Escribir canciones para que las cante otra persona
Componer para otras voces es un ejercicio distinto que devuelve mucho a tu propio cancionero. Cuando escribes para otra persona, no puedes esconderte en tus tics de cantante: la melodía tiene que funcionar en una tesitura y en un fraseo que no son los tuyos.
El proceso me obliga a pensar la canción como estructura, no como interpretación. Y esa disciplina, cuando vuelvo a mis propias canciones, se nota: cierro melodías con más limpieza y dejo menos margen a la improvisación vocal.
Además, escribir para otros paga distinto. Un tema que canta otra persona puede tener una vida comercial que nunca alcanzarían tus propios singles. No es traición: es diversificar de manera saludable.