Cultura LGTBI
«El anillo de casado»: hostales completos y amores que no salen en la foto
Por Mike Sain't Louis ·

Cinco jarras de cerveza. Así empieza. No con un drama, no con una confesión solemne, sino con el puntillo de una tarde que se alarga y unas miradas que se esconden entre risas. Me gusta que la canción arranque en un sitio tan corriente, una cadena de bares de montaditos, porque las historias que cuenta casi nunca empiezan en lugares glamurosos. Empiezan donde la gente se relaja lo suficiente como para mirar más de la cuenta.
El anillo como personaje
El estribillo repite tanto la palabra «anillo» que casi se convierte en el protagonista. Brilla, recuerda, interrumpe. Es el objeto que dice «este hombre tiene otra vida» cada vez que levanta la jarra para brindar. Y la voz que canta lo sabe perfectamente. No hay engaño por ese lado: el narrador no es ingenuo, conoce la boda por la iglesia, el vestido blanco, los cuatrocientos invitados. Todo eso está en la letra con una precisión casi de reportaje de revista.
Lo interesante es la frase con la que cierra cada estribillo, esa idea de que lo que pasa por su cama ya es pasado. Es una forma de protegerse. Si lo vivo y lo suelto, no duele. Si no me lo quedo, no me lo pueden quitar. Es la lógica de quien ha aprendido a querer por horas y no espera más.
Y entonces la canción se rompe por dentro.
El puente donde todo se complica
En el puente aparece una pregunta que se repite como un tic: «¿Y qué voy a hacer?». La respuesta es honesta y un poco desesperada: no lo sé. Con él estoy bien. Me estoy empezando a enamorar. Y luego llega mi verso favorito, el que me hace sonreír cada vez, porque mete una ironía enorme en dos palabras: su supuesta heterosexualidad. Lo de «supuesta» es todo un editorial.
Ahí la canción deja de ser una aventura picante y se convierte en otra cosa. El narrador ya no controla la situación. Lo que era un juego con fecha de caducidad empieza a pedir más espacio del que tiene. Y el espacio, en estas historias, es literal: no hay casa, no hay sitio, no hay calle donde cogerse de la mano.
Madrid de discretos
Hay un detalle que para mí resume la canción entera: la búsqueda de hostales que no tengan colgado el cartel de completo en el telefonillo. Es una imagen pequeña y muy concreta. Dos hombres recorriendo la ciudad, mirando portales, esquivando la mirada de recepcionistas, buscando una habitación que no sea la de nadie. La épica del amor clandestino reducida a un cartel plastificado.
Me interesa mucho esa geografía secreta. Las ciudades grandes tienen dos mapas superpuestos: el de las guías y el de quienes no pueden permitirse que les vean. Durante generaciones, buena parte de la vida gay se ha escrito en ese segundo mapa. Hoy hay más libertad, por suerte, pero siguen existiendo hombres con anillo, con familia, con un relato público muy cuidado, que viven media vida en ese otro plano. La canción no los condena. Tampoco los absuelve. Los mira.
Sin moraleja, por favor
Sé que hay quien esperaría un juicio claro. Que la canción dijera «esto está mal» o, al revés, que celebrara la transgresión como un triunfo. No me interesa ninguna de las dos cosas. Lo que me interesa es el lío emocional, ese momento en que alguien que se creía a salvo descubre que no lo está.
Porque esa es la trampa de este tipo de relaciones para quien ocupa el lado discreto. Empiezas pensando que tienes ventaja: tú no has prometido nada, tú eres libre, tú solo disfrutas. Y de repente te descubres esperando un mensaje, contando los días entre un encuentro y otro, celoso de una mujer a la que no conoces y que probablemente tampoco tiene ni idea de nada. El anillo no lo llevas tú, pero también te ata.
Por eso la letra suena tan festiva, con su brindis, su puntillo y su estribillo pegadizo: el contraste lo hace todo. Un tono alegre contando una historia que no tiene buen final posible. Es una tradición muy española, eso de cantar las penas con palmas. La copla lo hizo durante décadas con amores prohibidos de todo tipo, y yo me siento heredero de esa manera de contar: con humor, con descaro y con el corazón un poco hecho polvo debajo.
Quien haya vivido algo parecido, en cualquiera de los dos lados, sabrá reconocer el olor a cerveza y a habitación prestada.
La letra completa de «El anillo de casado» está esperando a que la cantéis con el puntillo adecuado. La canción se puede descargar gratis en la sección de descargas, sin necesidad de reservar hostal.