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Vinilos viejos como investigación de campo

Vinilos viejos comoinvestigación decampoDIARIO · PLANETA GAYFOLK

El Rastro de Madrid, ciertas tiendas de barrio, algunas librerías de viejo en pueblos pequeños. Ahí se compran los vinilos que sostienen buena parte del oído del proyecto. No por coleccionismo ni por estética retro. Por investigación.

Un vinilo de una orquesta olvidada de los años sesenta cuenta más sobre la historia del pop en español que cualquier documental. Enseña cómo se grababa entonces, cómo se maquetaban las portadas, qué producciones costaban dinero y cuáles se hacían con lo justo, qué convenciones se daban por hechas y ya no se dan.

Enseña también cuánta música muy buena se ha perdido por no encajar en el canon. Bandas regionales, cantantes locales, discos únicos que apenas vendieron y ahora aparecen en cajas por dos euros. Escuchar esa música desprejuiciadamente descubre autores que la crítica oficial nunca situó y que hoy podrían iluminar cualquier proyecto contemporáneo.

Cura además de una idea peligrosa. La idea de que hoy se hace peor música que antes. Escuchando cualquier época se encuentra la misma proporción: mucha música regular, unas pocas obras maestras, alguna joya rara. Cambia el sonido, no la proporción. Esa lección quita ansiedad a cualquier autor contemporáneo.

Los vinilos son, además, materia física. Sostener un disco en la mano, leer los créditos en letra pequeña, mirar la cara del músico en la contraportada, cambia la manera en que se escucha lo que suena en el plato. Introduce respeto por procesos que las plataformas actuales han vuelto invisibles.

El proyecto no reivindica el vinilo como formato exclusivo. Lo utiliza como archivo abierto. Un archivo desde el que se puede aprender casi todo lo que la industria contemporánea ha decidido olvidar.

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