Copla y raíces
«CARIÑO TRIANERO»: una copla que no necesitaba retoques
Por Mike Sain't Louis ·

La primera decisión con «Cariño Trianero» fue no tocar la letra. Ni una palabra. Cuando uno versiona algo, la tentación es dejar huella a base de cambios: un verso actualizado, un guiño de ahora, una rima nueva que demuestre que has pasado por ahí. Aquí no hacía falta. La historia ya lo dice todo, y meterle mano habría sido como repintar un azulejo antiguo porque te parece que le falta brillo.
Así que la pregunta pasó a ser otra. Si la letra se queda igual, ¿qué cambia? Y la respuesta es casi todo lo demás: quién la canta, desde dónde, con qué cuerpo y con qué permiso.
Un homenaje, no una copia
Esta versión es un homenaje a Carmen Sevilla y a una época en la que la música española tenía alma, lentejuelas y verdad. Las tres cosas a la vez, que es lo difícil. Hoy abundan las lentejuelas sin alma y la verdad sin brillo, y yo creo que la canción española de aquellos años sabía juntarlo todo sin pedir perdón.
No me interesa imitar. Imitar es ponerse un vestido ajeno y esperar que nadie note las costuras. Lo que me interesa es celebrar. Celebrar una canción significa cantarla sabiendo de dónde viene, con respeto por su forma, pero sin fingir que el tiempo no ha pasado. Ha pasado. Y para algunos de nosotros ha pasado a favor.
Cantar desde otro lugar
Las canciones de antes también pueden sonar nuevas cuando las cantas desde otro sitio. Esa idea es el corazón del Planeta Gayfolk y en esta versión se ve muy clara. La misma letra, en una boca marica, libre y contemporánea, dice cosas que antes quedaban entre líneas. No hace falta cambiar el texto para que el sentido se mueva. Basta con cambiar quién lo canta y a quién parece dirigirse.
Esto la copla lo ha sabido siempre. Es un género que vive de la interpretación, del gesto, de cómo se alarga una vocal o se rompe una frase. Muchas personas LGTBI encontraron en esas canciones un lenguaje para sentimientos que no podían decir en voz alta. El drama, el amor imposible, la mirada de los demás. Era un refugio con flecos. Yo no he inventado esa relación entre la copla y lo queer; solo me sumo a ella y la digo sin esconderla.
Por eso hablo de memoria colectiva. «Cariño Trianero» pertenece a esa memoria que seguimos cantando en bodas, en coches, en cocinas y en karaokes de madrugada. La diferencia es que ahora se puede cantar sin miedo a ser quien eres mientras la cantas.
La herramienta y la voz
En mi música uso herramientas de inteligencia artificial para la producción, y lo digo con la misma naturalidad con la que otro diría que usa un piano o un secuenciador. Con una versión, esto plantea una pregunta interesante: si la letra no es mía y la música está hecha con herramientas nuevas, ¿qué pongo yo?
Pongo la elección. Elegir esta canción y no otra. Elegir no cambiarle una coma. Elegir el tono, la luz, el lugar desde el que se canta. Un homenaje se parece mucho a un ramo de flores: las flores no las has fabricado tú, pero el ramo dice algo de ti. Lo que ofreces y cómo lo ofreces es tu manera de hablar.
Carmen Sevilla abrió un camino. Yo lo recorro con otro paso, con mi tono y con mi verdad, y no pretendo que sea mejor ni peor. Pretendo que sea honesto. Me gusta pensar que una canción así es como una casa de familia: cada generación cambia los muebles, pero las paredes siguen ahí, y que haya gente nueva viviendo dentro no ofende a nadie. Al contrario, mantiene la casa caliente.
Por qué una copla en este planeta
Podría parecer raro que un proyecto lleno de electropop, ironía y canciones sobre narcisistas y vecinos con shorts se detenga en una pieza clásica. Para mí no lo es. Lo camp y la copla son primos hermanos. Los dos entienden que el exceso puede ser sincero, que la emoción grande no es ridícula y que un abanico bien abierto también es una declaración. Mi trilogía, desde «DESCUBIERTO UN NUEVO PLANETA LLAMADO GAYFOLK» hasta «EL DÍA DE LA LIBERACIÓN», habla de construir un sitio propio. Un planeta así necesita raíces, y las mías están en canciones como esta, que sonaban mucho antes que las mías.
Tampoco quiero ponerme solemne. Una versión también es un juego, un disfraz cariñoso, una forma de decir que algo te gusta tanto que quieres vivir un rato dentro. Si al escucharla alguien se acuerda de la original y va a buscarla, perfecto. Si alguien la descubre por primera vez a través de mí, mejor todavía.
La presentación completa está en la página de «Cariño Trianero». Y si te apetece llevártela puesta, puedes descargarla gratis en la sección de descargas.