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Ser tímido en el escenario y sobrevivir

Ser tímido en elescenario ysobrevivirDIARIO · PLANETA GAYFOLK

La timidez, en escena, no desaparece con los años. Se aprende, en el mejor de los casos, a esconderla mejor. Quien haya oído lo contrario en una entrevista mentía o hablaba de un temperamento distinto. Casi todos los artistas de sensibilidad que conozco siguen siendo tímidos después de veinte años sobre las tablas.

La primera estrategia útil es preparar los enlaces entre canciones más que las canciones. Las canciones ya se saben. Lo que suele bloquear en directo son los diez segundos entre canción y canción, cuando hay silencio y hay que decir algo. Ensayar esos diez segundos con precisión libera de la improvisación bajo presión.

La segunda estrategia es óptica. Mirar por encima del público a un punto fijo de la sala, en la línea de los ojos. Da la sensación de estar mirando a todo el mundo sin forzar contacto directo con nadie en particular. El truco es tan viejo como el teatro y sigue funcionando.

La tercera es aceptar que los primeros dos minutos van a ser siempre incómodos. Ninguna preparación los evita. Solo hay que atravesarlos. Reconocer esa condición inevitable quita presión, porque desmonta la fantasía de que un día se conseguirá empezar cómodo.

Existe una cuarta, más íntima. Vestirse de una manera concreta, distinta a la calle, para marcar mentalmente que se entra en otra zona. No es disfraz. Es señalización interna. El cuerpo entiende, sin necesidad de discurso, que ese conjunto de ropa significa escenario, y responde en consecuencia.

La timidez, bien gestionada, es incluso un valor. El artista tímido no impone su presencia: la sostiene con más delicadeza. Y la delicadeza, en un ecosistema saturado de gritos, casi siempre se recuerda más.

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