Planeta Gayfolk

Relaciones tóxicas

«KARMA» y el dolor que creías superado

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Portada de «KARMA», de Mike Sain't Louis

«Y no me acordaba cuánto dolía». Con ese verso empieza «KARMA», y lo repite tantas veces que deja de ser una frase y se convierte en un golpe rítmico. Un puñetazo al día, dice la letra. No uno enorme y definitivo, sino uno pequeño y constante, que llega puntual como el café de la mañana.

Quería escribir sobre esa clase de dolor porque creo que es la más difícil de explicar. Todo el mundo entiende una ruptura escandalosa, una traición con portazo. Cuesta más contar lo que pasa cuando algo te hace daño a diario y te acostumbras. El cuerpo aprende a encajar el golpe y la cabeza deja de registrarlo. Hasta que un día, por lo que sea, vuelves a sentirlo entero y te das cuenta de lo mucho que estabas aguantando.

Pensaba que estaba superado

Hay un verso que para mí es la clave: pensaba que eso era parte del pasado y ya estaba superado. Cualquiera que haya salido de una relación tóxica, o de una época mala, conoce esa sensación. Has hecho el trabajo, has hablado, has llorado lo que tocaba, y de repente algo pequeño te devuelve al punto de partida. No es que hayas fracasado. Es que las heridas no avisan cuando se reabren.

En temas de salud mental se habla mucho de superar, como si fuera una meta con línea de llegada y medalla. Yo no lo veo así. Superar se parece más a convivir con algo que ya no manda en tu vida, pero que de vez en cuando se asoma a la ventana para recordarte que sigue en el barrio. La canción no se avergüenza de esa recaída. La dice tal cual, sin adornos, y la repite hasta el cansancio porque así funciona la memoria del dolor: en bucle.

Karma con vocales largas

Luego llega el estribillo, y ahí la canción cambia de humor. Todo llega, y se llama karma. Pero no lo canto con solemnidad, lo estiro hasta que suena casi a burla, KAAAARMAAAA, con todas las vocales que caben. Me gusta que la palabra más espiritual de la canción sea también la más teatral. Es como si el narrador hubiera decidido que, ya que duele, por lo menos va a hacerlo con estilo.

El karma, tal como lo usamos en la calle, tiene poco de filosofía oriental y mucho de deseo de justicia. Es la esperanza de que el que te hizo daño acabe pagándolo sin que tú tengas que mover un dedo. Hay algo infantil en eso, y también algo muy humano. Nadie quiere ser el que se venga, pero a todos nos consuela pensar que el universo lleva la cuenta.

En la canción, además, el karma se mezcla con el «taaaanto» alargado del dolor. Son dos estiramientos que se responden. Uno es la queja, el otro la amenaza. Uno dice cuánto duele, el otro avisa de que todo vuelve. Entre los dos está la persona que canta, intentando decidir si llorar o reírse.

El veneno con sabor canario

Y se ríe. La parte central de la letra es directamente una pulla, dirigida a un personaje al que llamo marrano de El Médano. No es un retrato de nadie con nombre y apellido: es un personaje de canción, un destinatario de despecho. El tono es el de quien ya no tiene ganas de ser elegante. Le dice que se cuide, con ironía, y le propone mojo o gofio para sus asuntos íntimos, como quien sugiere salsas en un guachinche.

Ese momento es explícito y lo es a propósito. Habla de sexo sin protección, de un tercero que no pone impedimentos, de una sexualidad que el narrador mira desde fuera con más rabia que moralina. No me interesa juzgar a nadie desde una canción. Me interesa el gesto de quien, después de tanto puñetazo, por fin contesta. Y contesta con lo que tiene a mano: humor bruto, referencias de la tierra y una crudeza que en otras canciones guardo para el final.

El mojo y el gofio no están ahí por casualidad. Meter la despensa canaria en una frase de despecho es una forma de bajar el drama al suelo. El rencor, cuando se cocina con ingredientes de casa, se vuelve menos trágico y más de sobremesa.

Cuando duele y cuando vuelve

La música, como todo lo que hago en Gayfolk, está creada con herramientas de IA, y en este caso la estructura repetitiva era casi una decisión clínica. Quería que se sintiera el bucle. Que cuando acaba un estribillo y vuelve el «no me acordaba cuánto dolía», quien escucha piense: otra vez no. Porque de eso va.

No sé si el karma existe. Sé que a veces una canción es el único sitio donde uno puede decir lo que duele y lo que desea al otro sin consecuencias.

La letra completa de «KARMA» está disponible para quien quiera leerla despacio, y la canción se puede descargar gratis en la sección de descargas.

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