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«DOÑA ROGELIA»: cuando el arte tarda, pero llega

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Portada de «DOÑA ROGELIA», de Mike Sain't Louis

Empieza como un cuento. «Esta es la historia de cómo una vez», dice la primera línea, y por un segundo parece que vas a escuchar algo tierno, con moraleja de libro infantil. Luego llega el arte, que en la canción es algo que el otro no sabe ni qué es, y le deja pequeño. Y a partir de ahí el cuento se convierte en otra cosa: un ajuste de cuentas con el volumen alto y la lengua suelta.

«DOÑA ROGELIA» es de esas canciones que escribo cuando ya no me queda paciencia para la diplomacia. No es una canción de desamor ni una reflexión serena. Es un desahogo con estructura de número de cabaret: presentación, retrato del personaje, golpe final y telón.

Cuando el arte hace de karma

La idea central me sigue pareciendo bonita, aunque la canción la vista de mala leche. El arte, como el karma, a veces tarda, pero acaba llegando. No hablo de venganza en sentido literal. Hablo de algo más simple: cuando alguien te ha tratado como si no valieras nada, lo que haces después con tu trabajo es la mejor respuesta posible. No hace falta gritarle a nadie por la calle. Basta con escribir, publicar, seguir.

Por eso la canción dice que el arte es infalible contra los embaucadores. El embaucador vive de la apariencia, del momento, de la conversación rápida. La obra, en cambio, se queda. Cuando alguien escucha la canción dentro de unos años, el personaje que la provocó ya será solo eso: un personaje.

Diez por ciento verdadero

La parte que más me divierte es el retrato. Liante, farsante, comercial de saldo. Y luego esa cuenta tan exacta: diez por ciento verdadero, noventa por ciento falso, diez por ciento original y noventa por ciento falsificación. Me gusta escribir insultos con vocabulario de mercadillo, de sección de taras, de producto devuelto. Tiene algo muy español, muy de barrio, eso de describir a una persona como si fuera una oferta con el embalaje roto.

El personaje se presenta al público como si fuera un artista invitado: con ustedes, de mercadillo, el coordinador. Esa presentación es pura gala de pueblo, pura verbena. Y es ahí donde la canción se acerca al camp: tomar el formato de la ceremonia, del espectáculo con presentador y aplausos, y usarlo para retratar a alguien que no merece ni la mitad de esa atención.

Hay también una línea sobre la ropa, sobre los trajes que ya no se pueden quitar. Quien haya seguido otras canciones mías reconocerá que el armario, los trajes y lo que uno lleva puesto aparecen bastante. La ropa en mis letras casi nunca es solo ropa. Es dignidad, es imagen, es lo que te quitan cuando alguien se aprovecha de ti.

Un chiste como portazo

El final lo cambia todo. Después de tanto retrato, el narrador suelta una barbaridad sexual de las de taparle los oídos a la abuela, y al instante se corrige a sí mismo. Ni de coña. Y remata comparando la boca del otro con Doña Rogelia, en una comparación tan absurda que desarma cualquier dramatismo.

Ese giro es lo que más me interesa de la canción. Toda la rabia se deshace en un chiste. Es una forma de salir de la escena con la cabeza alta: no le das al otro el gusto de verte destrozado, le dejas con una carcajada que no es suya. El nombre del título está usado como referencia pop y como remate cómico de la letra, no como algo que se diga de nadie de carne y hueso. Es el tipo de broma que funciona porque es exagerada hasta el ridículo.

Podría parecer que sobra el lenguaje grueso. Creo que no. La canción habla de alguien que miente y adorna, y el narrador hace justo lo contrario: dice las cosas sin envoltorio. Ese contraste forma parte del sentido. Si suavizara la letra, el personaje del coordinador se parecería demasiado al narrador.

La música está hecha con herramientas de inteligencia artificial y me ha servido para vestir de espectáculo algo que nació como desahogo. La letra es mía, palabra por palabra, incluidas las que no se pueden decir en horario infantil.

Telón

Si alguna vez has tenido que cruzarte con un farsante de saldo, a lo mejor esta canción te sirve más que un mes de rumiar. No cura nada, pero ayuda a reírse, que a veces es el paso previo a dejar de pensar en alguien.

Puedes leer la letra entera en «DOÑA ROGELIA», con el cuento del principio y el portazo del final. Y si quieres tenerla a mano para cuando haga falta, está para descargar gratis en la sección de descargas.

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