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Camp español

«Él»: el perro fiel, el que no llama y una agenda de ocho a diez

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Portada de «Él», de Mike Sain't Louis

Ocho a diez. Dos horas libres. Así arranca «Él», con una agenda en la mano, y me parece uno de los comienzos más honestos que se pueden poner en una canción de amor. Nada de flechazos ni de destino: hay un hueco en el horario y alguien a quien llamar para llenarlo. Luego hay que estudiar. La vida sigue con sus apuntes.

Me gusta esta canción porque no pretende ser buena persona. Su protagonista lo sabe todo y elige mal igualmente, con los ojos abiertos.

Dos hombres y una agenda

La letra dibuja un triángulo muy sencillo. Por un lado está él: serio, paciente, un pedazo de pan que perdona y espera. Por otro está tú: el que se lo toma todo a risa, el que llama y luego olvida. Y en medio, una voz que prefiere al segundo, aunque digan que está loca.

Es un esquema viejísimo y por eso funciona. Cualquiera que haya tenido delante a la persona correcta y haya mirado hacia la incorrecta reconoce la escena. Lo curioso es que la canción no castiga a nadie. No hay moraleja, no hay final trágico, no hay un tercer acto en el que la protagonista aprende la lección. Hay alguien que repite que tiene que pensar quién le interesa, como quien deja el examen para mañana.

El perro fiel no es un piropo

Hay una comparación en la letra que me hace mucha gracia: él es igual que un perro fiel. En otra canción eso sería un elogio. Aquí es casi una condena. La lealtad que no se ha pedido pesa. El cariño que viene acompañado de la idea de propiedad, de alguien que pretende ser tu dueño, cansa antes que la indiferencia.

Y aquí está el matiz que me interesa. La canción no dice que el bueno sea malo. Dice que lo bueno, cuando viene con expectativas de control y con la promesa de que ya cambiarás, asfixia. Él espera que ella siente la cabeza. Ella quiere libertad para equivocarse. Entre medias hay una conversación pendiente que nadie se atreve a tener: la de confesar que él no le interesa.

Hablo de salud emocional en muchas de mis canciones, de narcisismo, de relaciones que hacen daño. «Él» va por otro lado. No hay villano. Hay deseo, hay pereza de ser sincera y hay un corazón que no se deja mandar. Eso también es real, y a veces es más incómodo de mirar que un malo de telenovela.

Cantar en femenino

La letra está en femenino. «Aunque digan que estoy loca.» Y yo la canto tal cual, sin cambiar el género, porque ahí está buena parte de la gracia. Cuando un hombre gay canta en femenino no se está disfrazando. Está usando un registro que el pop español lleva décadas regalándonos: el de la mujer que decide, que se equivoca, que quiere dos cosas a la vez y no pide permiso.

Muchos aprendimos a hablar de amor con canciones escritas para voces de mujer. Las cantábamos con un cepillo como micrófono y entendíamos perfectamente lo que decían, aunque el pronombre no fuera el nuestro. Eso es camp en su sentido más tierno: tomar algo que no fue hecho para ti y descubrir que te queda mejor de lo que nadie esperaba.

Además, el femenino le quita solemnidad. Loca no es aquí un diagnóstico ni un insulto, es una etiqueta que la protagonista se coloca con cierta coquetería. Que digan. Ella tiene libre de ocho a diez.

Lo que deja en el aire

No sé qué pasa después con estos tres personajes y la canción tampoco lo sabe. Me parece una virtud. Hay demasiadas canciones que quieren cerrar la historia y explicarte cómo sentirte. Esta te deja en la puerta, con la copa servida y el reloj corriendo, y te pregunta en silencio a quién llamarías tú.

Yo tengo mi respuesta, pero me la guardo. Lo que sí diré es que la canción tiene algo de espejo: según el momento en que la escuches, te reconoces en él, en el que no llama o en la que duda. Y las tres posiciones tienen su parte de razón y su parte de culpa.

Por eso me parece bien que la versión, hecha con herramientas de inteligencia artificial, no se ponga trágica. El texto ya trae su propio peso y no necesita más dramatismo encima. Una canción sobre elegir mal no tiene por qué sonar a funeral. Puede sonar a viernes.

Si quieres leer la historia completa de este triángulo, la tienes en la letra de «Él». Y la canción se puede descargar gratis en la sección de descargas, para escucharla de ocho a diez o cuando te venga bien.

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