Salud mental
«EL ABISMO EN MI CABEZA» y la voz que se burla de ti por dentro
Por Mike Sain't Louis ·

¿Qué tono de voz tiene tu peor pensamiento? Yo tardé mucho en hacerme esa pregunta. Daba por hecho que lo oscuro hablaba a gritos, con dramatismo de telenovela, y resulta que no. Lo que más daño me ha hecho siempre ha hablado bajito y con sorna. No me amenazaba. Se reía.
De ahí sale «EL ABISMO EN MI CABEZA». No es una canción sobre un día malo ni sobre una racha de tristeza que se cura con un fin de semana fuera. Es una canción sobre ese inquilino que vive dentro y que, cuando tropiezas, en lugar de ayudarte a levantarte, aplaude.
Un abismo con sentido del humor
El estribillo lo dice sin rodeos: el abismo «se ríe de mi torpeza». Me parecía importante que fuera así, porque la depresión, o como queráis llamar a ese peso, tiene algo de humorista cruel. Convierte cada error pequeño en prueba de que todo está mal. Se te cae un vaso y la voz no dice «se te ha caído un vaso», dice «claro, cómo no, si es que eres así».
Cuando escribí la letra quise que ese tono burlón estuviera en la música y no solo en las palabras. Por eso el estribillo vuelve una y otra vez, casi idéntico, como vuelve un pensamiento intrusivo. No avanza. No aprende. Repite. Y en esa repetición hay algo que cualquiera que haya pasado por ahí reconoce enseguida: la sensación de estar en bucle aunque fuera, en el mundo, el calendario siga corriendo.
El laberinto sin puertas
Hay una imagen que me obsesionaba: un laberinto sin puertas. Un laberinto normal tiene salida, aunque cueste encontrarla. Uno sin puertas es otra cosa. Es una habitación que se disfraza de camino. Caminas, giras, crees que avanzas, y estás en el mismo sitio.
También está el sol que nunca se acuerda. Me gusta esa idea de que el sol no es malvado, simplemente se olvida de pasar por ahí. Así se siente muchas veces. No es que el mundo te odie, es que parece no saber dónde estás. Y eso, a su manera, es más solitario que el odio.
La canción tiene un verso muy duro, el de la sombra que se marcha y te deja en la soga. No lo escribí para impresionar a nadie ni para darle épica al sufrimiento. Lo escribí porque es verdad que la cabeza, en sus peores momentos, propone salidas que no son salidas. Prefiero nombrarlo a hacer como que no existe. Si tú estás ahí ahora mismo, por favor, díselo a alguien. En España puedes llamar al 024, que atiende de forma gratuita y a cualquier hora. No es un gesto exagerado. Es lo que haría cualquiera con un dolor que no se va.
Escribir para poder mirarlo
Me preguntan a veces si no me da miedo cantar cosas tan oscuras. La respuesta honesta es que me da más miedo no cantarlas. Mientras el abismo está solo en mi cabeza, tiene todo el poder: nadie lo ve, nadie lo contradice, nadie le dice que exagera. Cuando lo saco y lo convierto en una canción, pasa a ser una cosa que puedo mirar desde fuera. Tiene estrofas, tiene un estribillo, tiene un final. Y algo que tiene final ya no es infinito.
Eso es lo que me ha dado el planeta GAYFOLK desde el principio: un sitio donde poner lo que no sé dónde poner. Hay canciones de purpurina, de copla, de cachondeo, y luego están estas, que son como la habitación del fondo de la casa. No se enseñan en todas las visitas, pero forman parte de la casa igual.
No voy a deciros que esta canción cura nada. Una canción no es terapia ni pretende serlo. Pero sí creo que hay un alivio pequeño, muy concreto, en escuchar a otra persona describir exactamente lo que tú no sabías explicar. Es como cuando alguien te dice «a mí también me pasa» y de repente la soga, el laberinto y el sol olvidadizo dejan de ser solo tuyos.
Si os apetece leerla con calma, la letra completa de «EL ABISMO EN MI CABEZA» está en la web, y la canción se puede descargar gratis en la sección de descargas, junto con el resto del planeta.