Planeta Gayfolk

Relaciones tóxicas

«La ley de la exageración»: cuando te llaman exagerado por contar el daño

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Portada de «La ley de la exageracion», de Mike Sain't Louis

Exagerado es una de esas palabras que se lanzan para que te calles. Yo preferí quedarme con ella, ponerle mayúsculas y convertirla en título. «La ley de la exageración» nace de ahí: de coger el insulto que te lanzan para que te calles y devolverlo en forma de estribillo que se puede cantar a gritos.

Porque eso es lo que pasa cuando sales de una relación con alguien que funciona en clave narcisista. Cuentas lo que viviste y alguien, a veces la misma persona que te hizo daño, te responde que no es para tanto. Que lo estás sacando de quicio. Que eres muy dramático. Y tú empiezas a dudar de tu propia memoria, que es justo lo que se buscaba.

La aritmética más básica del mundo

La canción arranca con una cuenta de primaria: uno y uno son dos. Me gustaba esa idea de reducirlo todo a algo tan simple que no admita discusión. Cuando llevas tiempo dentro de una dinámica tóxica, todo se vuelve confuso, todo tiene matices, todo tiene una explicación que te deja a ti como el problema. Así que la canción hace lo contrario. Suma. Dos personas, dos ladrones, dos narcisistas. Ni más ni menos.

Lo de los ladrones no es una metáfora gratuita. La letra habla de veinte años robados «del tirón», y esa expresión me sigue pareciendo la más exacta para describir lo que se siente al mirar atrás. No es que te quiten algo poco a poco y lo notes. Es que un día levantas la cabeza y el tiempo ya no está.

Víctima salvador y versión low cost

Hay un verso que me hace gracia cada vez que lo escucho, y creo que es porque el humor ahí funciona como escudo. La canción describe a dos figuras: una que se presenta como víctima y salvador a la vez, y otra que es la versión low cost de lo mismo. Ambas, dice la letra, narcis de profesión.

Me parece importante reírse de esto. No para quitarle gravedad, sino para quitarle poder. El narcisismo se alimenta de la solemnidad, de que todo gire alrededor de su drama. Cuando lo conviertes en un personaje de sainete, con su versión premium y su versión de mercadillo, pierde parte del hechizo.

El papel de víctima es, de hecho, el centro de la canción. Esa persona que va de víctima cuando en verdad es la que hace daño. Lo canto con rabia, sí, y con un insulto bien gordo que no voy a repetir aquí porque ya lo dice el estribillo con más gracia de la que tendría yo escribiéndolo en prosa.

Exagerar como forma de supervivencia

Hay algo muy camp en reivindicar la exageración. El camp siempre ha sido eso: tomarse en serio lo que otros consideran demasiado. Demasiado brillo, demasiada emoción, demasiado volumen. A las personas LGTBI nos han dicho toda la vida que exagerábamos. Con la pluma, con la ropa, con la manera de llorar en las bodas. Y muchas veces esa exageración era la única forma de que se nos viera.

Así que cuando digo que soy la ley de la exageración, no me estoy disculpando. Estoy diciendo que mi forma de contar el daño es la mía, y que no necesito rebajarla para que resulte cómoda a nadie. Si te parece demasiado, quizá es que lo que pasó también fue demasiado.

La canción es corta y se repite mucho. Tres vueltas a la misma estructura, casi sin variaciones. Eso también es deliberado. Cuando sales de una relación así, la cabeza da vueltas sobre lo mismo una y otra vez, como un disco rayado. Pensé que la forma de la canción tenía que parecerse a eso. Que no hubiera un puente redentor ni una estrofa de perdón al final. Solo la misma verdad, repetida hasta que se queda grabada.

Y luego está el cierre, que es una despedida casi litúrgica. Que Dios os tenga en su gloria y adiós. Me encanta ese tono de esquela, de dar por muerto algo que sigue vivo pero que ya no te pertenece. Es una forma muy española de cerrar una puerta: con un responso y un portazo a la vez.

Para quien necesite cantarla

No sé si esta canción va a sanar a nadie. No es su función. Su función es más modesta: darte un estribillo para esos días en que alguien te dice que estás exagerando y tú sabes que no. Para cantarla en la ducha, con una música hecha con herramientas de IA y una letra muy mía,, en el coche o con los cascos puestos mientras vuelves a casa con la sensación de que por fin te has puesto de tu parte.

Puedes leer la letra completa de «La ley de la exageración» y, si te apetece llevártela puesta, la descargas gratis en la sección de descargas, junto al resto de canciones del Planeta Gayfolk.

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