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«Bareback»: despecho de feria contra un ex amigo

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Portada de «Bareback», de Mike Sain't Louis

Una canción de revancha bien hecha no necesita gritar. Le basta con mirar al otro de arriba abajo, con calma, y empezar a hacer inventario. «Bareback» funciona así: arranca con dos personas que ni siquiera se han emborrachado todavía y con alguien que decide que el otro no merece ni un chupito. Ese detalle me hace gracia cada vez que lo releo, porque resume la canción entera. El despecho aquí no es llorar en la barra. Es negarse a gastar una lágrima, un trago o un minuto más en quien no lo vale.

Un ex amigo, no un ex amor

Lo que más me interesa de esta letra es que el destinatario no es un novio. Es un «ex amigo», y la voz lo dice así, con todas las letras. Hay algo particular en la traición de la amistad dentro del ambiente: el amigo conoce tus manías, tus horarios, tus puntos flojos, y cuando la confianza se rompe la herida tiene otro sabor. Más que tristeza, da rabia y una especie de vergüenza por haber estado ciego. En la canción eso aparece como dinero perdido y confianza puesta en el sitio equivocado.

La respuesta de la voz no es dramática. Es la de una tía del barrio que te lee la cartilla en la puerta del bar: déjate de tatuajes y de selfies, arréglate esa boca, que el aliento llega hasta aquí. Es cruel, sí. Pero es una crueldad de sainete, exagerada hasta lo grotesco, con referencia de cine de terror incluida. Nadie sale de esa estrofa pensando que es un retrato realista. Sale riéndose, que es la venganza más barata y más eficaz que conozco.

La «nueva palabra»

El estribillo hace algo que me divierte mucho: convierte la jerga sexual en anuncio de feria. «Atención, señoras y señores, nueva palabra». Como si el pregonero del pueblo tuviera que explicar a la plaza lo que significa bareback. Y lo explica en cristiano, sin rodeos, porque la canción entera juega a eso: a traducir el vocabulario importado del ambiente al castellano más llano, ese que no admite eufemismos.

Ahí está el camp. Coger una práctica sexual que en ciertos círculos se nombra en inglés y casi en voz baja, y gritarla con tono de verbena. No hay juicio sobre el sexo en sí. El deseo de cada cual es asunto suyo y la canción no pretende darte una charla. De lo que se ríe es del personaje, de su forma de ir por la vida tomando lo que quiere sin pensar en nadie, y de cómo eso encaja con todo lo demás que la letra cuenta de él. La mención a la PrEP va en esa línea: no es un folleto sanitario, es un trazo más del retrato de alguien que pasa de todo.

Sé que hay quien escucha el título y se escandaliza antes de llegar al primer verso. Me parece bien. El escándalo también es parte del juego, y lo es desde mucho antes de que existieran las canciones que yo escribo. La copla ya contaba amores prohibidos y venganzas con una franqueza que hoy sonaría atrevida. Yo solo he cambiado el mantón por un vocabulario más de aplicación de ligar.

Karma, karma, karma

La parte que más me gusta está hacia la mitad, cuando la canción se pone mística de repente. Aparece la Virgen de la Candelaria, aparece un curandero de Adeje que avisa de la doble careta, y la voz repite «karma» tres veces como quien echa sal por encima del hombro. Ese giro me parece muy nuestro: pasar del insulto más terrenal a la superstición sin despeinarse. En media España conviven las dos cosas sin ningún problema, y en las islas todavía más.

Lo que me gusta del karma en esta letra es que libera a la voz de tener que vengarse. No hace falta hacer nada. Basta con soltar el asunto y dejar que la vida dé sus vueltas. Es casi una forma de salud mental disfrazada de maldición: en lugar de rumiar, decides que el universo se encarga. Y mientras tanto tú bailas.

También me parece importante el tono de alivio que hay debajo de todo. La voz dice que no está tan molesta, que algo bueno tenía que tener todo esto. Es la fase en la que ya te ríes de lo que hace un mes te quitaba el sueño. Esa fase existe y merece canciones. Muchas canciones de desamor se quedan en el hundimiento y se olvidan de que después viene el día en que te da igual. «Bareback» es una canción de ese día.

Si te apetece leerla entera, con sus exageraciones y su pregón de feria, la tienes en la letra de «Bareback». Y si prefieres escucharla en el móvil cuando te cruces con algún ex amigo, puedes descargarla gratis en la sección de descargas.

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