Salud mental
«Entre cuatro paredes» y la gramática del no
Por Mike Sain't Louis ·

Una habitación tiene cuatro paredes, una puerta y, con suerte, una ventana. Cuando escribí «Entre cuatro paredes» quise hablar de ese momento en que la puerta deja de existir. Sigue ahí, claro, con su pomo y su bisagra. Pero ya no sirve para salir.
Esta es una canción sobre la depresión, aunque la palabra no aparezca en ningún verso. No hacía falta. Cualquiera que haya pasado por ahí reconoce los síntomas a la primera: no hay ilusión, no apetece salir, no aparece la fuerza ni la motivación. La letra los va enumerando casi como quien rellena un cuestionario médico, con esa negación al principio de cada frase que se acaba convirtiendo en el sonido de la canción.
El idioma del no
Si te fijas, casi todos los versos empiezan por «No». No me apetece, no encuentro, no consigo, no siento, no quiero. Lo escribí así sin pensarlo demasiado y luego me di cuenta de que era la clave. La depresión tiene una gramática propia y está hecha de negaciones. No es tanto que estés triste como que todo lo que antes decía sí se ha quedado mudo.
Hay un verso que resume bien lo que quería contar: «Siempre apartado entre tanta gente». Porque la soledad de la que habla la canción no es la de estar solo en una isla. Es la de estar rodeado y sentir que hay un cristal entre tú y los demás. La gente habla, ríe, hace planes, y tú los ves desde dentro de una pecera. Esa sensación me parece de las más difíciles de explicar a quien no la ha vivido, porque desde fuera parece que estás acompañado.
Un estribillo que no te deja ir
La estructura de la canción es rara. El estribillo se repite cuatro veces seguidas antes de que aparezca la primera estrofa nueva. Sé que no es lo que se suele hacer. Cualquier manual de composición te diría que eso aburre, que hay que variar, que el oyente necesita avanzar.
Pero es que la depresión no avanza. Te levantas y es el mismo día que ayer. Piensas lo mismo, sientes lo mismo, te quedas en la misma cama mirando el mismo techo. Quería que la canción tuviera ese peso de bucle, esa sensación de que llevas un rato escuchando y no te has movido del sitio. Si en algún momento te impacienta, si piensas que ya está bien de repetir, entonces la canción ha hecho su trabajo. Te ha puesto un minuto en esa habitación.
Las estrofas que aparecen después son como pequeñas variaciones del mismo encierro. El sol que puede volver a brillar y no importa. Los colores que han desaparecido. El túnel estrecho sin luz. Son imágenes muy conocidas, lo sé. No busqué metáforas originales porque la depresión tampoco es original. Es monótona, previsible y gris. Escribirla con fuegos artificiales habría sido mentir.
La grieta del final
Y sin embargo, la canción no termina en el mismo sitio donde empieza. Las últimas cuatro líneas cambian de tono. Siguen empezando por «No», pero ahora la negación apunta hacia fuera: no puedo seguir así, no quiero perderme. Y entonces aparece un pequeño pero que lo cambia todo, algo dentro que pide respirar.
No es un final feliz. No hay amanecer, ni abrazo, ni puerta que se abre de golpe. Es solo un tal vez, un quizá algún día. Pero para mí esa duda es muchísimo. Cuando estás dentro, lo que necesitas no es que te prometan que todo va a ir bien. Lo que necesitas es una rendija por la que entre un poco de aire, una posibilidad aunque sea pequeña de que esto no sea para siempre.
También hay un detalle en la penúltima estrofa que me importa: aparece un tú. En medio de tanto vacío, el pensamiento vuelve a alguien. No digo quién ni por qué, y la canción tampoco. Prefiero que cada persona ponga ahí a quien le toque. A veces el tú es alguien que se fue, a veces es alguien a quien no te atreves a llamar, a veces eres tú mismo un tiempo atrás.
Por qué cantar esto
En el Planeta Gayfolk hay canciones para bailar con purpurina y canciones como esta, que van más despacio. Creo que las dos cosas forman parte del mismo mundo. Hablar de salud mental en una canción pop no la convierte en terapia, ni lo pretende. Pero sí puede hacer que alguien, en su propia habitación, sienta que eso que le pasa tiene nombre y que otras personas lo han atravesado.
Si estás en un momento así, habla con alguien. Un amigo, tu médica de cabecera, un profesional. En España tienes además el 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita y disponible a cualquier hora.
La letra de «Entre cuatro paredes» está completa en la web, y la canción se descarga gratis en la sección de descargas. Escúchala con calma. No tiene prisa.