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«COMO MACAULAY CULKIN EN EL BUEN HIJO» y la culpa que busca motivo

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Portada de «COMO MACAULAY CULKIN EN EL BUEN HIJO», de Mike Sain't Louis

¿Qué habré hecho yo para merecer esto?

Esa pregunta, tan de abuela y tan de telenovela, es el motor de esta canción. La escribí pensando en un tipo de pensamiento muy concreto: el que aparece cuando algo en tu vida afectiva no funciona y no encuentras ninguna explicación razonable. La mente odia el vacío, así que se inventa una. Y a veces se inventa la más cruel posible: que fuiste malo, que te lo has ganado, que esto es un castigo.

Un villano de videoclub

El título viene de ahí. En la canción, el protagonista se pregunta si de niño fue un diablo malvado, como el crío de aquella película de los noventa, El buen hijo. No hace falta haberla visto para entender la referencia: el niño con cara de ángel que resulta ser el monstruo de la casa. Es una imagen de cine de sobremesa que muchos llevamos grabada.

Me interesa porque es absurda y exacta a la vez. Absurda, porque nadie razonable cree que un adulto al que le cuesta ligar esté pagando las travesuras de su infancia. Exacta, porque la culpa funciona así. No busca lógica. Busca un relato que encaje, aunque sea de videoclub.

Hay un humor muy negro en comparar tu soledad con la trama de un thriller familiar, y yo ese humor lo necesito. Si lo cantara en tono solemne, la canción sería insoportable. Con la referencia pop, por lo menos te sacas media sonrisa mientras te duele.

La inocencia interrumpida

Hay una idea que se repite y que sostiene todo lo demás: la de una inocencia interrumpida. La canción no explica qué la interrumpió, y yo tampoco lo voy a hacer aquí. No hace falta. Lo que cuenta es la sensación del protagonista: que algo se rompió antes de tiempo y que, desde entonces, lo que a otros les sale natural a él le cuesta el triple.

Ese es el núcleo. Mira a su alrededor y ve gente que queda con amigos, que tiene citas, que conoce a desconocidos sin aparente drama. Y él no. A él le cuesta tanto, le duele tanto, que alarga las vocales hasta convertirlas casi en un quejío. Esas vocales estiradas son, para mí, lo más sincero de la canción. Son el sonido de alguien que ya no sabe decirlo de otra manera.

Volver a examinarse

La segunda parte de la letra baja a lo práctico, y me parece la más incómoda. Cada vez que algo se acaba, toca empezar de nuevo. Y empezar de nuevo, para quien arrastra esa sensación de daño, es volver a presentarse a un examen: si besa bien, si gusta en la cama, si es el tipo de alguien. La letra lo dice con bastante menos finura que yo ahora, y prefiero que sea así. El deseo también es eso, inseguridad y cuerpo, no solo romanticismo de postal.

Luego viene una imagen muy pequeña: llorar hasta la una y pico de la madrugada porque alguien ha comentado que no eres su tipo. Me gusta ese «y pico». Es ridículo y es real. Nadie llora hasta la una en punto. Las penas tienen horarios desordenados, como los autobuses nocturnos.

Lo que la canción expone sin decirlo es un circuito cerrado: rechazo, culpa, búsqueda del origen de la culpa, conclusión de que uno está roto de fábrica. Y vuelta a empezar. Escribirlo no rompe el circuito, pero al menos lo saca de la cabeza y lo pone en un sitio donde se puede mirar con algo de distancia.

La pregunta equivocada

No escribí esta canción para dar respuestas. La pregunta del estribillo se queda sin contestar a propósito, porque creo que es la pregunta equivocada. Nadie se merece una vida afectiva difícil por cómo fue de niño. Si algo interrumpió tu inocencia, el responsable no eres tú, y desde luego no eres el villano de ninguna película.

Si te reconoces en ese bucle de examinarte una y otra vez, hablarlo con alguien de confianza o con un profesional ayuda más que cualquier estribillo. Yo puedo ofrecer compañía en formato canción, que no es poco, pero no es terapia.

La letra de «COMO MACAULAY CULKIN EN EL BUEN HIJO» está publicada entera, y la canción se puede descargar gratis desde la sección de descargas.

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