Planeta Gayfolk

Tradición y crítica

«Cada Cornada»: amar las mantillas y no aceptar lo que tapan

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Portada de «Cada Cornada», de Mike Sain't Louis

Me encantan las mantillas. Me encantan los volantes, los claveles, los peinetones, la copla, el dramatismo de una buena entrada en escena. Buena parte de la estética de GAYFOLK sale de ahí, de ese imaginario español que mezcla fiesta, luto y exceso. Por eso «Cada Cornada» me costó tanto y me importa tanto. Es la canción donde digo que esa misma estética no puede servir para tapar la violencia.

El decorado no lo arregla todo

El texto que acompaña la canción empieza diciendo que la violencia no tiene hueco por mucho que se adorne con mantillas, luces y discursos viejos. La tauromaquia es probablemente el ejemplo más claro de cómo la belleza de una puesta en escena se usa para no mirar lo que ocurre en el centro. Trajes bordados, música, pañuelos, aplausos. Todo precioso alrededor de un animal cuyo final todo el mundo conoce.

A mí la estética me importa muchísimo, y precisamente por eso desconfío cuando se usa como escudo. Una cosa bonita no se vuelve justa por ser bonita. El camp, que es mi idioma, consiste en exagerar el decorado hasta que se ve que es decorado. Esa es la diferencia. El camp te enseña las costuras. La liturgia taurina intenta que no las veas.

Querer una tradición sin quedártela entera

Alguien podría pensar que es contradictorio amar la copla y el folclore y a la vez cargar contra una costumbre tan asociada a ese mundo. Yo creo que es justo lo contrario. Querer de verdad una tradición implica elegir qué te llevas y qué dejas. A veces la comparo con una casa familiar donde puedes mover los muebles y pintar las paredes. Aquí hablo de una habitación de esa casa que, sencillamente, prefiero cerrar.

En el texto lo digo de otra forma: la tauromaquia no es un símbolo intocable, es una costumbre que resiste por inercia, por miedo y por la comodidad de mirar solo hacia donde no duele. Mucho de lo que llamamos tradición sobrevive así, porque cambiarlo da pereza o vértigo. Las personas LGTBI sabemos bastante de eso. Muchas cosas que nos hacían daño también se defendían como algo de toda la vida.

La incomodidad como herramienta

Hay una línea que resume la intención del videoclip y de la canción: «Si incomoda, funciona». No la escribí para provocar por provocar. La escribí porque hay temas sobre los que no se puede hablar con suavidad sin traicionar el fondo. Si una canción contra la violencia no molesta a nadie, probablemente no está diciendo nada.

Me interesa también la incoherencia que señala el texto. Hay quien se indigna por cuatro palabras, por una letra subida de tono o por un hombre con tacones, y luego aplaude sin pestañear algo mucho más duro. Esa vara de medir torcida es la misma que muchas veces se ha usado contra nosotros. Lo que escandaliza y lo que no escandaliza dice mucho de una sociedad.

No pretendo convencer a nadie con un estribillo. Pero sí creo que el arte puede mover lo que se ha querido dejar quieto. Encender una luz donde llevan tiempo colocando sombra, aunque sea durante tres minutos.

Sin pedir perdón

Trabajé el sonido con herramientas de IA, a partir de mi texto, buscando que la música no acompañara de forma complaciente. Quería que la imagen cortara y que la estética despertara en vez de adornar. El arte no se disculpa, se planta. Esa idea, que también está en el texto, guía todo el proyecto.

En el Planeta Gayfolk cabe mucho brillo, mucha fiesta y mucho humor. Pero el brillo no sirve de nada si se usa para no ver. Prefiero un planeta donde la estética no tape nada y donde ninguna violencia tenga escenario ni grada que la aplauda.

El texto completo está en la página de «Cada Cornada». La canción se descarga gratis desde la sección de descargas, y si te incomoda un poco, mejor.

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