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«LA PRIMERA DRAG DE BENIDORM»: sangrar y seguir bailando

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Portada de «LA PRIMERA DRAG DE BENIDORM», de Mike Sain't Louis

Por el título, cualquiera esperaría una fiesta. Benidorm, drag, la primera de todas: suena a crónica de verano, a lentejuelas bajo neones y a turistas quemados por el sol aplaudiendo en primera fila. Y luego le das al play, o lees la letra, y te encuentras con alguien que se arrastra con tacones rotos escupiendo sueños en cada semáforo. Esa distancia entre lo que promete el nombre y lo que entrega la canción es deliberada. Es, de hecho, el tema.

Lo que no sale en la postal

Benidorm es, en el imaginario español, un sitio de exceso alegre. Rascacielos frente al mar, despedidas de soltero, espectáculos de transformismo para todos los públicos. Me interesaba darle la vuelta a esa postal y mirar lo que queda cuando se apagan los focos. Una drag pionera, la que abrió camino cuando no había camino, y que la letra imagina sola, sangrando, con la falda ardiendo y el nombre deshecho.

No hablo de ninguna persona real. «La primera drag de Benidorm» es una figura, casi un mito inventado. Representa a todas las que salieron a un escenario antes de que hacerlo fuera tendencia, cuando subirse a unos tacones en público tenía un precio. La canción no le pone fecha ni biografía. Le pone heridas.

Lo que más me impresiona al releerla es la anáfora. Aquí, aquí, aquí. Cada verso empieza marcando un lugar, como si la protagonista necesitara clavar los pies en el suelo para no desaparecer. Aquí sangro, aquí vomito, aquí rompo espejos. Es la geografía mínima de alguien que no tiene otra casa que el sitio donde está ahora mismo.

Rezos de plástico

Hay una imagen que considero de las mejores que he escrito: «entre rezos de plástico y caricias prestadas». La pienso como el inventario de una vida en la noche. La devoción barata de las estampitas en el camerino, el afecto que se alquila durante un rato, las fotos que alguien censuró. También aparece el hambre de barrio, que para mí es una de las claves. La drag de la canción viene de abajo, y esa procedencia no se borra con maquillaje.

El estribillo es violento a propósito. Escupir al suelo, vender heridas, perder el pelo, tragar lo que haga falta. Quería que sonara a grito sin dignidad, sin la pose elegante que a veces se le pide al dolor para que resulte presentable. Existe una tendencia a contar las historias de nuestras pioneras solo desde el orgullo, desde la épica de las que abrieron camino. Está bien, y es justo. Pero también me parece necesario recordar el coste, lo que se dejaron por el camino, la soledad de ser la primera en algo que nadie entiende todavía.

La frase que remata el estribillo duele de verdad: aquí nadie me recuerda. Es el miedo de fondo de toda la canción. No tanto el sufrimiento como el olvido. Que todo ese esfuerzo, toda esa sangre metafórica sobre el escenario, se disuelva sin dejar rastro.

Y bailo

Y sin embargo, el final. Después de toda esa caída, la canción se apaga con unos puntos suspensivos y dos palabras: y bailo. Me desangro y bailo. No es un final feliz, ni pretende serlo. Es un final terco. Es lo que hace el drag desde siempre: convertir la herida en número, el dolor en coreografía. No porque el baile cure nada, sino porque bailar es la única respuesta que la protagonista tiene a mano.

Creo que esta canción dialoga con mucha de la tradición que me importa. La copla ya hacía esto: mujeres arruinadas por amor que cantaban su desgracia con los brazos en alto, con una mezcla de tragedia y espectáculo en la que nunca se sabe dónde acaba una y empieza el otro. La drag de Benidorm es prima lejana de esas heroínas. Tiene menos mantón y más laca, pero canta desde el mismo sitio.

En una canción así, además, la producción no puede suavizar nada. El grito tiene que sonar a grito. Las herramientas con las que trabajo tienden a pulir, a dejarlo todo bonito, y aquí lo que hacía falta era justo lo contrario: que se conservara la aspereza.

Si alguna vez veis un espectáculo de transformismo en cualquier ciudad de costa, pensad en lo que no se ve. En los tacones que se rompen detrás del telón. Y aplaudid un poco más fuerte.

La letra está entera en «LA PRIMERA DRAG DE BENIDORM», con su repetición obsesiva de «aquí». La canción se descarga gratis en la sección de descargas.

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