Planeta Gayfolk

Relaciones tóxicas

«EL DÍA DE LA LIBERACIÓN»: Benidorm, patatas de bote y libertad

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Portada de «EL DÍA DE LA LIBERACIÓN», de Mike Sain't Louis

Benidorm no es un sitio neutral. Para unos es el horror de los rascacielos frente al mar; para otros, la felicidad sin complejos de una piscina, un bufé libre y una tumbona. Cuando lo metí en esta canción lo elegí por eso: es el paraíso de quien ya no necesita impresionar a nadie.

«EL DÍA DE LA LIBERACIÓN» es un himno de salida. No de huida, que suena a correr con miedo, sino de salida: puerta abierta, maleta hecha y sol en la cara. Comparte nombre con la tercera parte de la trilogía, después de DESCUBIERTO UN NUEVO PLANETA LLAMADO GAYFOLK y OJALÁ SE PUDIERA VIAJAR A GAYFOLK, y no me parece casual que el viaje desemboque en esa palabra.

Un vencedor que no eres tú

La canción arranca anunciando un resultado, como si fuera la final de algo. Ya hay un vencedor, y no es el manipulador. Me gusta empezar así porque las relaciones con personas narcisistas suelen vivirse como una competición en la que tú ni siquiera sabías que participabas. El otro lleva la cuenta; tú solo intentas que la casa no se caiga.

Por eso proclamar un ganador tiene algo de justicia poética. Es el momento en que quien ha sufrido deja de esperar a un árbitro y se entrega la copa a sí mismo.

La segunda estrofa es más seria: el día en que ya no sale sangre de las heridas. No dice que no haya cicatrices. Dice que ya no sangran. Esa diferencia me importa mucho, porque liberarse no significa que todo haya pasado sin dejar marca. Significa que el daño ya no se renueva cada mañana.

La venganza doméstica

Y luego llega la parte que más disfruté escribiendo: la venganza en pequeño. Que le cocine ahora su madre. O que cene de un bote de patatas fritas. No hay grandes castigos, ni karma cósmico, ni escenas de tribunal. Solo la constatación de que esa persona, sin alguien a quien exprimir, no sabe ni hacerse la cena.

Así entiendo yo el humor camp aplicado al dolor. No minimiza lo que pasó. Lo coloca en una escala doméstica y ridícula donde el que parecía todopoderoso queda en pijama mirando la nevera. Es un alivio enorme ver así a quien te hizo sentir pequeño.

Mientras tanto, el protagonista está feliz en Benidorm, y el otro anda desesperado buscando una nueva fuente de alimentación narcisista. Esa idea, la del suministro, aparece mucho cuando se habla de narcisismo: la persona que alimenta el ego del otro con atención, cuidados y paciencia infinita. La canción le da la vuelta. El suministro se ha ido de vacaciones y no ha dejado táper en el congelador.

De mito a vómito

Hay un puente cortito que resume la caída en cuatro palabras: «De mito a vómito». Me gusta cómo suena, con esa rima tan bruta, porque describe algo que pasa de verdad cuando se cae la idealización. La persona que tenías en un pedestal, de repente, te da hasta un poco de asco. No por odio exactamente, sino porque ves por fin lo que había debajo de la purpurina.

A continuación viene el remate burlón, ese canturreo sobre lo bonito que es quedarse solito. Es un chiste de patio de colegio, y lo sé. Pero hay momentos en los que la madurez emocional consiste precisamente en permitirse una burla infantil después de años de morderse la lengua.

Bailar el final

No quería que esta canción sonara a lamento. Ya hay muchas en el proyecto que se quedan dentro del dolor, como «Y SIGO TEMBLANDO SIEMPRE» o «LA EMPATÍA DE LA ARPÍA». Esta es la que sale del cuarto. Tiene algo de fiesta de pueblo, de gritar a coro que somos libres aunque la voz se quiebre un poco por el camino.

Si estás saliendo de algo parecido, ojalá te sirva de banda sonora para tu propio día de liberación, sea en una playa, en el sofá o en la cola del supermercado. No hace falta Benidorm para liberarse. Hace falta dejar de dar de comer a quien solo sabe pedir.

La letra de «EL DÍA DE LA LIBERACIÓN» está completa en la web, y la canción, como todas, se baja gratis en la sección de descargas.

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