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Fuentes de chispas, una pista con llamaradas y un descapotable junto al mar: el videoclip de «Sunshine» escena a escena

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Fotograma de «Sunshine»: decenas de bailarines en formación sobre una pista iluminada, con columnas de fuego blanco a los lados y público en las gradas

Hay canciones que se entienden mejor con los ojos cerrados y otras que piden pantalla. «Sunshine» es de las segundas, aunque al principio no lo parezca. Su letra apenas dice nada: cinco o seis palabras en inglés y un puñado de sílabas que suben y bajan, «mm-hmm», «oh-oh», «la-la». No hay personajes, no hay conflicto, no hay ni siquiera un tú al que dirigirse. Es pura temperatura. Y el videoclip, en lugar de inventarse una trama para rellenar ese hueco, hace lo más lógico: monta una fiesta.

Lo escribió y lo produjo Mike Sain't Louis, que se presenta como «el primer cantautor IA»: letrista, compositor y productor musical (música e interpretación vocal hechas con IA). En su catálogo abundan los temas que ajustan cuentas, que señalan, que se ríen de alguien. Este no. Este es una tarde de verano que se convierte en noche. Lo recorro aquí plano a plano, con los segundos aproximados, para que quien quiera pueda seguirlo con el vídeo abierto en otra pestaña.

Lo básico antes de dar al botón

El clip se subió al canal el 27 de marzo de 2025 y dura tres minutos y dieciocho segundos. La canción pertenece a «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el disco central de la trilogía, el que piensa el planeta como un destino posible y no solo como una idea. El título aparece sobreimpreso en el primer plano con letras amarillas de borde rojo, muy de cartel de feria, y debajo el nombre de Mike en verde lima.

Ficha de «Sunshine», del disco «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», con su carátula: un hombre tatuado sin camiseta, con gafas de sol, delante de palmeras, un edificio rosa y un coche antiguo

La letra cabe en una servilleta. Una estrofa enumera cosas, el sol, la luna, el río, el latido y el susurro, y les pega a cada una un verbo suave. El estribillo repite esas mismas palabras en parejas. Una estrofa breve habla de la brisa y los árboles. Y la última deja que el sol se apague y que alguien ponga música. Eso es todo. Lo interesante es ver cómo el vídeo convierte ese esqueleto en un recorrido con principio, nudo y final.

La verbena de chispas (0 a 9 segundos)

El arranque es una celebración al aire libre, a pleno día. Dos fuentes de chispas plateadas, de esas que se encienden en las bodas y en los fines de fiesta, lanzan destellos hacia arriba a ambos lados del encuadre. En medio, varias chicas con gafas de sol y tirantes bailan entre la gente, con los brazos arriba, mientras al fondo asoman los árboles de un parque. El título se planta encima de todo como el cartel de una verbena.

Es un comienzo sin preámbulos. No hay plano de establecimiento, ni un personaje que llega, ni una puerta que se abre. Estamos ya dentro de la fiesta, en mitad de la pista, con las chispas cayendo. La letra arranca igual: «Mm-hmm, mm-hmm, Sunshine», un murmullo antes de la primera palabra, como quien tararea mientras se pone las gafas de sol para salir.

Cae la noche sobre el escenario (12 a 20 segundos)

El primer corte nos lleva a otro sitio y a otra hora. Es de noche y estamos en un escenario grande, con suelo reluciente y focos de color. Tres bailarinas vestidas de negro hacen una coreografía sincronizada bajo una luz azulada, con humo blanco a la espalda. Luego aparece una pareja, ella con un top rojo y él de oscuro, que se cruzan sobre el escenario como en un ensayo general.

Lo que cambia aquí es el registro. La verbena del principio era espontánea, de gente que baila como sabe. Esto es otra cosa: coreografía, marcas en el suelo, gente que ha ensayado. El vídeo nos dice desde el minuto uno que va a jugar a dos bandas, la fiesta improvisada y el espectáculo preparado, y que va a saltar de una a otra sin pedir permiso.

La chica del top rojo y las llamas (21 a 33 segundos)

Llega uno de los planos más reconocibles del clip. Una chica morena con un top rojo de manga larga baila en primer término, sonriendo a cámara, mientras detrás de ella se levantan columnas de fuego de verdad, llamaradas naranjas que salen del suelo del escenario. Entre las llamas hay tubos de luz azul eléctrico clavados en vertical, y detrás de todo se adivina el público.

En los segundos siguientes, la cámara se aleja y vemos a todo el cuerpo de baile: chicas con pantalón negro y camiseta roja que se agachan, giran y vuelven a subir delante de las llamaradas. Una de ellas se queda de rodillas mientras las demás siguen. El fuego sube al compás.

Es curioso que una canción tan dulce, con una letra que habla de calor y de brisa, tenga un vídeo con tanto fuego. Pero tiene sentido. El sol de la canción no es el sol tibio de una mañana de abril, es el sol de agosto en la costa, el que quema. El fuego del escenario es ese mismo sol traído a la noche. Y la chica del top rojo lo mira de frente, sin taparse, riéndose.

La pista que cambia de color (34 a 47 segundos)

El escenario se convierte en pista. El suelo ahora es una superficie iluminada que pasa del rosa al azul y del azul al morado, y sobre ella baila una multitud: chicas con faldas de vuelo rojas y tops amarillos, chicos con camisas abiertas, gente que no forma parte de ninguna coreografía y que simplemente se mueve. La cámara se mete entre ellos a la altura de los hombros, como si fuera una invitada más.

En uno de los planos se ve el lado técnico del montaje: equipos de sonido, instrumentos, focos sobre trípodes, y delante, alguien bailando en mitad del humo. Es un detalle que repetirá más adelante. El clip no esconde la tramoya. Deja ver las cámaras, los focos y los cables, como diciendo que la fiesta se construye, que alguien la monta, y que no por eso es menos fiesta.

Humo blanco y una mirada a cámara (48 a 53 segundos)

Una explosión de humo blanco llena el encuadre, con chispazos naranjas por debajo. Cuando se despeja, aparece en primer plano una mujer de pelo largo y chaqueta roja, con collar plateado, que mira directamente a cámara y mueve las manos delante del pecho, marcando el ritmo con los dedos. Detrás de ella, otras dos chicas bailan entre el humo.

Es uno de los pocos momentos del vídeo en que alguien nos mira. Casi todo el clip está hecho de gente que baila para sí misma o para el público del escenario. Ella, en cambio, nos busca. Y lo hace justo cuando la letra pasa de la luz del día a la de la luna, «Moonlight, oh-oh, lights the path», como si nos diera la bienvenida a la parte nocturna de la canción.

El plató a la vista (54 a 70 segundos)

Este tramo es casi un making of. Vemos el escenario desde un lateral, con dos cámaras de cine montadas en trípodes en primer plano, focos de pie, altavoces y cables. En el centro, una bailarina con una falda larga de color naranja gira sobre sí misma y la tela se abre como una flor. Detrás, columnas de humo rosado y chispas.

Hay un plano especialmente bonito: el escenario con las luces de la ciudad al fondo y una fila de gente bailando de cara al mar, con palmeras iluminadas. Por primera vez aparece la costa. Todavía es de noche, pero ya se intuye el paseo marítimo, el sitio al que el vídeo nos va a llevar luego a plena luz.

Me gusta que el clip enseñe las cámaras. Es una forma honesta de decir que todo esto es una puesta en escena. Pero la honestidad no le quita encanto: la chica de la falda naranja gira igual de bien aunque sepamos que hay un trípode a dos metros.

La pareja agarrada (75 a 92 segundos)

En mitad de tanto grupo, el vídeo se detiene en dos personas. Una mujer con un vestido azul celeste de lentejuelas y el pelo recogido baila muy pegada a un hombre con camisa negra. Están en una sala oscura, con luces violetas y otras parejas a su alrededor que apenas se ven. Ella apoya la mano en el hombro de él. Él la sujeta por la cintura. Se miran a los ojos y casi no se mueven, en un baile lento a contratiempo del resto del vídeo.

La pareja vuelve un par de veces más en este tramo, siempre con el mismo gesto. Es la única escena del clip que tiene algo de intimidad. Todo lo demás es multitud, fuego, carretera. Aquí, en cambio, hay dos.

La letra encaja de forma casi literal en este momento. Habla de un abrazo nocturno, «night's embrace», y de un latido que se acelera, «heart's race». No dice quién abraza a quién. El vídeo tampoco lo explica. Solo pone a dos personas que bailan agarradas mientras la fiesta sigue alrededor, como si el ruido no fuera con ellas.

Mediodía en la carretera de la costa (96 a 123 segundos)

Corte brusco a pleno día. Dos chicas con tops rojos bailan al borde de una carretera de montaña, de espaldas al sol, con los brazos levantados y un destello de luz verde en el objetivo. Detrás se ven colinas y un pueblo blanco.

Fotogramas del videoclip de «Sunshine»: una chica con top rojo baila delante de llamaradas y tubos de luz azul, junto a una pareja agarrada, un descapotable junto al mar y tres chicas de pie en el coche con los brazos arriba

Y entonces llega el descapotable. Un coche gris claro, con la capota bajada, avanza por una avenida junto al mar flanqueada de palmeras y edificios altos. Dentro van dos chicas jóvenes, una con gafas de sol, que se ríen y se apartan el pelo de la cara. La cámara las sigue desde delante, a la altura del capó, mientras el sol de media tarde entra de lado y estalla en destellos sobre el parabrisas.

Esta es, probablemente, la imagen que mejor resume la canción. No hay letra que cuente esta escena, pero la escena cuenta la letra: el calor, la brisa que despeina, «feel the breeze», los árboles que se mueven al paso, «sway the trees». El descapotable es la versión motorizada de esa estrofa. Y el paseo marítimo con palmeras y rascacielos tiene algo de costa mediterránea que conecta con otras canciones del planeta, como «Madrid to Benidorm», donde la playa también es un lugar al que se llega para empezar de nuevo.

Vuelta al fuego (126 a 129 segundos)

El montaje no se queda mucho en la carretera. Regresa al escenario nocturno con un plano general espectacular: decenas de bailarines en formación sobre una pista enorme, con líneas blancas que la dividen como un campo de juego, y a ambos lados, una fila de columnas de fuego blanco que estallan a la vez. Al fondo, gradas llenas de público. En primer término, cámaras y técnicos.

Este plano funciona como un contrapunto. El descapotable era libertad a dos; la pista es libertad a cien. El vídeo va y viene entre ambas cosas como quien pasa del coche al chiringuito y del chiringuito a la discoteca en una misma noche de agosto.

Las amigas del descapotable (132 a 165 segundos)

El coche vuelve, esta vez por una carretera que bordea una playa larga, con la ciudad al fondo y el mar a la izquierda. Ahora la cámara las sigue desde atrás y desde un lado, y las vemos de perfil, riéndose, una con una camiseta rosa, la otra con el pelo al viento. En otro plano, el descapotable avanza por un paseo bordeado de palmeras mientras el sol se pone sobre el agua.

Entre medias, el vídeo inserta un plano más del escenario con cuatro bailarinas delante de una pared de llamaradas naranjas, ahora tan grandes que ocupan todo el fondo. El contraste es claro: fuera, el sol se va apagando; dentro, el fuego crece.

Luego llegan los planos más alegres del clip. Dos chicas con tops rojos van en los asientos delanteros, con un pueblo costero y unas montañas a la espalda, y se ríen con la boca abierta. En un momento, una de ellas sostiene un micrófono de mano mientras la amiga levanta los brazos. Después, tres chicas se ponen de pie en el coche, que avanza despacio entre palmeras, y alzan los brazos hacia el cielo.

Es el momento más eufórico del vídeo, y coincide con la parte en que la letra empieza a despedir el día: el sol se desvanece, «Sunshine fades», y cae la sombra. Pero ellas no se enteran. O sí se enteran y les da igual. Hay algo muy de la canción en esa actitud: la luz se va, y aun así la música sigue, «music plays».

La luna sobre el mar (186 a 198 segundos)

Tras un último plano del descapotable de frente, por la carretera de la costa, el vídeo termina con una imagen distinta a todas las anteriores. Ya no es una fotografía de fiesta, sino casi una ilustración. Una luna llena, enorme, cuelga sobre el mar de noche. En la orilla, entre bruma, una pareja baila: él con camisa clara, ella con un vestido rojo cuyo vuelo se confunde con la espuma. Encima, otra vez el título en amarillo y el nombre de Mike en verde.

Es un cierre de manual y, al mismo tiempo, el más coherente con la letra. La canción empieza con el sol y termina con la luna. El clip, también. Entre medias hemos pasado por chispas, llamaradas, una pista de baile, una carretera y una puesta de sol. Y lo último que queda es eso: dos personas bailando en la orilla, despacio, como la pareja del vestido azul de la mitad del clip, pero ahora fuera, sin paredes ni focos, con la luna como única luz.

Un vídeo sin historia, a propósito

Visto entero, el videoclip de «Sunshine» no cuenta nada en el sentido clásico. Nadie conoce a nadie, nadie pierde nada, nadie vuelve a casa. Y creo que es una decisión deliberada. La letra tampoco cuenta nada. Es una canción hecha de palabras sueltas que se repiten hasta convertirse en ritmo, como esas canciones de corro que se aprenden antes de saber qué significan.

Lo que hace el vídeo es lo mismo con imágenes. Coge unos cuantos motivos (el fuego, el baile, la carretera, la costa, la pareja) y los repite, los combina, los alterna, hasta que forman un dibujo. El fuego del escenario y el sol de la carretera se responden. La pareja del vestido azul y la del vestido rojo en la orilla se responden. Las chicas que levantan los brazos en la verbena del principio y las que los levantan en el descapotable del final, también. Es un clip que rima.

Dónde encaja en Planeta Gayfolk

En el catálogo de Mike hay muchas canciones nacidas del daño: temas que ajustan cuentas con parejas que mintieron, que señalan manipulaciones, que ponen nombre a cosas que costó años entender. Él mismo ha contado que pasó veinte años junto a dos parejas narcisistas y que, cuando salió la verdad, ambas consiguieron poner a parte de su entorno en su contra. Las canciones fueron su forma de contar su versión. Hubo un momento en que estuvo muy cerca de no seguir, y hoy está en tratamiento psiquiátrico y psicológico, con diagnósticos de estrés postraumático, depresión mayor, fobia social y ansiedad, saliendo adelante a su ritmo.

Mike Sain't Louis con gorra oscura estampada y camiseta blanca de tirantes que deja ver un tatuaje en el pecho, ante un escenario con foco rosa, junto a los versos «Sunshine, sunshine, oh-oh» y «Moonlight, good night, oh-oh»

«Sunshine» no habla de nada de eso, y precisamente por eso importa. Es una de las piezas que muestran el otro lado del proceso: el día en que lo que apetece no es explicar, sino salir a bailar. En ese sentido conversa con «La noche no es para mí», que mira la fiesta desde la orilla, y con «Mi salvador», que la vive desde dentro con un traje fucsia. También con «Flash», la noche del primer disco en la que alguien sale del barro decidido a darlo todo. «Sunshine» es la tarde anterior a esas noches, cuando todavía hay sol y el coche está aparcado con la capota bajada.

Si en algún momento sientes que todo pesa demasiado y no ves salida, no tienes que cargar con ello en soledad. Cuéntaselo a alguien de confianza o a un profesional. En España, el 024 es un teléfono gratuito y confidencial que responde a cualquier hora, y ante un peligro inmediato está el 112.

Lo que se ve en la segunda pasada

Al volver a verlo, hay detalles que se escapan la primera vez. Las fuentes de chispas del principio reaparecen en miniatura en las llamaradas blancas de la pista grande. Los tubos de luz azul que flanquean a la chica del top rojo son del mismo color que la sala donde baila la pareja agarrada. El descapotable siempre circula con el mar a un lado, nunca de espaldas a él. Y en casi todos los planos del escenario hay alguien técnico a la vista, una cámara, un trípode, un foco, como si el vídeo quisiera recordarnos que la alegría también se trabaja.

Collage con la carátula de «Sunshine» y las de «Mi salvador», «La noche no es para mí» y «Madrid to Benidorm», junto a los versos de la brisa y los árboles

El colorido merece una mención aparte. Rojo y amarillo dominan la primera mitad, en los tops, las faldas, el fuego y el propio título. Azul y violeta mandan en los planos nocturnos de la pareja. Y la carretera de la costa está toda en tonos dorados y turquesa, con el sol entrando de lado. Es la paleta del verano mediterráneo, la misma que aparece en otros clips del planeta y que se describe en la página sobre la estética de Planeta Gayfolk.

Escucharla y llevársela

«Sunshine» se puede escuchar entera en su ficha de la web y se puede bajar gratis desde la tienda: no cuesta un euro ni pide registrarse. En streaming está en Spotify y en el resto de plataformas. Quien quiera ver qué más hay en la trilogía tiene el listado completo en la página de canciones, y quien escriba en un medio encontrará fotos, textos y contacto en prensa.

La capota bajada

Me quedo con una imagen. No la de las llamas, aunque sean lo más vistoso, ni la de la luna, aunque cierre el vídeo con elegancia. Me quedo con las tres chicas de pie en el descapotable, con los brazos arriba, mientras el coche avanza despacio entre palmeras. No van a ningún sitio en concreto. No celebran nada que el vídeo nos explique. Simplemente están ahí, al sol, con el viento en la cara.

Para alguien que ha pasado años escribiendo canciones para entender lo que le había pasado, hacer una que no necesita entender nada es casi un lujo. «Sunshine» es eso: un rato sin explicaciones. Unas sílabas, un ritmo, un coche junto al mar. Y la sensación, al terminar, de que el día ha sido largo y ha merecido la pena.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se publicó el videoclip de «Sunshine» y cuánto dura?

Salió el 27 de marzo de 2025 en el canal de Mike Sain't Louis y dura tres minutos y dieciocho segundos. En gayfolkplanet.com tiene su propia página de vídeo.

¿En qué disco está?

En «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo de los tres discos de Planeta Gayfolk, el que imagina el planeta como un lugar al que se podría ir.

¿Por qué la letra tiene tantas sílabas sueltas?

Porque está construida con muy pocas palabras en inglés (sol, luna, río, latido, susurro) rodeadas de sílabas como «mm-hmm», «oh-oh» o «la-la». Funciona más como un ritmo que como un relato.

¿Se puede descargar gratis?

Sí. En la tienda de gayfolkplanet.com se descarga sin pagar y sin crear cuenta. También está en Spotify y en las demás plataformas de streaming.

¿Tiene que ver con la historia personal de Mike?

No de forma directa: es una de sus canciones más luminosas. Pero nace del mismo proceso de salir adelante del que hablan otras. Si alguien lo está pasando mal, en España el 024 atiende gratis y a todas horas.

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