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Memoria

«LA PLAYA DEL MAL PAS»: el lugar que sigue igual cuando tú ya no

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Portada de «LA PLAYA DEL MAL PAS», de Mike Sain't Louis

Todos tenemos un lugar al que volvemos sin movernos de la silla. El mío es una playa pequeña de Benidorm, escondida entre el puerto y el casco antiguo. Se llama del Mal Pas, y le he dedicado una canción.

Cuando la presenté escribí que siempre había sido mi refugio secreto, el sitio donde crecí sin darme cuenta. Esa expresión me sigue pareciendo la más justa. Uno no decide crecer en un lugar. Simplemente un día mira atrás y descubre que una parte enorme de quién es se formó allí, entre el olor a sal y la arena caliente.

Un refugio a escala humana

Benidorm tiene fama de cosas muy concretas: rascacielos, turismo masivo, despedidas de soltero. Y es todo eso, claro. Pero dentro de cualquier ciudad grande hay rincones que no salen en las postales, o que salen poco. La Playa del Mal Pas es así. Pequeña, recogida, con una escala que permite sentirse a salvo.

Creo que los refugios tienen que ser pequeños. Un espacio enorme no protege. Un rincón sí. Cuando escribí sobre esta playa pensé mucho en esa sensación de estar en un hueco del mundo donde, por un instante, todo encaja. Mirar el horizonte, soñar con escapar, y a la vez no querer irse de ahí.

Esa contradicción es muy de adolescente, y también muy de persona LGTBI que crece en un entorno donde todavía no sabe del todo dónde va a caber. Quieres huir y quieres quedarte. Quieres que alguien te vea y quieres que nadie te encuentre.

Cuando el sitio no cambia y tú sí

Lo que da sentido a esta canción no es la nostalgia, sino el contraste. La playa es la misma. Yo no.

En aquella presentación conté que en esa misma playa descubrí lo que era el narcisismo, y más tarde lo que yo llamo el doble narcisismo. No voy a entrar en detalles aquí, porque la canción no los necesita y porque hay cosas que se cuentan mejor con música que con explicaciones. Pero sí quiero decir que hay algo muy extraño en asociar un lugar luminoso con un aprendizaje tan oscuro. Es como si la luz hubiera estado ahí para que se vieran mejor las sombras.

También escribí que a los cuarenta uno entiende que la mitad de su vida fue mentira y la otra mitad soledad. Es una frase dura, lo sé. La releo y me sigue pareciendo cierta, aunque hoy le añadiría un matiz: entenderlo ya es empezar a salir de ahí. Nadie puede cambiar lo que no ve.

Volver con la memoria

Hay lugares a los que regresamos físicamente y otros a los que regresamos por dentro. La Playa del Mal Pas es de los segundos. Cada ola, decía, me recuerda algo que ya no soy, pero también lo que he sobrevivido. Esa doble lectura es la que intenté que tuviera la música: una melancolía que no se hunde, que flota.

Me parece interesante cómo los sitios guardan versiones de nosotros. Si vuelves a una playa donde fuiste niño, a lo mejor no encuentras al niño, pero encuentras el lugar exacto donde estaba. Y eso, de alguna forma, le da permiso para existir otra vez.

Mirar desde lejos

El final de aquel texto es lo que más me importa de todo: hoy la miro desde lejos, sigue siendo la misma aunque yo ya no lo sea, y eso, quizás, también es amor.

Durante mucho tiempo pensé que el amor tenía que ser cercano, intenso, presente. Esta canción me enseñó que también hay un amor de distancia. Querer un lugar sin necesitar estar en él. Agradecerle lo que te dio sin pedirle nada más. Aceptar que tú has cambiado y que él no tiene por qué seguirte.

Supongo que eso mismo se puede aplicar a algunas personas. Pero eso ya sería otra canción.

Si queréis, podéis leer el texto de «LA PLAYA DEL MAL PAS» y descargar la canción gratis en la sección de descargas. Escuchadla con algo de mar cerca, aunque sea en una foto.

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