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«Flash»: una ampolla de belleza y una noche para darlo todo

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Portada de «Flash», de Mike Sain't Louis

Antes de salir, un pequeño ritual. Una ampolla flash, de esas que prometen cara de haber dormido ocho horas en diez minutos, y a la calle. Ese gesto cosmético, tan pequeño y tan serio a la vez, es el punto de partida de «Flash», una canción que no quiere ser profunda y que precisamente por eso me hace mucha gracia.

El poder de las cosas frívolas

Muchas de mis canciones hablan de rupturas, de narcisistas, de salud mental. Pesan. Y de vez en cuando necesito escribir algo que sea puro brillo, sin segundas lecturas obligatorias. Esta es eso: una noche de club, un cuerpo con ganas de bailar, una cámara imaginaria que dispara.

Pero lo frívolo tiene su política. En la cultura LGTBI, arreglarse para salir nunca ha sido solo estética. Es una forma de ocupar espacio, de decir aquí estoy y me he preparado para que me veas. La ampolla flash es una tontería, sí, pero es una tontería que alguien eligió hacer por sí mismo antes de enfrentarse al mundo. Eso merece una canción.

Una queen saliendo del lodo

Hay un verso que resume lo que me gusta de esta letra: «Soy una queen saliendo del lodo». Me encanta porque mezcla la grandeza con la suciedad. No es una reina que siempre ha estado en su trono, sino una que viene de abajo, de un mal momento, de un barro que puede ser cualquier cosa: una semana horrible, un trabajo que asfixia, un corazón roto. Y aun así sale, se pone la ampolla y viene a darlo todo.

Esa imagen tiene mucho de drag, de transformación. El lodo no se esconde, se incorpora al espectáculo. La purpurina se pega mejor sobre algo con textura.

Luces, cámara y pista

El estribillo usa la vieja fórmula del cine, pero la desplaza a la discoteca. Aquí no hay director ni guion: la acción es bailar, el plató es la pista y la cámara es la mirada de los demás, o la tuya propia en el reflejo de una barra. La letra habla de brillar en la noche y de conexión, y esa conexión puede ser con otra persona o simplemente con el ritmo.

Me gusta que la palabra flash funcione en tres sentidos a la vez. Es la ampolla de belleza, es el destello de la cámara y es esa sensación fugaz de euforia que dura lo que dura un buen tema. Las tres cosas son efímeras. La ampolla se pasa, el destello se apaga, la canción termina. Y no pasa nada. Lo efímero también cuenta, y a veces es lo único que cuenta un sábado.

La letra es corta y se repite mucho, a propósito. En la música de club, la repetición no es pereza, es hipnosis. Vuelves una y otra vez al mismo verso hasta que deja de significar y empieza a mover el cuerpo. Quise que la idea de venir a darlo todo se convirtiera en una especie de consigna que se canta sin pensar, con los ojos cerrados.

La parte musical está hecha con herramientas de IA, a partir de mi letra y de lo que yo buscaba: un pulso electropop directo, sin florituras, que te deje marcar el baile y el modo. Tenía que sonar a sábado por la noche, a cola del ropero, a tacón que todavía no duele.

También hay un crash en la letra, un choque mientras se baila. Lo leo como ese momento en que la euforia se tropieza con algo, una mirada, un recuerdo, un mareo, y sigues bailando de todos modos. Es la diferencia entre una noche perfecta y una noche real. Las reales tienen choques. Y se bailan igual.

Un permiso para brillar

No todo tiene que ser terapia. A veces la terapia es justamente olvidarse de la terapia durante lo que dura una canción. «Flash» es un permiso para ser superficial un rato, para preocuparse por si brilla la piel y no por si brilla el futuro. El futuro ya lo pensaremos mañana, con resaca y un café.

Si te apetece prepararte para salir con ella de fondo, tienes la letra completa de «Flash» y la canción para descargar gratis en la sección de descargas.

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