Planeta Gayfolk

Cultura

Galería de espejos del Planeta Gayfolk: reflejos rotos, espejos que hablan y un callejón donde uno se mira de frente

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Fotograma del videoclip de «El espejo de enfrente»: Mike Sain't Louis junto a un espejo en la orilla del mar, en la portada de «Galería de espejos del Planeta Gayfolk»

Primero, el espejo de un baño cualquiera. El de encima del lavabo, con la luz blanca que no perdona y la marca de cal en la esquina. Por la mañana, antes del café, uno se asoma y el espejo contesta. A veces contesta bien. Otras veces contesta lo que no queríamos oír. En las letras de Mike Sain't Louis ese espejo ha dejado de ser un mueble y se ha convertido en un vecino con opinión propia.

Si se recorren las canciones del planeta con un bolígrafo en la mano, subrayando cada vez que aparece la palabra, salen espejos por todas partes. Espejos que se quiebran. Espejos partidos donde se cae. Espejos viejos que se rompen como se rompen los días. Espejos rotos donde las mentiras quedan a la vista. Un espejo delante del cual alguien dice «here I am». Y uno, el más famoso, que está enfrente y que hoy se porta bien y mañana fatal.

Este texto es una visita guiada por esa galería. No una teoría del reflejo, que para eso están los libros de psicoanálisis, sino un paseo de sala en sala, mirando qué hace cada espejo en cada letra y por qué el planeta Gayfolk vuelve a ellos una y otra vez. El propio manifiesto de la web lo avisa en su página de mitología: hay escenarios que se repiten «hasta ganar peso simbólico». El espejo es uno de ellos. Quizá el que más pesa.

El callejón donde uno se mira

En Madrid hay una calle que se llamaba popularmente el callejón del Gato. Allí había una ferretería con espejos cóncavos y convexos colgados en la fachada, de esos que te estiran como un fideo o te aplastan como una croqueta. Valle-Inclán los convirtió en literatura: en «Luces de bohemia», Max Estrella dice que los héroes clásicos reflejados en esos espejos dan el esperpento. La deformación como forma de contar la verdad de España.

Lo traigo aquí porque el espejo del planeta Gayfolk tiene mucho de callejón del Gato. No es el espejo de un salón de palacio, limpio y obediente. Es un espejo de feria, de bar, de baño de discoteca, que exagera. Y en esa exageración, como en el esperpento, se cuela algo que el espejo normal no enseña.

La canción que mejor lo demuestra es la que lleva el espejo en el título.

«El espejo de enfrente»: un vecino con mal carácter

«El espejo de enfrente» está en el primer disco de la trilogía, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk». Está en Spotify y empieza de noche, con una imagen casi de cuento:

La luna esconde mi pálida sombra,

Y enseguida llega el mueble:

Miro al espejo y no vivo el presente,

Esa segunda línea es de las que se quedan. El espejo, que en teoría es la cosa más presente del mundo (te enseña exactamente lo que hay ahora, ni un segundo antes ni uno después), aquí saca al que se mira fuera del presente. Uno se asoma y se va. A lo que fue, a lo que debería ser, a lo que dijeron de él. El espejo funciona como una máquina del tiempo que solo viaja hacia los reproches.

Luego viene la imagen más rara y más precisa de la letra: la cabeza como «un globo sonda». Un globo sonda es esa cosa que se suelta para medir el aire, para tantear cómo está el ambiente antes de hacer algo. Una cabeza globo sonda es una cabeza que flota, que tantea, que no termina de aterrizar. Y todo eso, dice la canción, por culpa de «este maldito espejo de enfrente».

El estribillo es una barbaridad, y por eso funciona:

¡ Ay! Qué asco me doy,

Pocas canciones se atreven a decir esto así, sin adornos y con signos de exclamación. Lo normal en el pop es el amor propio de taza de desayuno, el «quiérete mucho» con letra cursiva. Aquí el reflejo da asco, el que se mira está «harto de verme la puta cara» y, por si faltaba algo, se acusa: «Soy tan cruel, tan cruel…». La crueldad no viene de fuera. Viene del que se mira, que se trata peor de lo que trataría a cualquier desconocido en el metro.

Y aquí está el truco de escritor. En vez de dejar esa frase sola, como una confesión pesada, la canción la repite tantas veces que se convierte en estribillo de verbena. El asco se canturrea. Se baila. Y al bailarse, pierde parte de su poder. Es una técnica muy del planeta: coger lo que más duele y convertirlo en algo que se puede corear con una copa en la mano, para que deje de mandar.

El puente: los días de espejo bueno

Lo mejor de «El espejo de enfrente» está en el puente. De repente, el vecino cambia de humor:

Fotogramas del videoclip oficial de «El espejo de enfrente», de Mike Sain't Louis

hoy se está portando bien el espejo de enfrente

Y para demostrarlo, la letra suelta el detalle más gracioso de toda la canción: «Ya se me marcan las abdominales». Un día eres un globo sonda que se da asco y al siguiente te miras de perfil en el baño del gimnasio. «Hoy estoy resplandeciente», presume.

Dura poco. En la línea siguiente el espejo se porta «fatal» y el que se mira ya no siente sus «constantes vitales». Del six pack al electrocardiograma plano en dos versos.

Este vaivén es lo más verdadero que se ha escrito en el planeta sobre la autoimagen. Porque así funciona en la vida real. Nadie tiene una opinión fija de su propia cara. Hay días de espejo bueno y días de espejo malo, y casi nunca depende de la cara. Depende de cómo has dormido, de lo que te dijeron ayer, de si te ha contestado alguien o te ha dejado en visto. La canción lo resume en dos frases idénticas con un solo adverbio cambiado. Bien. Fatal. El espejo es el mismo. El que cambia es el que se asoma.

El final de la canción lo deja así, sin resolver, con las dos frases seguidas, una detrás de otra. No hay moraleja. No hay un último verso que diga «y aprendí a quererme». Solo el péndulo. Y se agradece, porque cualquier final redondo habría sido mentira.

Hay una nota en el diario de la web que ya se fijaba en esta canción desde el lado de la autoimagen y la crueldad. Aquí me interesa otra cosa: qué pasa con ese espejo cuando sale de su canción y empieza a aparecer en las demás.

Espejos partidos: el reflejo malherido

En el segundo disco, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el espejo ya no está entero. En «Ruido en mi mente» la cabeza es una casa con demasiadas puertas, y en mitad de esa casa aparece esto:

Sigo cayendo en espejos partidos

Donde mi reflejo está malherido

Fíjate en el verbo. No dice «me miro en espejos partidos». Dice «sigo cayendo». El espejo ha dejado de ser una superficie y se ha convertido en un agujero. Uno no se asoma: se cae dentro. Es la imagen de Alicia atravesando el cristal en el libro de Lewis Carroll, pero sin conejo simpático ni reina de corazones al otro lado. Al otro lado hay un reflejo herido, como un animal que ha tenido un accidente en la carretera.

Y «malherido» es una palabra preciosa y terrible. No está muerto. No está bien. Está mal herido, que es el estado intermedio en el que vive mucha gente durante años sin que nadie a su alrededor lo note. La letra no explica qué le ha pasado al reflejo. No hace falta. Un espejo partido lo cuenta todo: hubo un golpe.

Lo que me parece valiente de este verso es que no busca culpables. En otras canciones del planeta el dedo apunta hacia fuera, hacia el ex, el narcisista, el hater. Aquí el dolor está dentro del espejo, en el propio reflejo. Escribirlo así es una forma de sacarlo de la cabeza y ponerlo en un sitio donde se puede mirar. Donde, de hecho, ya no queda más remedio que mirarlo.

Los días que se rompen como espejos viejos

En el tercer disco, «El día de la liberación», hay otra canción con cabeza en el título: «El abismo en mi cabeza». Y otra vez aparecen los espejos, pero ahora como comparación del tiempo:

Mike Sain't Louis en un escenario con foco rosa y un planeta con anillos, con el verso «hoy se está portando bien el espejo de enfrente» de «El espejo de enfrente»

Los días se rompen como viejos espejos

El verso viene precedido de otro que le hace juego: «Las paredes susurran secretos huecos». La casa entera habla, y lo que dice está vacío. Y los días, en vez de pasar, se rompen.

Hay una superstición antigua que dice que romper un espejo trae siete años de mala suerte. En la letra no hace falta romperlo a propósito: los días mismos se rompen solos, uno detrás de otro, como si el calendario fuera de cristal barato. Es la descripción más exacta que conozco de esas temporadas en las que todo se hace pedazos sin que pase nada especial. No hay una tragedia. Solo días que se rompen.

Lo curioso es que la letra dice «viejos espejos». No son espejos nuevos que se caen de la pared. Son espejos viejos, de los que llevan años colgados, con el azogue gastado y manchas en las esquinas, como el de casa de la abuela. Lo que se rompe es algo que ya estaba cansado. Y eso, aunque suene triste, tiene algo de alivio: lo que estaba gastado tenía que romperse para que pudiera colgarse otra cosa en su lugar.

El espejo que se le quiebra a otro

Hasta aquí, los espejos eran del que escribe. En «Soy marica sideral» el espejo cambia de dueño, y con eso cambia todo:

no es mi pluma el problema.

Es tu espejo el que se quiebra

Este es el momento en que el planeta Gayfolk le da la vuelta a la galería. Toda la vida, al chico con pluma le han hecho creer que el defecto estaba en su reflejo. Que había que corregir la mano, la manera de andar, la risa. La canción responde con una frase de abogado: la pluma no es el problema; lo que se quiebra es el espejo del que mira. Y el verso siguiente lo remata: se quiebra «cuando el miedo te envenena».

Es una inversión muy limpia. El espejo deja de ser un juez y pasa a ser un acusado. El que se rompe no es el marica sideral, que sigue entero y brillando en su órbita; es la mirada del otro, que no aguanta lo que ve. Si el espejo de enfrente era un vecino que opinaba, aquí el espejo es del vecino, y a ese vecino se le ha caído al suelo.

Leída junto a «El espejo de enfrente», esta canción parece la respuesta que el primer disco no sabía dar todavía. En el primero, el asco es propio. En el segundo, el problema está en el cristal ajeno. Entre una y otra hay un camino largo, de esos que no se hacen en un día ni en un disco.

Espejos rotos donde se ve la mentira

Hay otro espejo roto en el primer álbum, y ese no es triste: es justiciero. En «Mentes diabólicas» aparece este pareado con rima de refrán:

Collage con un detalle de la carátula de «El espejo de enfrente» y las carátulas de «Ruido en mi mente», «Soy marica sideral», «El abismo en mi cabeza»

En espejos rotos, las mentiras se demuestran.

La idea es casi de cuento popular. El espejo mágico de la madrastra de Blancanieves nunca mentía: preguntabas quién era la más bella y te contestaba la verdad, aunque la verdad te sentara como una patada. En «Mentes diabólicas» el espejo está roto, pero sigue cumpliendo esa función. A través de las grietas, la mentira se ve. Los hipócritas, las «personas cínicas» que la letra señala, quedan retratados justo en los trozos.

Me gusta que el espejo roto, que en las demás canciones era señal de daño, aquí sea una herramienta. Lo roto también sirve. A veces sirve más que lo entero, porque un espejo intacto devuelve una imagen pulida y un espejo hecho pedazos devuelve las costuras.

Romper espejos en Benidorm

Y luego está la escena más bestia de la galería, que no tiene nada de metáfora delicada. En «La primera drag de Benidorm» hay una tirada de versos que parece un grito desde el camerino:

¡Aquí rompo espejos, aquí trago mierda,

Romper espejos, en la tradición de las supersticiones, es lo peor que se puede hacer. Aquí la drag los rompe y lo dice con orgullo, entre «aquí vendo heridas» y «aquí sigo jodida». El espejo del camerino, el de las bombillas alrededor, el que ha visto cada capa de maquillaje y cada lágrima corrida, acaba en el suelo.

No es una escena bonita. No pretende serlo. Pero tiene una fuerza que las canciones de autoayuda nunca consiguen: la de alguien que ya no le pide permiso al espejo. Si el espejo la juzga, lo rompe. Si la suerte se tuerce siete años, que se tuerza. Ella sigue en Benidorm.

«En el espejo digo here I am»

En «Gaslighting», del segundo disco, el espejo vuelve entero, sin grietas, y por primera vez sirve para plantarse:

En el espejo digo here I am

Después de toda la galería de espejos partidos, viejos, quebrados y rotos a propósito, aquí hay uno que funciona como un micrófono. Alguien se pone delante y dice «aquí estoy», en inglés, como en los estribillos de las divas que suenan a las tres de la mañana. La canción va de alguien que durante mucho tiempo ha hecho dudar al otro de su propia memoria, y el espejo es el primer testigo que no se deja engañar. Si el espejo te ve, estás. Si estás, nadie puede convencerte de que no.

Este es, para mí, el espejo más importante de todo el planeta. No porque sea el más poético, sino porque es el que termina la historia que empezó «El espejo de enfrente». Allí el reflejo daba asco. En «Ruido en mi mente» estaba malherido. En «Soy marica sideral», el que se quebraba era el espejo del otro. Y aquí, por fin, el reflejo y el que se mira dicen lo mismo a la vez.

Lo que hace un espejo cuando se escribe

Hay una pregunta que me hago cada vez que vuelvo a estas canciones: ¿por qué el espejo? Podría haber sido una ventana, una foto, una cámara del móvil. El planeta está lleno de móviles, de WhatsApps y de pantallas. Pero cuando las letras hablan de lo que pasa dentro de una cabeza, eligen el espejo.

Creo que la respuesta tiene que ver con algo que el manifiesto de la web dice en su página de proceso: componer como forma de «ordenar recuerdos, elaborar pérdidas, explorar contradicciones». El espejo es el objeto perfecto para eso. Es el único sitio de la casa donde uno se ve sin que nadie lo vea. Ahí se ensayan las caras, se miran las ojeras, se dice en bajito lo que no se dice delante de nadie. Un espejo es una confesión con azogue.

Escribir una canción sobre un espejo es, en el fondo, sacar esa confesión del baño y ponerla en un sitio donde otros pueden escucharla. Lo que estaba solo en el cristal pasa a una letra. Y en la letra se puede cambiar el orden, se puede exagerar como en el callejón del Gato, se puede convertir el asco en estribillo y el reflejo herido en una imagen que alguien, en otra ciudad, reconoce como suya.

Por eso la galería de espejos del planeta no es una colección de cristales tristes. Es un recorrido. Empieza en un baño con luz blanca y un «qué asco me doy». Pasa por un espejo partido donde uno se cae. Se rompe con los días viejos. Se le quiebra al otro cuando tiene miedo. Delata a los mentirosos. Acaba en el suelo de un camerino de Benidorm. Y termina con alguien plantado delante, diciendo «aquí estoy».

Las Meninas y el que mira

Hay un cuadro en el Prado que siempre me ha parecido el antepasado de todos estos espejos. En «Las Meninas», de Velázquez, al fondo de la sala hay un espejo pequeño donde se ven reflejados los reyes. Los reyes no aparecen en el cuadro: solo están en el espejo, y por tanto están donde estás tú, el que mira. Velázquez mete al espectador dentro de la pintura con un truco de cristal.

Ficha de la canción «El espejo de enfrente» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Las letras del planeta hacen algo parecido. Cuando dicen «tu espejo» en «Soy marica sideral», el espejo es del oyente. Cuando la cabeza es un globo sonda delante del espejo de enfrente, cualquiera que haya tenido una mañana mala se ve ahí. El espejo es el sitio donde la canción deja de ser de Mike y pasa a ser de quien la escucha. Lo dice también el manifiesto: «El oyente completa la historia».

La página de prensa de la web recoge los datos de la trilogía y de cada disco. Lo que no recoge ninguna nota de prensa es lo que pasa cuando alguien escucha «hoy se está portando bien el espejo de enfrente» una mañana de espejo malo y, por un momento, le cambia el humor. Eso ya no es un dato. Es un reflejo.

Una advertencia de baño

Antes de cerrar la galería, una cosa práctica. Si los días de espejo malo se juntan demasiado, si la frase «qué asco me doy» deja de ser un estribillo que se baila y se convierte en lo único que piensas al levantarte, conviene hablarlo con alguien. Con una amiga, con tu médico de familia, con un profesional. En España, el 024 atiende cualquier momento de malestar emocional a cualquier hora, y el 112 si hay peligro inmediato. El Teléfono de la Esperanza está en el 717 003 717. Si eres menor de edad, la Fundación ANAR responde en el 900 20 20 10. Y si vives fuera de España, en findahelpline.com puedes buscar la línea de tu país.

Las canciones ayudan a poner fuera lo que pesa dentro. No sustituyen a nadie que te escuche de verdad. Las dos cosas a la vez funcionan mejor.

El último espejo de la sala

Quien haya recorrido la trilogía entera habrá visto que, al final del segundo disco, en la descripción de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», hay una despedida que podría servir de rótulo para esta galería: «Nos vemos al otro lado del espejo».

El otro lado del espejo es el planeta. Un sitio que solo existe en las canciones, como el país de Alicia solo existe en el libro. Un sitio donde el espejo de enfrente, algunos días, se porta bien. Donde los reflejos malheridos se curan despacio. Donde la pluma no es el problema.

No sé si ese lado existe. Sé que las letras lo dibujan con tanta insistencia que uno acaba creyendo en él un poco. Basta con asomarse.

Preguntas frecuentes

¿En qué canciones de Mike Sain't Louis aparecen espejos?

Entre otras, en «El espejo de enfrente», «Ruido en mi mente», «Soy marica sideral», «El abismo en mi cabeza», «Mentes diabólicas», «La primera drag de Benidorm» y «Gaslighting». En cada una el espejo hace un papel distinto: juzga, se rompe, delata o sirve para plantarse.

¿De qué disco es «El espejo de enfrente»?

De «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer álbum de la trilogía GAYFOLK de Mike Sain't Louis.

¿Qué significa «hoy se está portando bien el espejo de enfrente»?

Es el puente de la canción: el mismo espejo que un día devuelve una imagen insoportable, otro día la devuelve amable. La letra trata la autoimagen como algo que cambia de humor, no como un juicio fijo.

¿Por qué se repiten tanto los espejos rotos en las letras?

Porque sirven para hablar de una cabeza que no está entera sin usar palabras técnicas. Un espejo partido enseña a la vez el reflejo y la grieta, y eso permite contar el malestar con una imagen concreta.

¿Dónde puedo leer las letras completas?

En el archivo de letras de gayfolkplanet.com, en la ficha de cada canción. Si una canción sobre la autoimagen te remueve más de la cuenta y lo estás pasando mal, en España puedes llamar al 024; si hay peligro inmediato, al 112.

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