Cultura pop
«El Señor Garrison»: celos, ordenadores y un tablero de parchís
Por Mike Sain't Louis ·

¿Quién diablos me manda abrir el ordenador? Esa pregunta, que aparece tal cual en la canción, es probablemente la más sincera que he escrito sobre los celos. Porque los celos, en el siglo veintiuno, ya no consisten en oler una camisa o mirar una agenda. Consisten en saber demasiado de tecnología y tener demasiado tiempo libre.
«El Señor Garrison» es una canción sobre eso. Sobre ser alguien que sabe de enrutación, que sabe usar un emulador de Android como BlueStacks, y que en lugar de ponerse una peli gore tranquilamente en su habitación, se dedica a poner a prueba a su novio. Y lo peor: encontrar algo.
Un profesor de dibujos animados como destino
El estribillo es una profecía bastante catastrofista. Digo que voy a acabar como el señor Garrison, el profesor de South Park, con el señor Sombrero, y que al final terminaré casado con un muñeco. Para quien no conozca la serie: el señor Sombrero es una marioneta con la que ese personaje habla como si fuera una persona. Es una imagen ridícula y muy triste a la vez, que es justo el tono que buscaba.
Me encanta usar la cultura pop así, como un atajo emocional. Decir «voy a acabar solo» es dramático y un poco cursi. Decir «voy a acabar como el señor Garrison» es lo mismo, pero con risas enlatadas. Y la siguiente frase sube la apuesta: he muerto más veces que Kenny. Cualquiera que haya visto la serie sabe cuántas son. Muchas. Absurdamente muchas. Y aun así, Kenny vuelve en el siguiente episodio. Esa es la parte que me interesa: la resurrección automática, casi cómica, de quien se lleva un disgusto tras otro y al día siguiente vuelve a abrir el portátil.
Masoquismo, pesimismo o las dos cosas
En un momento la letra se pregunta si soy masoquista o simplemente me gusta ser pesimista. No tengo respuesta, y la canción tampoco la da. Creo que hay algo de las dos cosas en esa forma de vigilar. Buscas la prueba de que te engañan porque te da miedo que te engañen, y cuando la encuentras sientes, junto al dolor, una especie de alivio horrible: «lo sabía».
No pretendo que esta canción sea un manual de nada, y menos uno de buenas prácticas. Revisar el móvil de tu pareja o montarle trampas digitales no es sano, y la canción lo sabe. Por eso el protagonista no sale como héroe ni como víctima pura. Sale como alguien que tiene razón sobre su novio y, al mismo tiempo, está bastante mal. Esa ambigüedad me parece más honesta que una canción de despecho donde uno es todo bondad.
El parchís
Hay un verso que me hace gracia cada vez que lo escucho. Cuando descubro que mi novio está preparando una quedada con otro tío, digo que estoy seguro de que no se iban a reunir «para jugar al Parchís». Es una forma muy de casa de decir lo obvio sin decirlo. Nadie necesita más detalles. El parchís hace todo el trabajo.
Ese tipo de humor me parece muy nuestro, muy de cultura española y también muy de cultura gay: la ironía como manera de soportar algo que duele. Si lo cuento llorando, es un drama. Si lo cuento con fichas de colores, es un sainete. Y el sainete se aguanta mejor.
La estructura de la canción también es un poco obsesiva, con el estribillo repetido una y otra vez al final. Es intencionado. Así funciona la cabeza cuando estás en ese bucle: la misma idea, la misma imagen, el mismo muñeco, en círculo, hasta que se acaba la canción o se acaba la batería.
Dentro del planeta, esta canción comparte barrio con otras de infidelidades y desconfianza. ENVEJECER cuenta el mismo tipo de golpe desde la tristeza más desnuda. Aquí, en cambio, hay dibujos animados, ordenadores y un tablero de parchís. Distinta ropa para la misma herida.
La música está hecha con herramientas de IA, y le pedía algo con energía de canción cómica, ligera por fuera. La letra, con sus referencias frikis y su pesimismo de profesor de primaria, es mía.
Puedes leer la letra de «El Señor Garrison» completa, con todas sus repeticiones. Y descargarla gratis en la sección de descargas, por si algún día necesitas recordar que no eres el único que ha abierto el ordenador cuando no debía.