Arte y mirada
Las lluvias de Planeta Gayfolk: una lluvia rosa, un cristal mojado y un chaparrón de pintura roja
Por Mike Sain't Louis ·

En mis videoclips llueve mucho, y casi nunca llueve agua normal. Llueve rosa, llueve pintura, llueven pétalos oscuros, llueven discos. Cuando empecé a montar vídeos no me lo propuse, pero al mirarlos todos seguidos me di cuenta de que la lluvia vuelve una y otra vez, siempre en los momentos en que alguien está a punto de romperse o acaba de recomponerse.
Esta nota junta esas lluvias. No para explicarlas todas, porque algunas ni yo sé muy bien de dónde salieron, sino para mirarlas despacio, como se mira la ventana una tarde de tormenta.
La lluvia rosa
El punto de partida es «El segundo exacto». En ese vídeo llueve de principio a fin, y la lluvia es rosa. No rosa pálido, sino un rosa fucsia, intenso, que cae en rayas verticales como si alguien hubiera rayado la película con un rotulador. Debajo de esa lluvia pasan casi todos los personajes.
La canción nació de un momento muy concreto. Llevaba un año publicando música y la respuesta, muchas veces, era desprecio. Comentarios que decían que lo que hacía no valía nada, que a quién le iban a importar mis canciones. La letra recoge esas frases tal cual, con su crueldad intacta: «Vaya tontería de canciones». Y luego, en la parte final, se queda sola con una pregunta sobre «el segundo exacto donde rompiste a llorar».
Esa pregunta es la lluvia. Me pareció que, si la canción terminaba hablando del instante del llanto, el vídeo tenía que estar empapado de principio a fin. Y la lluvia tenía que ser rosa, porque ese llanto no ocurría en cualquier sitio. Ocurría en Planeta Gayfolk.
Por qué rosa
Alguien podría preguntarse por qué la lluvia de «El segundo exacto» no es gris, que sería lo normal en una canción triste. La respuesta tiene que ver con el planeta. En Planeta Gayfolk el rosa no es un adorno, es el aire. Está en el cielo, en el mar, en las colinas y en los trajes. Si allí llueve, tiene que llover del mismo color que todo lo demás.
Pero hay algo más. Una lluvia gris habría dicho que la tristeza es ajena al planeta, que viene de fuera y lo estropea. Una lluvia rosa dice lo contrario: que la tristeza también es de aquí, que forma parte del mismo mundo que la fiesta y los besos. Durante mucho tiempo pensé que, para hacer canciones alegres, tenía que esconder lo que dolía. Con este vídeo aprendí que se puede pintar el llanto con los colores de la fiesta, y que así se mira mejor.
Además, el rosa vuelve la lluvia un poco irreal. Nadie ha visto nunca llover fucsia. Y esa irrealidad me ayuda a contar algo muy real sin que pese tanto. Es como poner una película de terror en tecnicolor: el miedo sigue, pero puedes quedarte en la butaca.
Un hombre que llora con los ojos cerrados
La primera figura que aparece bajo la lluvia rosa es un hombre de barba, con el pecho tatuado y la cabeza inclinada. Al principio tiene los ojos cerrados y la boca apretada. Luego abre la boca, como si gritara o sollozara, y el agua rosa le cae por la cara y por los hombros.
Es la imagen más dura del vídeo, y por eso la puse al principio. Quería que se entendiera desde el primer segundo de qué iba esto. No es una lluvia romántica de película, de besos bajo el paraguas. Es la lluvia que cae cuando ya no puedes más. Y el hombre no se protege. Se queda debajo, dejando que le moje.
Este personaje vuelve varias veces a lo largo del vídeo, cada vez en un sitio distinto: delante de un planeta rosa enorme, con nubes alrededor; con un tatuaje en la frente; con la lluvia cayéndole encima en rayas cada vez más gruesas. Es como un coro griego que interrumpe la historia para recordarte lo que está en juego.
Un hombre de negro bajo los rayos
Después viene una figura más contenida. Un hombre con chaqueta oscura está de pie en mitad de un paisaje de montes bajos, mirando a cámara, mientras la lluvia rosa le cae alrededor y en el cielo morado estallan rayos. No llora. Está serio, quieto, aguantando.

Si el primero es el llanto, este es el después. El que ya ha llorado y ahora solo espera a que escampe. Hay un plano en el que lo vemos de espaldas, en una calle mojada al atardecer, con farolas encendidas y una torre de iglesia al fondo. Camina despacio, sin paraguas. Me gusta mucho esa espalda. Es la de alguien que ha decidido que la tormenta no le va a hacer correr.
Dos siluetas que bailan en el jardín
En mitad del vídeo hay un respiro precioso. En un jardín verde, con árboles a los lados y una niebla rosa al fondo, dos siluetas oscuras se mueven bajo la lluvia. Al principio parecen alejarse una de otra. Luego se acercan, se cogen y bailan, girando, como si la lluvia fuera música.
Es mi plano favorito de toda la canción. Después de tanto llanto, alguien baila bajo la misma lluvia. No ha dejado de llover; ha cambiado la forma de estar debajo. Lo que antes mojaba ahora acompaña. Me parece una imagen muy exacta de lo que pasa cuando aparece alguien que te quiere en un momento malo: la tormenta sigue, pero ya no estás solo debajo.
Dos amigos por una carretera mojada
Hay otra pareja en el vídeo, muy distinta. Dos chicos jóvenes con plumífero oscuro caminan juntos por una carretera mojada, de noche, con las luces rojas de los coches al fondo y la lluvia rosa cayendo sobre el asfalto. Hablan, se miran, a veces sonríen. En un plano, uno lleva una sudadera verde debajo del abrigo.
Son los amigos de la canción, los que según la letra no estaban. «Nadie me apoya», dice uno de los versos, y en el vídeo puse justo lo contrario: dos personas que se acompañan bajo la lluvia. No es una contradicción, sino un deseo. Es lo que me habría gustado tener. Y al ponerlo en imágenes, de alguna forma, lo invité a venir.
Discos que llueven
Una de las cosas más raras de «El segundo exacto» es que también llueven discos. Hay planos de un remolino fucsia con un disco compacto en el centro, como si se lo tragara un desagüe. Hay una montaña de discos rosas apilados, cayendo unos sobre otros. Hay un tocadiscos bajo un rayo. Y al final, un disco que se rompe en pedazos.
Los discos son mis canciones. La letra habla de alguien que publica música y no recibe ni un comentario, y los discos que caen son ese trabajo que se acumula sin que nadie lo recoja. Pero también hay algo bonito en esa lluvia de discos. Cuando llueve tanto, algo termina por crecer. Aquel año en que nadie escuchaba fue también el año en que más canciones escribí.
Una lluvia de pétalos negros
Hacia el final, dos hombres de traje caminan de espaldas por un paisaje rosa y morado, entre colinas, mientras cae sobre ellos algo que parece una lluvia de pétalos oscuros, o de hojas, o de ceniza. Es difícil saberlo. Los dos van juntos, sin hablar, hacia el horizonte.
Esta es la lluvia más ambigua de todas. Puede ser un final de boda, con pétalos lanzados al aire. Puede ser un final de funeral, con ceniza. A mí me gusta pensar que es las dos cosas, y que por eso los dos hombres no se paran a mirar. Hay momentos en que la vida te tira encima flores y ceniza a la vez, y lo único que puedes hacer es seguir caminando al lado de alguien.
Cuando escampa
En «El segundo exacto» hay unos segundos en los que no llueve, y son de los que más me gustan. En una sala bañada de luz rosa muy clara, casi blanca, tres hombres de traje se ríen juntos, uno con pajarita, como en el final de una fiesta elegante. No hay rayas fucsia cayendo, no hay rayos. Solo risa.

Ese plano está colocado entre tormentas, y funciona como un claro entre nubes. Es el recordatorio de que la lluvia no dura siempre, aunque mientras cae lo parezca. Cuando lo monté pensé en esas tardes en que, después de un chaparrón, sale el sol de golpe y todo brilla mojado. Los tres hombres son eso: el mundo después de llover, todavía húmedo, pero ya riéndose.
Me gusta que ese claro no explique nada. No hay una frase de la letra que lo acompañe ni un cambio de historia. Simplemente ocurre, igual que ocurre en la vida, sin motivo aparente, un rato en que las cosas pesan menos.
Un corazón real
Entre tanta lluvia, la canción tiene una frase que para mí es el centro de todo. Después de repetir las críticas, la letra contesta con muy pocas palabras: «y un corazón real». No discute. No se defiende con argumentos. Solo dice que detrás de cada canción hay alguien que siente.
En el vídeo, esa frase está en los astronautas. En medio de las tormentas, aparecen dos hombres con traje espacial rosa en un campo de rosas, con un corazón gigante flotando entre ellos y planetas en el cielo. Allí no llueve. Es el único lugar seco del vídeo. Como si el corazón fuera el refugio al que se vuelve cuando fuera cae el chaparrón.
El cristal mojado
La segunda lluvia de esta nota es mucho más silenciosa. En «Entre cuatro paredes», todo es blanco y negro. Un chico con chaqueta de cuero vive encerrado en una habitación pequeña, entre la cama, el lavabo y la ventana. Y en la ventana llueve.
Hay un plano en el que apoya la mano abierta contra el cristal mojado, con las gotas resbalando y las luces de la ciudad desenfocadas detrás, como estrellas. No mira hacia fuera. Mira hacia abajo, con la cara pegada al hombro. La mano está en el cristal como quien toca una puerta que no se atreve a abrir.
La canción habla de la depresión sin adornos. Repite «No me aparece una ilusión» una y otra vez, y describe a alguien que está «Siempre apartado entre tanta gente». La lluvia del cristal es la de los días en que el mundo sigue fuera y tú no consigues salir. Las gotas caen al otro lado. Tú las miras desde dentro, sin mojarte, y eso es casi peor.
La lluvia que no moja
Lo que me interesa de esa lluvia es justamente eso: no moja a nadie. En «El segundo exacto», la lluvia cae sobre los personajes y les empapa. En «Entre cuatro paredes», el chico está seco, y la lluvia se queda en el cristal. Es una tormenta que se ve pero no se siente.
Creo que así se vive la depresión muchas veces. No es un chaparrón que te cae encima, sino un cristal entre tú y todo lo demás. Ves a la gente pasar, ves las luces de la ciudad, ves llover, y nada te toca. El vídeo termina con el chico gritando, abriendo los brazos, con la camisa abierta. Es el único momento en el que parece querer que algo, lo que sea, le moje por fin.
Un chaparrón de pintura roja
La tercera lluvia no es de agua. En «Una obra de teatro», en mitad de una plaza de toros iluminada, a dos hombres les cae de golpe un chorro de pintura roja que les salpica la cara, el pelo y la ropa. Las gotas se quedan suspendidas en el aire, congeladas, como en una fotografía de alta velocidad.

Es un chaparrón de los que pillan sin paraguas. La canción cuenta el momento de enterarse de que una relación de años era una función, y la pintura es ese golpe. Te cae encima sin avisar y te mancha entero. Lo que me gusta es que los dos hombres no se mueven. Ninguno se limpia la cara. Se quedan quietos bajo la lluvia roja, mirando al frente, como quien todavía no ha entendido que ya está mojado.
Hay otra versión del mismo chaparrón sobre fondo blanco, en estudio, con las gotas rojas cruzando la pantalla. Ahí la pintura parece aún más falsa, y eso también es parte del mensaje. Es una lluvia de atrezo, como lo era la obra.
Una lluvia de oro
No todas las lluvias de mis vídeos son tristes. En «Garrafón de China» hay un plano de un chico con camiseta de tirantes delante de un cielo negro lleno de fuegos artificiales dorados. Las chispas caen a su alrededor como una lluvia de oro, de esas palmeras que se abren en las fiestas de verano.
Es la lluvia de la noche anterior, la de la fiesta, la que nadie quiere que acabe. En una canción sobre la resaca, esa lluvia de chispas es el recuerdo de lo bien que se lo pasó uno antes de despertarse con un desconocido al lado. Me gusta tenerla en la colección porque recuerda que también llueve cuando estás feliz.
La nieve del final
Y luego está la nieve. Al final de «Spoiler», después de una invasión de platillos volantes y de un duelo de vaqueros sobre un planeta rosa, el vídeo se va a un paisaje blanco de montañas bajo una aurora de colores. Dos chicos con plumífero están de pie en la nieve, y luego aparecen debajo de una pared de hielo por la que se cuela un arcoíris.
La nieve es lluvia que se ha calmado. Cae despacio, no hace ruido, se queda. En «Spoiler» llega justo cuando el protagonista se declara inmune, cuando ya ha decidido que esa historia no le va a doler. Me parece el final lógico de todas estas lluvias: primero el chaparrón, después el cristal, después la pintura, y al final la nieve, que cubre todo y deja el paisaje en silencio.
Cómo se monta una lluvia
Cada lluvia de esta nota tiene su velocidad, y eso lo decido en el montaje. La lluvia rosa de «El segundo exacto» cae en rayas largas y rápidas, casi como arañazos en la película, y los planos duran poco, saltando de un personaje a otro. Es una lluvia nerviosa, de las que no te dejan pensar.
La del cristal de «Entre cuatro paredes» es lenta. Las gotas resbalan despacio, los planos se alargan, la cámara apenas se mueve. Es una lluvia que se mira, no que se sufre. La pintura de «Una obra de teatro» está, directamente, congelada: cada gota suspendida en el aire, sin caer, como si el tiempo se hubiera parado justo en el momento del golpe. Y la nieve de «Spoiler» flota, sube y baja, casi sin peso.
Si pusiera esas cuatro lluvias una detrás de otra, tendría algo parecido al ritmo de una tristeza que se va pasando. Primero rápida y confusa, luego lenta y pesada, luego congelada en un instante que no se olvida, y por último ligera, casi bonita. No lo planeé así, pero me gusta que mis vídeos, juntos, cuenten esa evolución.
Llover como llorar, llover como lavar
Si tuviera que resumir lo que significa la lluvia en mis vídeos, diría que es dos cosas que van juntas. Por un lado, llorar. La lluvia rosa de «El segundo exacto» y la del cristal de «Entre cuatro paredes» son lágrimas puestas fuera, a escala de paisaje, para que se vean.

Por otro lado, lavar. Después de una tormenta el aire está más limpio, las calles brillan y las cosas tienen otro color. La pintura roja de «Una obra de teatro» mancha, pero la nieve de «Spoiler» lo cubre todo de blanco. El baile de las siluetas en el jardín ocurre mientras sigue lloviendo, como si la misma agua que hacía llorar ahora sirviera para bailar.
Creo que por eso vuelvo tanto a la lluvia. Es la imagen que mejor junta las dos cosas que hacen mis canciones: contar lo que dolió y dejar que se lave.
En las letras casi no llueve
Hay una cosa curiosa que descubrí preparando esta nota. Si repaso todas mis letras, la lluvia casi no aparece. No hay tormentas en los estribillos ni paraguas en las estrofas. Lo más parecido que encuentro es un verso de «Como en la matanza de Texas» que presume de que no queda «ni un charco que limpiar», y ese charco ni siquiera es de agua.
Me hizo pensar. Por lo visto, cuando escribo, no necesito la lluvia: las palabras ya dicen lo que duele. Pero cuando monto un vídeo, la lluvia aparece sola, como si las imágenes necesitaran un tiempo atmosférico para contar lo que la letra cuenta con frases. La lluvia es lo que mis canciones no dicen y mis vídeos sí. Es el subtexto, puesto en el cielo.
La tormenta que pasó
Cuento esto porque la lluvia de mis vídeos viene de un sitio real. Viví cerca de veinte años con dos parejas narcisistas, la segunda tras la primera, y cuando lo que pasaba en casa salió a la luz, muchas personas de mi entorno se quedaron con su versión y me dejaron solo. Mis canciones nacieron, en buena parte, de esa tormenta.
Durante un tiempo llovía sin parar y no encontraba salida. Ya no estoy en ese punto. Voy a psiquiatría y a psicología, y sé ponerle nombre a lo que me pasa: estrés postraumático, depresión mayor grave, ansiedad y fobia social. Hay días de cristal mojado todavía, pero cada vez hay más días de bailar bajo la lluvia.
Si ahora mismo te sientes detrás de ese cristal y no ves la salida, por favor, habla con alguien hoy. En España, el 024 es gratuito y atiende las veinticuatro horas a quien piensa en quitarse la vida o a quien teme por otra persona. En una emergencia, el 112. Al otro lado del 717 003 717 está la Esperanza, y ANAR escucha a niños y adolescentes en el 900 20 20 10. Desde fuera de España, findahelpline.com te da el teléfono de tu zona.
Para escuchar con lluvia
«El segundo exacto» y «Entre cuatro paredes» están en «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el disco con el que empieza mi trilogía GAYFOLK. El vídeo de la lluvia rosa se puede ver en la página de vídeos, y si usas plataformas, «El segundo exacto» está en Spotify, igual que «Entre cuatro paredes».
Todas estas canciones, y el resto de lo que he publicado, se pueden bajar gratis en la tienda, sin registro ni pago. Las letras completas están en letras.
Una sugerencia: escúchalas un día de lluvia, con la ventana delante. Empieza por «Entre cuatro paredes», sigue con «El segundo exacto» y termina con el final nevado de «Spoiler». Es el recorrido de una tormenta entera, de la primera gota a la calma.
Quién hay detrás
Soy Mike Sain't Louis, «el primer cantautor IA». Letrista, compositor y productor musical: escribo cada palabra, levanto cada canción con música e interpretación vocal hechas con IA y monto mis videoclips a mano. Si quieres escribir sobre esto, en prensa hay información y fotos.
Preguntas frecuentes
¿En qué videoclips de Mike Sain't Louis llueve?
En varios. La lluvia rosa de «El segundo exacto» es la más llamativa, pero también llueve sobre el cristal de «Entre cuatro paredes», cae pintura roja como un chaparrón en «Una obra de teatro» y nieva al final de «Spoiler».
¿Por qué la lluvia es rosa?
Porque en Planeta Gayfolk hasta el mal tiempo tiene el color del planeta. Es una forma de decir que la tristeza también forma parte de este mundo, y que se puede mirar sin miedo.
¿De qué trata «El segundo exacto»?
De sentirse solo cuando nadie apoya lo que haces y de los comentarios que desprecian tus canciones. Termina con una pregunta sobre el instante preciso en que alguien rompe a llorar.
¿En qué disco están estas canciones?
«El segundo exacto» y «Entre cuatro paredes» están en «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer disco de la trilogía GAYFOLK.
¿Se pueden descargar?
Sí, todas se descargan gratis y sin registro en la tienda de gayfolkplanet.com.