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«LA DE LA CAPILLA SIXTINA» y la séptima vida, la definitiva

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Portada de «LA DE LA CAPILLA SIXTINA», de Mike Sain't Louis

Es de mis letras más cortas. Apenas unas líneas y un estribillo que se repite como una letanía. Durante un tiempo pensé que le faltaba algo, que tenía que alargarla, meterle otra estrofa, explicar más. Luego entendí que no. Hay decisiones que se toman en pocas palabras, y esta canción es una decisión.

Nunca más

Empieza con un portazo: ya nunca más volveré a confiar en alguien que no sea mi gente. Así, sin matices. Y dentro de esa gente hay un nombre propio, mi Patry, que está ahí porque las canciones necesitan nombres, porque decir «mis amigos» en abstracto no pesa lo mismo que nombrar a alguien. Todo lo demás, dice la letra, viene siempre a aniquilarme.

Sé que es una frase exagerada. La exageración es parte del idioma de esta canción. Cuando te han hecho daño varias veces seguidas, la mente se pone en modo extremo y divide el mundo en dos: los tuyos y la amenaza. No es una filosofía de vida que recomiende para siempre, pero es un estado real por el que se pasa, y me parecía honesto escribirlo tal cual, sin suavizarlo.

No soy de usar y tirar

Hay un verso que suele provocar risas nerviosas: no soy un condón que tiras después de usarse. Es directo y un poco bruto, y por eso funciona. Resume muy bien la sensación de haber sido útil para alguien durante un rato y descartado después, sin despedida ni explicación.

Me gusta que la imagen sea tan prosaica. Podría haber dicho «no soy un objeto» o alguna frase más elegante, pero las frases elegantes se olvidan. El condón usado no se olvida. Y además tiene algo de humor de barra de bar, de amiga que te dice las cosas claras mientras pide otra ronda. Esa mezcla de dolor y desparpajo es muy de cómo hablamos muchos maricas cuando contamos lo que nos ha pasado: la herida va por dentro, pero por fuera sale con chiste.

Luego llega la idea central. He usado ya seis vidas y la séptima es la definitiva. Los gatos tienen siete, según el refrán, así que la cuenta no deja mucho margen. Es la última oportunidad.

Lo que me interesaba aquí era darle la vuelta a la sensación de agotamiento. Cuando te dicen que es tu última vida, lo normal es sentir miedo. Yo quería que sonara a lo contrario: si es la última, que sea la mejor. Que sea la de la Capilla Sixtina.

Por qué la Capilla Sixtina

Podría haber elegido cualquier otra obra maestra, pero la Capilla Sixtina tiene algo que me fascina. Es un techo. Tienes que levantar la cabeza para verla. No se contempla mirando al suelo ni de reojo, exige que alces la vista, que te detengas, que te dejes impresionar. Y eso es lo que quiero para esa séptima vida: algo que obligue a mirar hacia arriba.

También tiene su punto camp, claro. Comparar tu propia vida con uno de los techos más famosos del mundo es de una grandilocuencia que me encanta. Es el mismo gesto que hace una folclórica cuando entra en el escenario como si fuera a coronarse. No hay modestia posible. Si ya has perdido seis, la séptima tiene que tener frescos, dorados y algún ángel despistado.

Repetir el nombre tres veces en el estribillo tiene también algo de conjuro. La de la Capilla Sixtina, la de la Capilla Sixtina, la de la Capilla Sixtina. Como si diciéndolo muchas veces se volviera más cierto. Como esas frases que te repites frente al espejo antes de salir de casa en un día difícil.

Lo pequeño que protege

Al final, lo que más me importa de la canción es lo que queda dentro del círculo. Después de tanta desconfianza, hay gente que sigue ahí. Mi gente. Ese pequeño grupo que no necesita explicaciones y que te sostiene cuando el resto del mundo te parece hostil.

Creo que muchas personas LGTBI entienden esto muy bien: la familia elegida no es una frase bonita, es infraestructura. Es lo que te permite atravesar las seis primeras vidas sin quedarte por el camino.

Ojalá esa séptima sea larga. Ojalá tenga techo alto.

La letra de «LA DE LA CAPILLA SIXTINA» está en la web, y la canción, como todas, se puede descargar gratis en la sección de descargas.

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