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Dos chicos en primera fila, un coche que vuela sobre los raíles y un parque en llamas: el videoclip de «Montaña rusa» escena a escena
Por Mike Sain't Louis ·

Hay una expresión que todo el mundo usa sin pensar: estar en una montaña rusa. Se dice de los días en que el ánimo sube y baja sin avisar, de las relaciones que van del cielo al suelo en una tarde, de los meses en que nada se queda quieto. «Montaña rusa» toma esa frase hecha y la convierte en canción. Y su videoclip la lleva al extremo: una montaña rusa de verdad, en un parque de atracciones que, mientras dura la canción, acaba envuelto en llamas.
El tema forma parte de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el disco que abre la trilogía. Lo firma Mike Sain't Louis, que escribe, compone y produce, y que se presenta como «el primer cantautor IA» (música e interpretación vocal hechas con IA). El vídeo vio la luz a finales de enero de 2025 y dura algo menos de cuatro minutos. Aquí lo recorro de principio a fin, plano a plano, en el orden en que está montado.
El cartel: dos espaldas en el vagón
El videoclip arranca con una imagen tranquila. Dos chicos vistos de espaldas, sentados en un vagón de asientos rojos, en lo alto de una vía. La luz es dorada, filtrada por las hojas de unos árboles, como en una tarde de final de verano. Sobre la imagen, el título escrito en letra manuscrita de neón rosa, y arriba, en blanco, la firma de Mike.

Es una postal. Dos personas a punto de vivir algo juntas. Nada en este primer plano hace pensar en lo que vendrá después.
La subida
Los planos siguientes enseñan la subida. Los dos chicos, uno con camisa clara y otro con camiseta oscura, se miran mientras el vagón trepa por la vía. Alrededor se extiende un parque lleno de árboles, con otras estructuras de raíles azules y verdes al fondo, enroscadas como lazos.
La subida de una montaña rusa es el momento más largo y más tenso de la atracción. Se oye el traqueteo de la cadena, el vagón avanza despacio, y uno tiene tiempo de pensar en todo lo que puede salir mal. En la letra, ese momento coincide con la frase que da título a todo: «Hoy es el día montaña rusa». Un día así se anuncia desde por la mañana.
Un parque fuera de temporada
Merece la pena mirar el parque en sí, porque es casi un personaje más. No es un parque de colores chillones ni de mascotas sonrientes. Es un recinto grande, con árboles altos que en unos planos tienen hojas verdes y en otros están desnudos, como si el vídeo saltara de una estación a otra. Las estructuras de las atracciones se mezclan con la vegetación: vías azules que asoman entre las ramas, rizos de acero verde agua sobre las copas, una montaña rusa de madera oscura que serpentea por una ladera.
En muchos planos el cielo está blanco, cubierto, sin sol. Es la luz de un día de entretiempo, de esos en los que los parques abren con poca gente. Esa luz plana hace que el naranja de las explosiones destaque todavía más cuando llegan. Y le da al conjunto un aire de sitio un poco abandonado, como si los dos protagonistas tuvieran el parque entero para ellos solos.
La cámara dentro del vagón
Hay una decisión de rodaje que se repite y que mete al espectador dentro de la atracción: la cámara viaja en el propio vagón. A veces delante, mirando a los pasajeros; a veces detrás, por encima de sus cabezas, mirando la vía que se acerca. En esos planos se ve la caída antes de que llegue, la curva que se cierra, el raíl que desaparece hacia abajo.
Es el punto de vista de quien va sentado en la fila de atrás. Y funciona muy bien con la canción, porque convierte la metáfora en experiencia física. No se ve a alguien en una montaña rusa: se está en ella. Cuando más adelante aparecen las llamas y el humo delante de la vía, la sensación es la de ir directo hacia ellos sin poder bajarse.
Mejilla con mejilla
Entre los planos de la subida aparece uno en blanco y negro. Los dos chicos, ahora de frente, con la cara muy pegada, sonríen a la cámara como en una foto de fotomatón. Llevan barba, el pelo oscuro, camisetas sencillas. Es una imagen de complicidad absoluta.
El blanco y negro la saca del tiempo del vídeo. Parece un recuerdo, algo que ya pasó. Y de hecho volverá al final, como si todo lo demás estuviera ocurriendo entre una foto y otra del mismo álbum.
La primera fila
Luego, la cámara se coloca delante del vagón, como si alguien hubiera montado un móvil en la barra de seguridad. Los dos chicos van en primera fila, con las barras bajadas, y se ríen a carcajadas. Detrás de ellos se ve el recorrido de la atracción, con sus curvas y sus rizos.
Es el plano de las fotos que venden a la salida de las atracciones, esas en las que uno sale con la boca abierta y el pelo de punta. Aquí los dos están felices. Disfrutan de la velocidad, se agarran, se miran. Si el vídeo terminara aquí, sería un vídeo alegre sobre una tarde en el parque.
La primera explosión
Y entonces, sin previo aviso, una bola de fuego estalla justo delante del vagón. Es una explosión enorme, naranja y blanca, que ocupa medio encuadre. Los dos chicos siguen en sus asientos, en primer plano, y siguen sonriendo.
Este es el momento en que el vídeo enseña su juego. Lo que va a pasar a partir de aquí es exagerado, imposible, casi de dibujos animados. Y los protagonistas no van a reaccionar como reaccionaría cualquiera. Van a seguir riéndose.
Raíles en la niebla
Después de la explosión, el vídeo se calma un momento y enseña la vía vacía. Unos raíles largos que se pierden en una niebla blanca, entre árboles sin hojas. Una estructura azul que se retuerce en mitad del bosque. No hay nadie.

Son planos casi de película de misterio. Un parque de atracciones fuera de temporada, sin visitantes, con la bruma subiendo del suelo. Dan una pausa al espectador y a la vez lo inquietan: algo ha pasado, o va a pasar, y la vía lo sabe.
El vagón que se sale
Lo siguiente es el primer accidente. Un vagón lleno de pasajeros se sale de la vía y queda suspendido en el aire, inclinado, en mitad de la niebla. Los pasajeros se agarran como pueden. El vagón cae de lado entre los árboles. En otro plano, un vagón entero vuela hacia arriba, recortado contra un cielo gris, como si la atracción lo hubiera lanzado al espacio.
La imagen es absurda, y precisamente por eso funciona. Nadie se cree que eso pueda pasar en un parque real. Es una exageración consciente, como las de las películas de acción que no se toman en serio a sí mismas.
Abrazos en el vagón
Entre accidente y accidente, el vídeo vuelve una y otra vez a los dos protagonistas. Ahora se abrazan por los hombros, se ríen, se dicen algo al oído. Uno apoya la cabeza en el hombro del otro. Detrás, las estructuras del parque, todavía intactas.
Esta alternancia es la clave del vídeo. El mundo de alrededor se está cayendo a pedazos, y ellos, en su vagón, siguen a lo suyo. Son la imagen de dos personas que se tienen la una a la otra y que, mientras dure eso, todo lo demás da igual.
Todoterrenos por el aire
Si los vagones voladores no bastaban, aparecen coches. Un todoterreno oscuro sobre una rampa. Un todoterreno blanco que vuela sobre la vía, con un hombre agarrado al techo. Gente de pie sobre los asientos de un vagón, y dos que saltan al vacío desde él. Un grupo de cinco amigos sentados en el borde de un vagón parado al final de la vía, riéndose.
En este tramo el vídeo se vuelve casi una fiesta. Todo el parque parece haber decidido que hoy no hay normas. Los coches vuelan, la gente salta, y nadie parece preocupado. Es el momento más eufórico de todo el montaje.
El humo y las llamas
Y la euforia se convierte en incendio. Desde la cámara colocada detrás de los pasajeros se ven columnas de humo que suben del parque, primero grises y luego negras. Las llamas aparecen en las estructuras, entre los vagones, cada vez más cerca.
Hay planos en los que el fuego rodea a los pasajeros por completo, en tonos naranjas y rojos, y ellos siguen ahí sentados con las barras bajadas. Una montaña rusa entera arde, con humo negro saliendo de la estructura de madera. Un vagón con una bola de fuego en la parte delantera vuela por un cielo gris. Un coche se recorta en negro contra una nube de humo amarillo y una llamarada.
Todo está tratado como espectáculo, no como tragedia. Las imágenes son grandiosas, casi bonitas, con ese naranja intenso contra el gris del cielo. Nadie sufre en pantalla. Es el desastre como fuegos artificiales.
Las carcajadas
En medio de todo ese fuego, los dos chicos del principio vuelven a aparecer. Están en primera fila, con llamas detrás, a los lados, encima. Y se ríen. Se ríen con la boca abierta, echándose hacia atrás, abrazándose, mirándose. Hay un plano en el que las llamas parecen salirles de la cabeza como una corona, y uno de ellos tiene una expresión de felicidad total.
Es la imagen más desconcertante del vídeo y la que mejor resume la canción. Porque la letra no es alegre. Habla de llorar, de contenerse a todas horas, de una inspiración que se muere. Y el vídeo pone a dos personas riéndose mientras todo arde.
Quiénes son los dos chicos
El vídeo nunca lo aclara. No hay diálogo, no hay rótulos, no hay una escena que explique qué relación tienen. Pueden ser dos amigos que han ido juntos al parque a pasar la tarde. Pueden ser una pareja en su mejor momento. Pueden ser, incluso, dos versiones del mismo recuerdo.
Esa ambigüedad le sienta bien a una canción tan breve. Cada cual puede poner ahí a quien quiera: al novio de hace tres días, al amigo que estuvo al lado en la peor racha, a la persona que fuimos antes de que todo se torciera. Lo único seguro es lo que transmiten: confianza, cercanía, ganas de reír juntos. Y que, pase lo que pase alrededor, no se sueltan.
En un catálogo con tantas canciones sobre relaciones que hicieron daño, ver a dos hombres disfrutando juntos, abrazados y sin miedo, también es una declaración. Planeta Gayfolk es un lugar donde dos chicos pueden ir en primera fila de la montaña rusa sin que nadie los mire raro.
Lo que dice la letra
La letra de «Montaña rusa» es muy corta y se repite. Empieza con el título alargado hasta el infinito, «montaña ruuuuuuuuusaaaaaaaa», casi como un grito de atracción. Después viene lo importante: alguien intenta controlarse todo el rato («Y aunque intente contenerme a todas horas») mientras siente que algo dentro se le apaga. Lo que se muere es la musa, con una rima juguetona entre «rusa» y «musa» que parece de canción infantil.

Luego llega el núcleo: «No puedo evitar llorar», dice, y explica por qué, dirigiéndose a otra persona con un usted muy distante: él, «a diferencia de usted», sí quería de verdad. Y precisa, con una ironía amarga: lo quería «Hasta hace tres días». La última estrofa remata la broma triste: la musa no solo se está muriendo, sino que encima «se ha quedado también» muda.
Es una letra de ruptura reciente. De esos días inmediatamente posteriores en los que uno se ríe y llora casi a la vez, en los que todo sube y baja en cuestión de minutos, en los que se mezcla el dolor de verdad con un humor un poco desesperado.
La musa que se queda muda
De todo lo que dice la letra, lo que más llama la atención es la musa. Que una canción hable de la inspiración que se muere no es casual en alguien que compone. Después de una ruptura dolorosa, muchas personas que escriben, pintan o hacen música cuentan lo mismo: durante un tiempo no sale nada. La cabeza está tan ocupada con lo que ha pasado que no queda sitio para crear.
La letra lo dice en dos tiempos. Primero, la musa se está muriendo. Después, por si fuera poco, se ha quedado sin palabras. Es una broma, porque la propia canción existe, y por tanto la musa no puede estar tan muerta. Pero también es verdad: la letra es corta, se repite mucho, se apoya en estirar las vocales del título hasta el infinito. Es la letra de alguien que tiene poco que decir porque todavía está en shock, y que aun así consigue decirlo.
Hay algo muy honesto en esa contradicción. Hacer una canción sobre no poder hacer canciones es, al final, una pequeña victoria. La musa estará muda, pero el que compone no.
Exagerar para poder contarlo
El tono del vídeo tiene mucho que ver con una forma de humor muy reconocible: la de exagerar una desgracia hasta que da risa. Cuando algo duele demasiado, a veces la única manera de hablar de ello es inflarlo hasta el absurdo. No he tenido un mal día: me ha pasado por encima un camión. No me han dejado: ha ardido el parque de atracciones entero.
Esa exageración tiene una función clara. Permite contar el dolor sin quedarse atrapado en él. Pone una distancia, la misma que pone el usted de la letra. Y deja que quien mira se ría con el protagonista, no de él. El vídeo de «Montaña rusa» no se burla de la tristeza: la acompaña con fuegos artificiales.
Por qué se ríen en el incendio
Visto así, el vídeo cobra sentido. Las carcajadas en mitad del fuego no son indiferencia. Son la risa nerviosa de los días de montaña rusa. La de quien, después de una ruptura que le ha destrozado, se pone a hacer bromas porque no sabe qué otra cosa hacer. La de quien ve su vida arder y, en lugar de gritar, se ríe, porque llorar ya lo ha hecho demasiado.
También se puede leer de otra manera: como el recuerdo de los buenos tiempos frente a lo que ha venido después. Los dos chicos del vagón pueden ser la pareja que fue, en los días en que todo era divertido y daba igual lo que pasara alrededor. Y el incendio, lo que quedó cuando eso se acabó. El blanco y negro del principio y del final apunta en esa dirección: son fotos de un álbum que ya está cerrado.
El usted
Hay un detalle en la letra que merece atención aparte. La persona a la que se dirige la canción no recibe un tú, sino un usted. «A diferencia de usted», dice. En castellano, pasar del tú al usted con alguien con quien se ha tenido intimidad es un gesto muy fuerte. Es poner distancia de golpe. Es tratar como a un desconocido a quien hace tres días era lo más cercano.
Ese usted encaja perfectamente con el humor del vídeo. Es ironía, pero también es protección. Y tiene algo de teatral, como las explosiones: una forma exagerada de decir que algo se ha terminado.
El final en blanco y negro
El vídeo termina como empezó: con la imagen en blanco y negro de los dos chicos, mejilla con mejilla, sonriendo, y el título escrito encima en neón morado. Detrás de ellos se distinguen las curvas de las vías.
Después de todo el fuego, esa foto tranquila es casi un alivio. Nada ha ardido en ella. Los dos siguen ahí, felices, congelados en un momento anterior a todo. Es el recuerdo que sobrevive al incendio. Y es también una forma de decir que, aunque la relación haya terminado, lo bueno que hubo sigue existiendo en algún sitio.
Cómo está montado
El vídeo alterna constantemente tres tipos de planos: los primeros planos de los dos protagonistas riéndose, los planos generales del parque (vías, estructuras, niebla) y los planos de catástrofe (vagones voladores, coches por el aire, fuego). El ritmo es rápido, con cortes cada pocos segundos, y la catástrofe va creciendo a lo largo de la canción: empieza con una explosión aislada y acaba con el parque entero en llamas.
Esa progresión imita bien la de una mala racha. Al principio, un susto. Luego, otro. Después, ya no se distingue dónde empieza un problema y dónde termina el siguiente. Y en medio, intactos, los momentos de risa, que no desaparecen aunque el fuego crezca.
Canciones del mismo disco
«Montaña rusa» comparte disco con otras canciones que también hablan de lo que pasa por dentro después de una relación que hace daño. «Entre cuatro paredes» se encierra en casa. «El espejo de enfrente» mira al propio reflejo a deshoras. Y ya en el segundo disco, «Ruido en mi mente» convierte la ansiedad en un torbellino de escenarios. Pero ninguna lo hace con tanto humor como «Montaña rusa». Es la canción que se ríe de su propia tristeza.

La historia detrás
Las canciones de Mike nacen, en buena parte, de su propia vida. Pasó veinte años junto a dos parejas narcisistas, una tras otra. Cuando por fin las desenmascaró, se encontró con que ellas, siempre encantadoras en público, habían puesto a parte de su entorno de su lado. Componer fue entonces la única manera de contar lo que había pasado. En el peor momento de aquella etapa llegó a estar a punto de suicidarse; consiguió salir adelante, y hoy sigue tratándose por un trastorno de estrés postraumático, una depresión mayor grave, ansiedad, fobia social y un trastorno de la personalidad por evitación. Comparte todo esto para que el abuso narcisista y sus secuelas tengan más visibilidad.
«Montaña rusa» es de las canciones más ligeras de ese recorrido, pero no por eso menos sincera. La risa en el incendio también es una forma de supervivencia.
Si tus días se parecen a esa montaña rusa y te cuesta sostenerlos, busca a alguien con quien hablar. Puede ser un amigo, alguien de tu familia o un profesional. En España, el 024 es un teléfono gratuito y confidencial disponible a cualquier hora, y para emergencias está el 112.
Escucharla y bajarla gratis
«Montaña rusa» tiene ficha propia en la web, donde se escucha completa, y la tienda del planeta la deja descargar gratis, sin registro y sin pagar. Si se prefiere, está también en Spotify. El catálogo entero está en canciones, y la sección de prensa reúne fotos y datos de contacto.
Bajarse del vagón
Al salir de una montaña rusa, las piernas tiemblan un poco. Uno se ríe sin motivo, con el corazón todavía a mil, y necesita unos minutos para volver a pisar el suelo con normalidad. Ese momento, entre la atracción y el resto del día, se parece mucho al que describe la canción: el de después del golpe, cuando todavía no se sabe si se va a llorar o a reír.
El vídeo de «Montaña rusa» se queda en ese momento y lo estira durante casi cuatro minutos. Con fuego, con coches voladores, con carcajadas. Y termina con una foto tranquila de dos personas que se quisieron. Quizá esa sea la única manera de bajarse del vagón: reírse un poco del incendio, guardar la foto y seguir andando.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se estrenó el videoclip de «Montaña rusa»?
Salió el 21 de enero de 2025 y dura tres minutos y cuarenta y cinco segundos. La canción pertenece a «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer disco de la trilogía.
¿Qué pasa en el vídeo?
Dos chicos con barba suben a una montaña rusa y se lo pasan en grande mientras a su alrededor todo se descontrola: vagones que salen volando, coches por el aire, explosiones, humo negro y llamas en todo el parque. Ellos no dejan de reírse.
¿De qué trata la letra?
De un día de altibajos emocionales tras perder a alguien: las ganas de contenerse, el llanto, la sensación de haber querido de verdad a quien no correspondía y una inspiración que se apaga y se queda muda.
¿Se puede descargar gratis?
Sí. Se escucha entera en su ficha de gayfolkplanet.com y se baja gratis, sin registro, desde la tienda de la web. También está en Spotify y en el resto de plataformas.
¿Hay ayuda si estoy en un mal momento?
Sí. Hablar con alguien de confianza o con un profesional es un buen primer paso. En España, el 024 atiende gratis y a cualquier hora; en caso de emergencia, el 112.