Relaciones tóxicas
«Gofio De Calcetín» y el arte de no querer otro novio cojín
Por Mike Sain't Louis ·

Corta, a propósito
«Gofio De Calcetín» dura lo que dura un enfado bien gestionado: poco. Tiene un par de estrofas, unos murmullos que suenan a alguien pensándose la respuesta y un estribillo que se repite tres veces seguidas, como quien dice lo mismo hasta que el otro por fin lo entiende. No hay puente, no hay grandes giros, no hay una historia con principio y final. Hay una postura.
Me gusta que algunas canciones sean así. No todo tiene que ser una epopeya sentimental de cinco minutos. A veces la mejor respuesta a alguien que te ha hecho daño es una frase corta, bien colocada, dicha con la ceja levantada. Esta canción es esa frase.
El punto de partida es un comentario que sentó mal. El narrador le ha deseado a alguien que se atragante con el gofio canario, y ese alguien se ha ofendido. La respuesta de la canción no es pedir perdón. Es un murmullo largo, un mmmmm de los que dicen mucho más que una disculpa, y luego una oferta irónica: si quieres, te leo mi diario.
El gofio como arma doméstica
El gofio tiene algo maravilloso para una canción: es comida de casa, de abuela, de desayuno, de cosas que se comparten. Que el deseo de mala suerte pase por atragantarse precisamente con eso le da un toque cómico, casi tierno. No es una maldición de tragedia griega. Es una maldición de cocina.
Ese tipo de humor me interesa mucho. Cuando una relación termina mal, la rabia suele buscar palabras enormes. Yo prefiero las pequeñas, las cotidianas, las que tienen olor a casa. Son más difíciles de rebatir porque no se pueden tomar del todo en serio, y a la vez dejan claro lo que hay.
La canción también tiene un momento de afirmación personal: no necesito secretario, soy empresario. Dicho así suena a pose, y lo es un poco. Pero detrás hay algo sencillo. El narrador ya no necesita que nadie le gestione la vida, ni la agenda, ni las emociones. Se las arregla solo, y eso incluye decidir qué se cuenta y qué no. El diario es suyo.
Luego aparece una línea más seria, casi de pasada, sobre alguien que jura hasta por la memoria de sus padres. Cualquiera que haya tratado con un mentiroso habitual conoce ese gesto. Cuanto más grande es la promesa, menos vale. La canción no se detiene ahí. Lo menciona y sigue, porque volver a eso sería volver a lo de antes, y precisamente eso es lo que no quiere.
Novio cojín, novio calcetín
El estribillo es la parte que más me divierte. Rechaza un nuevo «novio cojín» y deja al anterior a la altura de un calcetín. Dos objetos domésticos, blandos, de andar por casa. Un cojín es algo en lo que te apoyas, que está ahí, que no protesta. Un calcetín es algo que se pierde, que se da de sí, que acaba en el fondo del cajón o desparejado detrás de la lavadora.
Me pareció una forma bastante exacta de describir un tipo de relación. La pareja que parecía cómoda, mullida, siempre disponible, y que con el tiempo resultó ser poca cosa. No un monstruo, no un villano de telenovela. Algo peor en cierto modo: un objeto menor. Quedar a la altura de un calcetín es casi más humillante que quedar como un malvado.
Y el título junta las dos ideas. Gofio y calcetín, la comida y la prenda, lo que se comparte y lo que se pierde. Es un título absurdo a propósito, de esos que te hacen sonreír antes de saber de qué va la canción.
Lo que no dice
Hay canciones mías que lo cuentan todo con detalle. Esta deja casi todo fuera. No sabemos qué pasó exactamente, ni quién tenía razón, ni cuánto duró aquello. Solo sabemos que se acabó y que el narrador no tiene intención de repetir el modelo. Esa falta de explicaciones me parece una forma de cuidado propio: no todo hay que justificarlo ante el público.
La música está hecha con herramientas de inteligencia artificial y la letra es mía, con su gofio, su cojín y su calcetín. Me gusta pensar que una canción tan pequeña puede servir de recordatorio para alguien que esté a punto de volver con quien no debe.
Si quieres repasar las pocas líneas que tiene, y el estribillo que se repite como un mantra de desintoxicación, puedes leer la letra de «Gofio De Calcetín». Y si te apetece llevártela para ponerla cada vez que te entren dudas sentimentales, está para descargar gratis en la sección de descargas.