas a quedar descolocado. Quien esperaba encontrar a alguien hundido se encuentra con una canción. Es una forma de recuperar el control que no pasa por la venganza, sino por contar las cosas desde tu lado.

También me gusta que la letra señale algo muy concreto: no ha querido dar explicaciones a la cara y prefiere dejarlo en especulaciones. Eso es una forma de crueldad muy moderna. No discutes, no cierras, no dices nada claro. Dejas que el otro rellene los huecos con sus peores miedos. Y luego, si alguien pregunta, tú no has dicho nada.

Una canción construida a golpes de palabra

Musicalmente, «Andrés» funciona casi como un mantra al revés. Las frases están partidas en trocitos, una o dos palabras por línea, y eso obliga a cantarlas despacio, con pausas. Andrés, no, va, a, haber. Cada sílaba cae sola. Luego vienen los murmullos, esos «mmmm» que no dicen nada y lo dicen todo: son el ruido que haces cuando ya no te quedan argumentos y tampoco te apetece buscarlos.

La música está hecha con herramientas de IA, como el resto del proyecto, y en este caso lo que buscaba era que la producción no adornara demasiado. Quería que la voz repitiera, que insistiera, que resultara incluso un poco pesada. Porque decir «nunca» una vez es fácil. Decirlo cuarenta veces es otra cosa: es convencerte a ti mismo mientras lo cantas.

Y hay humor, aunque sea seco. Esa coletilla de «da gracias a tu sinceridad» tiene algo de reverencia irónica, de "muchas gracias por sus servicios". Le devuelves su propia virtud envuelta en papel de regalo y le dices que ahí tiene el resultado: ni pareja, ni posibilidad mínima, ni tan siquiera una amistad.

Cerrar del todo

Lo que más valoro de esta canción, escuchándola con algo de distancia, es que no deja rendijas. Muchas canciones de ruptura terminan con una puerta entreabierta, un "quizá algún día", una nostalgia que suaviza. Aquí no. La última palabra es amistad, pero precedida de un «ni tan siquiera». Es un final rotundo y, para mí, sano. A veces cuidarse consiste exactamente en eso: en no dejar ni la ventana del baño abierta.

Tampoco es una canción para señalar a nadie con el dedo. Está pensada para quien ha confundido durante mucho tiempo la brutalidad con la honestidad y un día se da cuenta de que no son lo mismo. Ese día suele llegar tarde, con cansancio y con bastante vergüenza por todo lo que uno aguantó. Si estás ahí, quizá te sirva cantarla en voz alta, con todas sus mayúsculas, aunque los vecinos se enteren.

Puedes leer la letra completa de «Andrés» y, si te apetece llevártela, está para descargar gratis en la sección de descargas.

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