Relaciones tóxicas
«Como en la matanza de Texas» y el vampiro que no deja manchas
Por Mike Sain't Louis ·

El cine de terror tiene una regla que me fascina. Cuando por fin la protagonista encuentra a alguien que la escucha, que le abre la puerta y le dice que se siente, que ya pasó, el monstruo aparece justo detrás. No falla nunca. Esa escena la he metido entera en «Como en la matanza de Texas», pero cambiando la motosierra por algo mucho más difícil de enseñar en un juicio: un vampiro emocional.
Un monstruo sin colmillos
La canción empieza en un bar. Alguien arrastra sus cadenas con una sonrisa forzada, saluda como quien reparte caramelos y elige. Porque eso es lo primero que quería contar: este tipo de persona no ataca al azar. Busca al que llega cansado, al que tiene ganas de creer, al que lleva tiempo sin que nadie le mire con interés. Selecciona al más débil, dice la letra, y empieza.
Me gustaba la imagen del vampiro porque no deja marcas visibles. No hay herida abierta, no hay charco que limpiar. Lo que se lleva es otra cosa: la energía, las ganas de levantarse, la confianza en el propio criterio. Por eso escribí «Te alimentas de esperanza y la conviertes en sal». La esperanza es justo lo que te hace volver una y otra vez, y al final lo que te queda en la boca es un sabor que pica.
Mucha gente que ha pasado por una relación así lo describe con otras palabras, pero se parece mucho. No sabría decir en qué momento empezó, solo que un día se miró al espejo y estaba más gris. Esa es la gracia siniestra del asunto: el daño se reparte en dosis tan pequeñas que ninguna, por separado, parece grave.
La escena en la que nadie contesta
El final de la canción se desmadra a propósito. Pasa de estribillo pegadizo a monólogo de película de serie B: el protagonista corre gritando, pide ayuda y nadie responde. Cuando por fin un buen hombre le abre la puerta y le cree, llega el vampiro y le roba la energía también a él. Ni la policía sirve de nada.
Esa parte es una broma, pero una broma con bastante verdad dentro. Una de las cosas más agotadoras de salir de una relación con alguien manipulador es que tu relato suena exagerado. El otro sigue sonriendo en las fiestas, cae bien, tiene una versión más cómoda de los hechos. Y la gente, que no es mala, prefiere creer la versión que no le obliga a tomar partido. Tú te quedas con cara de loco en la puerta, contando tu historia tan cruda, mientras él sale en la foto tan contento.
No quería escribir un panfleto sobre el narcisismo ni repartir diagnósticos. No soy psicólogo y tampoco me interesa colgar etiquetas clínicas a nadie. Lo que me interesaba era esa sensación concreta de no ser escuchado, que a veces duele más que el propio daño.
Reírse para no quedarse quieto
Alguien podría preguntarme por qué meto un título de película de terror, gritos y un tono casi de cómic en una canción sobre algo tan serio. La respuesta es sencilla: el humor me devuelve el control de la historia. Cuando estás dentro, el vampiro es enorme y tú eres pequeño. Cuando lo conviertes en personaje de videoclub, con capa y risa malvada, se encoge. Se vuelve ridículo. Y lo ridículo da menos miedo.
También hay una estrofa que me importa mucho, la que dice que cada ciclo tiene su final. No la escribí como venganza, sino como recordatorio. Las dinámicas de manipulación se sostienen mientras alguien sigue dando su energía. En el momento en que reconoces el patrón, aunque sea tarde, aunque nadie más lo vea todavía, algo se rompe a tu favor. No es magia, pero es un principio.
Musicalmente quería que fuera bailable, casi alegre en la superficie, porque así funcionan estas personas: por fuera todo brilla. Las herramientas de IA con las que construyo la música me dejan probar muchas atmósferas hasta dar con la que encaja con la letra, y aquí buscaba ese contraste entre el ritmo festivo y lo que se está contando. Si alguien la baila sin escuchar la letra, perfecto. Si a la tercera vez se para y piensa en alguien concreto, mejor todavía.
Si te reconoces en el que corre pidiendo ayuda, no te quedes atrapado en la escena de la película. Habla con alguien de confianza, con un profesional si puedes, y cuenta tu historia aunque te parezca exagerada. La gente buena existe, aunque en las películas siempre llegue tarde.
Puedes leer la letra completa de «Como en la matanza de Texas» y, si te apetece llevártela puesta, está para descargar gratis en la sección de descargas.