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Faldas de volantes y un bote de Pringles: el videoclip feliz de «El día de la liberación», escena a escena

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Fotograma del videoclip de «El día de la liberación»: un hombre de espaldas en un trigal al atardecer abre una gran capa roja mientras vuelan drones

El videoclip de «El día de la liberación» empieza con un salto. Un hombre con traje azul eléctrico y camisa negra abierta se lanza al aire en un paseo marítimo al atardecer, con una pierna estirada hacia delante y la otra doblada detrás, como un bailarín que cruza el escenario. Encima, en letra rosa de neón, pone «Versión Feliz». Debajo, en amarillo, el título. Ese cartel ya avisa de lo que viene: tres minutos y medio de celebración, faldas de volantes, campos de trigo y botes de patatas.

En el diario ya hay una nota sobre lo que cuenta la letra, con Benidorm y un narcisista sin cena. Aquí quiero mirar el vídeo. Se publicó en YouTube el 30 de octubre de 2025 como versión feliz, y está en la página del videoclip de la web. Lo voy a recorrer escena a escena, con la letra al lado.

Un semáforo en rojo y una calle cualquiera

Después del salto del cartel, el vídeo nos enseña al protagonista en lo alto de unas escaleras de piedra blanca que bajan hacia un mar azul intenso. Sonríe con la mano en el bolsillo y la chaqueta abierta. Luego aparece en la orilla, con los brazos abiertos de par en par, con la arena mojada a sus pies y los edificios de la costa detrás. A los doce segundos vuelve a saltar, esta vez en la playa, con gente paseando a lo lejos.

Y de repente, a los quince segundos, un corte seco. Un semáforo en rojo, en primer plano, con hojas verdes detrás. Tres segundos más tarde, una calle normal de ciudad, con sus bloques de pisos, una sucursal de banco, coches aparcados y una moto que pasa. Es el único momento gris de todo el vídeo.

Me parece un montaje muy listo. El semáforo en rojo es la vida de antes, la de esperar a que alguien te dé permiso para cruzar. La calle cualquiera es la rutina de siempre. Y justo después, el vídeo arranca hacia la playa y los campos y ya no vuelve a la ciudad. Es como si alguien se hubiera saltado el semáforo para irse de vacaciones.

El estribillo que anuncia un resultado

Mientras tanto suena el arranque de la canción, que no se anda con rodeos. Repite el título como quien lee un titular de periódico y, en la segunda vuelta, dice quién ha perdido: el manipulador.

La canción empieza dando un resultado, como si fuera el final de un partido. No dice «algún día», dice «hoy». Y no deja empate: hay un vencedor, y no es el manipulador. El vídeo lo acompaña con el hombre del traje azul saltando en la orilla. Es el gesto del que acaba de ganar algo y no sabe qué hacer con el cuerpo, salvo moverlo.

La primera falda: granate en el trigal

A los treinta segundos aparece la imagen que define todo el clip. El protagonista está en un campo de trigo dorado al atardecer, con una camisa negra bordada y una falda enorme de color granate que vuela a su alrededor. Detrás hay unas estructuras blancas, como esculturas o aparatos de campo, y el cielo es naranja y lila. Está dando vueltas sobre sí mismo, con un brazo levantado.

Seis segundos más tarde la falda ha cambiado de color. Ahora es verde turquesa, y él gira en lo alto de una explanada mientras unas líneas de luz azul recorren el suelo como pistas de aterrizaje. A los cuarenta y ocho segundos estamos en otro sitio: una galería de columnas de un palacio antiguo, con el suelo de piedra, y la falda vuelve a ser granate, desplegada en un giro.

Las faldas de volantes son lo más reconocible del vídeo. Recuerdan a las batas de cola del flamenco y a las faldas de las sevillanas, pero en un cuerpo de hombre con barba, girando en mitad del campo. Ese gesto me parece la mejor traducción de la palabra liberación. Liberarse es también ponerse lo que te dé la gana y bailar donde no te ve nadie, o donde te ve todo el mundo.

El que no sale nunca

Hay un detalle del vídeo que tardé en ver y que ahora me parece lo más importante. El manipulador de la letra no aparece ni una sola vez. No hay un actor que haga de ex, no hay una silueta en una ventana, no hay una foto rota ni un móvil con mensajes. En tres minutos y medio, el único personaje es el que se ha liberado.

Fotogramas del videoclip oficial de «El día de la liberación», de Mike Sain't Louis

La letra le habla todo el rato al otro. Le dice que ha perdido, que ya no le sangran las heridas que causó, que se cocine él solo, que busque otra fuente. Es una canción en segunda persona. Pero el vídeo no le da cuerpo a ese «tú». Le niega la cámara. Lo único que queda de él son los botes de Pringles, abandonados en la playa como pruebas de que existió.

Me parece la mejor decisión posible. Durante años, en una relación así, el otro ocupa todo el encuadre. Lo que piensa, lo que quiere, lo que le molesta, de qué humor se levanta. Tu vida gira a su alrededor. Liberarse es, entre otras cosas, sacarlo del plano. Por eso este vídeo no tiene villano visible: el día de la liberación es el primer día en el que el protagonista sale solo en su propia película.

Dos vestuarios para un mismo hombre

El protagonista lleva dos tipos de ropa en todo el clip, y cada uno va con un paisaje. En la playa y en el paseo marítimo lleva el traje azul eléctrico, con la chaqueta abierta y la camisa negra con bordados dorados en el cuello. Es ropa de ciudad, de fiesta, de salir a cenar. Con ese traje salta, abre los brazos y sonríe a cámara.

En el campo y en el palacio, en cambio, lleva las faldas. Primero granate, luego turquesa, luego roja, luego azul, luego otra vez granate, siempre con camisas negras o túnicas bordadas encima. Con las faldas no sonríe tanto a cámara: gira, se concentra, baila hacia dentro. Son dos maneras de celebrar. La del traje es la alegría que se enseña a los demás. La de la falda es la alegría que uno se da a sí mismo cuando nadie mira.

Me gusta pensar que la versión feliz necesita las dos. Salir a la playa a gritar que eres libre y, después, irte a un campo de lavanda a dar vueltas con una falda de cola sin tener que explicarle nada a nadie.

Los colores de las faldas

Si se apunta el orden de las faldas, sale una pequeña paleta. El granate del primer giro en el trigal es un color oscuro, casi de vino, de duelo elegante. El turquesa que llega después es el color del agua de la playa del principio. El rojo intenso aparece en la galería de columnas y en la escalera del palacio, cuando la cosa se pone teatral. El azul cobalto sale en los campos con naves, flotando en el aire. Y al final vuelve el granate, como si el vídeo cerrara la frase donde la empezó.

No voy a decir que cada color tenga un significado secreto, porque no lo sé y no me lo voy a inventar. Lo que sí veo es que el vídeo nunca repite el mismo color dos veces seguidas. Cada vez que la falda gira, cambia. Esa es, para mí, la idea visual del clip: la libertad como algo que no se queda quieto, que va probando colores y sitios hasta encontrar el suyo.

Ya no sale sangre

Mientras la falda gira, suena la segunda parte del estribillo, la que más me importa de toda la letra:

Mike Sain't Louis en un escenario con foco rosa y un planeta con anillos, con el verso «El día en el que ya no sale sangre» de «El día de la liberación»

El día en el que ya no sale sangre De todas las heridas que ayer causaste

La palabra «sangre» va sola en su línea, separada del resto, y no es por casualidad. Es la palabra que pesa. Las heridas existen, la letra no las niega, pero ya no sangran. La cicatriz sigue ahí, aunque ha dejado de doler cada vez que te mueves. Y el vídeo, mientras tanto, enseña a un hombre que no para de moverse. Gira, salta, abre los brazos. Lo que antes dolía, ahora baila.

Detrás de esta canción hay una parte de mi historia que he contado otras veces. Pasé muchos años de mi vida en relaciones con personas narcisistas que me hicieron mucho daño, y cuando se descubrió lo que eran, todavía consiguieron poner a parte de mi gente en mi contra. Las canciones fueron mi manera de contar mi versión, de sacar fuera lo que no podía decir de otra forma. Hoy sigo en tratamiento, y canciones como esta son de las que me recuerdan que hay un después. Si tú estás ahora en el momento de la sangre y no en el del baile, pide ayuda: en España, el 024 atiende gratis y a cualquier hora.

Gritemos con fuerza

Llega entonces el grito colectivo de la canción:

Gritemos con fuerza ¡somos libres!

Me gusta que diga «gritemos» y no «grito». La liberación de la canción empieza siendo de uno, pero el verbo la convierte en algo de todos. El vídeo, en ese tramo, se llena de cielo: el hombre del traje azul abre los brazos a cámara en la orilla, con el agua turquesa detrás, y luego vuelve a aparecer en el paseo, bajo unas palmeras, con las luces de los coches dibujando estelas rojas y blancas en la carretera. Es Benidorm, o lo que parece una costa como la de Benidorm, con sus torres al fondo.

El bote de Pringles en la arena

A los cuarenta y dos segundos hay un plano que me hace reír cada vez. Un bote de Pringles verde, de los de jalapeño, clavado de pie en la arena de una playa con una sombrilla de paja al fondo y una hoja de palmera en una esquina. Está colocado como un trofeo o como un anuncio de verano. Es la respuesta en imagen al verso más cruel y más gracioso de la letra:

Que te cocine ahora tu madre o nútrete con un bote de pringles

Lo bonito es que el vídeo no enseña al otro con su bote de patatas en la cocina. Enseña el bote solo, en la playa del vencedor. Las patatas del manipulador están en las vacaciones del que se ha liberado, y quedan ridículas, como un objeto perdido. Más adelante, a los ciento dos segundos, aparece otro bote, rojo, blanco y azul, de edición limitada, con el bigote y unas gafas de sol azules en el logotipo, metido en la espuma de las olas. Y a los ciento setenta y siete, un bote verde junto a un castillo de arena con su pala y su rastrillo de juguete. A los ciento ochenta y seis, el bote de edición limitada vuelve, ahora delante de un mar azul con una costa verde detrás.

Cuatro botes de Pringles en un videoclip de tres minutos y medio. Ninguno de ellos tiene a nadie al lado. Es un chiste visual que se repite como un estribillo: el otro se ha quedado con la merienda, y el narrador con la playa.

Yo feliz en Benidorm

La estrofa sigue con la frase que da el escenario a todo el vídeo:

Collage con un detalle de la carátula de «El día de la liberación» y las carátulas de «De mito a vómito», «El narcisista», «Madrid to Benidorm»

Yo feliz en Benidorm

De todos los sitios posibles para celebrar la libertad, la canción elige Benidorm. No una isla desierta ni una ciudad elegante. Benidorm, con sus rascacielos frente al mar, sus paseos, su ambiente popular. En el planeta hay una canción entera dedicada a ese viaje, «Madrid to Benidorm», y no es casual que el destino se repita. Benidorm es el sitio donde nadie te juzga por llevar lo que lleves ni por bailar como bailes.

El vídeo pone en imagen ese «feliz» con el paseo marítimo y la playa, pero también con lugares que no están en Benidorm. Ahí entran los trigales, la lavanda y los palacios. Para mí es la manera del clip de decir que Benidorm, en la canción, es un estado de ánimo más que un punto en el mapa.

Naves en el cielo, molinos y lavanda

A partir de los sesenta segundos el vídeo empieza a llenarse de cosas raras. En los campos donde baila el protagonista aparecen burbujas transparentes, como esferas de cristal que flotan a ras de suelo, y en el cielo planean unas naves plateadas con forma de platillo, con luces azules por debajo. A los ciento ocho segundos, el hombre aparece con una túnica turquesa bordada, de pie en un campo seco, con dos de esas naves sobrevolando una granja blanca. A los ciento veinte, de espaldas en el trigal, abre una gran capa roja como unas alas mientras unos drones vuelan a su alrededor.

A los ciento cuarenta y uno, el atardecer se llena de cristales de colores gigantes, de esos que parecen minerales de una película de fantasía, y el protagonista flota en el aire con los brazos en cruz y una falda azul. Y a los ciento cuarenta y cuatro, un campo de lavanda con molinos de viento blancos al fondo y unas esferas de colores flotando sobre las hileras moradas.

Todo eso es el Planeta Gayfolk entrando en el vídeo. La liberación de la canción no lleva a una playa cualquiera: lleva al planeta. Las naves, las burbujas y los cristales son la señal de que el protagonista ya no está en la Tierra de antes. Ha llegado a otro sitio, donde se puede bailar con falda en un campo de lavanda mientras pasan platillos volantes.

La otra fuente de alimentación

La estrofa se cierra con el remate para el manipulador:

Y tú desesperado por conseguir Otra fuente narci de alimentación

Es una de las frases más afiladas de todo el disco. La palabra «fuente» convierte a la persona que estaba con el narcisista en un recurso, algo de lo que se alimenta. Y la canción le da la vuelta: ahora el que tiene hambre es él. Mientras el narrador baila, el otro busca desesperado a quien chupar la energía. Por eso los Pringles funcionan tan bien en el vídeo. Son el único alimento que le queda a quien se ha quedado sin su fuente.

En el planeta hay una canción con el título exacto que describe a ese personaje, «El narcisista», y es justo la que viene después de esta en la lista de la web. «El día de la liberación» es la número 205 de 273, entre «La vecina cotilla» y «El narcisista».

De mito a vómito

Antes del último estribillo hay un puente breve, casi un aparte cómico:

De mito a vómito ¡Y tú solito! ¡Que bonito!

Esas tres líneas son una cita de otra canción mía, «De mito a vómito», que tiene esa misma rima y la misma sorna. En el planeta las canciones se hablan unas a otras, y esta es una de las conversaciones más claras. «De mito a vómito» es la caída del ídolo; aquí aparece como un guiño, como quien recuerda una broma privada en mitad de una fiesta. El «¡Y tú solito!» es el resumen más corto de todo el disco: el que creía que tenía a todo el mundo de su parte acaba solo.

El palacio de la escalera

Los últimos cuarenta segundos se van a un palacio abandonado. A los ciento setenta y un segundos, el protagonista está en lo alto de una escalera de piedra con barandillas talladas y estatuas de ángeles a los lados, con una camisa negra bordada abierta y una falda roja de volantes enorme que cae por los escalones. Detrás, una puerta con luz blanca. A los ciento ochenta y tres, la falda se vuelve granate y él gira en un salón de columnas con focos al fondo. A los ciento ochenta y nueve, camina de espaldas por una galería con frescos medio borrados, arrastrando la falda por un suelo cubierto de polvo.

Ficha de la canción «El día de la liberación» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

Es el plano más teatral del vídeo. La escalera de palacio es el sitio de las entradas de reina, el lugar donde se baja para que te miren. Y el palacio está en ruinas, con las paredes desconchadas y el suelo sucio. No hace falta un palacio perfecto para hacer una entrada triunfal. Basta con la falda y con las ganas.

El final en el trigal y la portada rosa

A los ciento noventa y ocho segundos el protagonista vuelve al trigal del principio, con la falda granate y la camisa bordada, corriendo hacia la cámara con las estructuras blancas detrás. Es el final del recorrido: ha estado en la playa, en el palacio, en la lavanda, en las naves, y vuelve al campo dorado donde empezó a girar.

Y luego, a los doscientos cuatro segundos, la pantalla se tiñe de rosa. Aparece la portada de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», con los tres hombres con esmoquin de flores delante de un planeta rosa. Es una forma de cerrar el círculo. La canción da nombre al tercer disco de la trilogía, «El día de la liberación», y el vídeo se despide con la imagen del primero. Del descubrimiento a la liberación, el planeta entero en dos fotogramas.

Una canción para cerrar una trilogía

En el diario contamos que el tercer disco se abre con «Free Britney» y se cierra con esta canción, del grito por la libertad de otra persona a la propia liberación. Esa forma de cerrar me sigue pareciendo la correcta. Después de 99 canciones que hablan de heridas, de relaciones dañinas y de salud mental, el disco termina con un salto en la playa y una falda de volantes.

Liberarse no significa olvidar. Las heridas de la letra siguen ahí, solo que ya no sangran. Y la versión feliz del vídeo es la prueba de que se puede hablar de abuso narcisista sin quedarse en la oscuridad. En el diario hay más textos sobre salud mental en el colectivo, y todos van en la misma dirección: contar lo que pasó para poder salir de ahí.

Lo que me llevo del clip

Si tuviera que quedarme con un solo plano, elegiría el de la capa roja en el trigal, con los drones volando alrededor. Es un hombre de espaldas que abre los brazos como si fueran alas, en un campo enorme, al atardecer. No vemos su cara, pero no hace falta. Es la imagen de alguien que por fin tiene sitio.

La canción está en Spotify y en todas las plataformas. Para escribir sobre el planeta hay material en la sala de prensa. Y si un día te toca a ti tu propio día de la liberación, ya sabes: falda de volantes, playa, y que se coma él los Pringles.

Preguntas frecuentes

¿Qué se ve en el videoclip de «El día de la liberación»?

Es la versión feliz del clip. Un hombre de barba salta y abre los brazos en un paseo marítimo, baila con grandes faldas de volantes rojas, verdes, azules y granates en trigales, campos de lavanda y palacios con columnas, y entre medias aparecen botes de Pringles en la arena y en la orilla del mar. Termina con la portada rosa de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk».

¿Por qué salen botes de Pringles en el vídeo?

Porque la letra le desea al otro que se alimente de un bote de Pringles ahora que nadie le cocina. El vídeo convierte ese verso en imágenes: un bote verde en una playa con sombrilla, otro en la espuma de las olas y otro dentro de un castillo de arena.

¿A qué disco pertenece la canción?

Da nombre al tercer disco de la trilogía, «El día de la liberación», que se cierra con ella. En la lista de 273 canciones de la web es la número 205.

¿De qué trata la canción?

De salir de una relación con un manipulador y celebrarlo. El narrador se declara vencedor, dice que ya no sangran las heridas y se va feliz a Benidorm mientras el otro busca otra fuente de alimentación. Si estás pasando por algo parecido y lo estás pasando mal, en España puedes llamar al 024, gratis y a cualquier hora.

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