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Humor

«La chusta nunca disgusta»: una canción hecha de nombres propios

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Portada de «LA CHUSTA NUNCA DISGUSTA», de Mike Sain't Louis

Sergio, Martina, Elías, Iván. Así empieza, sin presentación. Una retahíla de nombres que podría ser la lista de clase de cualquier instituto, la agenda de un móvil viejo o los invitados de un cumpleaños que se fue de las manos. Entre bloque y bloque, siempre la misma frase, como quien levanta el vaso para brindar: la chusta nunca disgusta.

Es probablemente la canción más rara de mi catálogo. Y la defiendo con uñas y dientes.

Qué es una chusta, para quien no lo sepa

Para quien no haya crecido en según qué parques, la chusta es lo que queda al final. El último trozo, el que ya casi no da para nada y que, aun así, alguien reclama. Es una palabra de calle, de banco de plaza, de grupo de amigos sentados en círculo mientras se hace de noche. Tiene un punto cutre y un punto entrañable, como casi todo el vocabulario que aprendemos a los dieciséis.

La frase del estribillo funciona como un refrán inventado. Tiene rima interna, suena a sabiduría popular y no significa gran cosa. O significa mucho, según cómo lo mires: que hasta lo último, lo que sobra, lo que otros tirarían, tiene su gracia. Me gusta pensar que en el planeta Gayfolk eso es casi una filosofía. Nada se desprecia del todo.

La lista como forma

Lo que más me divierte de esta canción es su estructura. No hay historia. No hay un yo que sufre ni un tú que se va. Solo nombres en grupos de cuatro, con una métrica que los hace rimar de forma inesperada: Matías con Jeremías, Saúl con Raúl, Jonás con Tomás. Es casi un ejercicio escolar, un juego de patio convertido en canción.

Las listas tienen algo hipnótico. Lo saben los poetas, lo saben quienes rezan letanías y lo sabe cualquiera que haya escuchado a un locutor leer los resultados de la lotería. A partir del tercer o cuarto nombre dejas de escuchar personas concretas y empiezas a escuchar un ritmo. Los nombres se vuelven percusión. Y de repente, entre todos ellos, aparece uno que es el tuyo, o el de tu hermana, o el de aquel chico de la clase de al lado, y algo se enciende.

Ese es el truco. Una lista larga es una red. Cuantos más nombres caben, más gente se siente invitada.

Todo el mundo cabe

Si os fijáis, los nombres no son todos de la misma España. Hay nombres de toda la vida, de los que llenaban las aulas hace décadas, y hay otros que llegan de otras lenguas y otros lugares, mezclados sin jerarquía. Unos al lado de otros, en el mismo verso, con la misma importancia. No fue un mensaje calculado, pero me alegra que la canción haya salido así, porque se parece mucho a los grupos reales que se forman en los parques y en las plazas: gente de todas partes compartiendo el mismo banco.

Ninguno de esos nombres tiene apellido ni historia. Nadie hace nada malo ni nada bueno. Simplemente están. Eso me parece importante decirlo, porque no es una canción sobre personas concretas. Es una canción sobre la sensación de pertenecer a un grupo grande y ruidoso, donde da igual cómo te llames porque tu nombre va a salir en algún momento.

Una canción para corear, no para analizar

Dicho todo esto, que nadie se confunda: esta canción no pide interpretación. Pide ser coreada. Es de esas que funcionan cuando estás con gente, cuando alguien grita su nombre al oírlo y otro protesta porque el suyo no sale. Sirve para hacer el tonto. Y hacer el tonto es una necesidad básica que deberíamos reivindicar más.

Escribiendo esto me doy cuenta de que buena parte de mis canciones son muy habladas, muy de contar cosas, muy de diálogo con alguien que me ha hecho daño. Esta es lo contrario. Es una canción sin conflicto, casi sin letra, sostenida por un juego y una frase tonta. Que la música esté hecha con herramientas de inteligencia artificial encaja bien aquí: la base hace de colchón y la gracia está en las palabras, en el orden de los nombres, en elegir cuál rima con cuál. Eso sí que no lo hace ninguna máquina por mí.

Y como en cualquier canción de esta especie, el placer está en buscarse. Os reto a leerla entera y comprobar si estáis.

Aquí está la lista completa en la letra de «La chusta nunca disgusta», por si queréis comprobar si salís. Podéis descargar la canción gratis en la sección de descargas y ponerla en la próxima reunión de amigos, a ver quién protesta primero.

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