El concierto pequeño como formato completo
Tocar para veinte personas en un local diminuto no es un paso obligatorio hacia tocar para dos mil. Es un formato en sí mismo, con lógica propia, que no compite con el concierto grande: convive.
En un concierto pequeño puedes hacer cosas imposibles en un festival: cambiar el orden a mitad, charlar entre canciones, aceptar peticiones, contar cómo se escribió cada tema. El público está lo bastante cerca para que la canción sea una conversación y no un espectáculo.
Yo intento hacer al menos un concierto pequeño al mes, aunque no salga a cuenta económicamente. Es donde compruebo qué canciones funcionan de verdad y cuáles solo funcionan grabadas.