Camp español
«LOS OJOS DE EDUARDO CASANOVA»: lo auténtico frente a la falsificación
Por Mike Sain't Louis ·

¿Qué culpa tengo yo? Así empieza la canción y así se queda durante buena parte de su recorrido, con ese tono de quien se defiende de una acusación que nadie ha hecho en voz alta. Es una pregunta retórica, claro. No pido perdón. Lo que hago es comparar.
Una mirada como vara de medir
El título usa el nombre de una figura muy reconocible de la cultura pop española, y quiero dejar claro desde el principio qué papel juega ahí: es una referencia estética, un icono. La canción solo dice una cosa de él, que sus ojos me parecen bonitos, especiales, con un brillo que no se consigue con lentillas de colores. Nada más. No cuenta su vida ni le atribuye nada. Es admiración pura, de fan, de quien ve una imagen y se le queda grabada.
Esa mirada funciona como patrón. Lo auténtico. Lo que brilla porque sí. Y frente a eso coloco al otro protagonista de la canción, el «tú» al que va dirigida, que es exactamente lo contrario: todo falsificación, made in donde haga falta, de usar y tirar al vertedero.
Es un recurso muy viejo, el de compararte con alguien inalcanzable para hacerle daño a quien tienes delante. Lo hacen las coplas, lo hacen los boleros, lo hace cualquiera que ha salido escaldado de una relación y necesita una vara de medir para recordarse que merecía algo mejor.
El despecho sin filtros
No voy a fingir que la letra es suave. Es una canción de despecho y tiene la boca sucia. Habla del sexo del otro con una crudeza que a algunos les escandalizará y a otros les hará soltar una carcajada en el metro. A mí me interesa precisamente esa mezcla.
Cuando el despecho es real no habla en metáforas delicadas. Habla en el idioma del grupo de amigas a las tres de la mañana, cuando ya nadie modera nada. La canción no juzga el deseo ni la forma de vivir la sexualidad de nadie; lo que reprocha es la mentira. La palabra clave está en la propia letra: no sabes lo que significa ser sincero. El problema no es con quién, es que te lo hayan escondido durante siete años contados con los dedos, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete.
Esa cuenta en voz alta me gusta mucho. Tiene algo de juego infantil y algo de reproche acumulado. Cada número pesa.
De canario lo que yo de hetero
Y luego está el estribillo, que es lo que la gente acaba cantando sin querer: «tú tienes de canario lo que tengo yo de hetero». Es decir, nada. Cero. Una mentira tan evidente como imaginarme a mí siendo heterosexual.
Me encanta cuando un insulto se vuelve tan absurdo que deja de herir y empieza a hacer gracia. La frase se repite muchísimas veces, casi de forma obsesiva, y en esa repetición pierde rabia y gana ritmo. Acabas bailándola. Ese es el truco del camp: coges el veneno y lo conviertes en coreografía. Al final del tema ya no sabes si estás despechado o de fiesta, y probablemente sean las dos cosas.
También tiene algo de reivindicación tranquila. Usarme a mí mismo como ejemplo de lo imposible, «lo que tengo yo de hetero», es una manera de decir que mi identidad es lo más sólido de la ecuación. Lo único que no está en duda. Todo lo demás puede ser mentira, pero eso no.
Un pequeño ajuste de cuentas
No escribí esta canción para quedar bien. La escribí porque necesitaba sacarme algo de encima y porque sabía que había mucha gente que reconocería la sensación de descubrir que lo que tenías era una imitación barata. Hay canciones que consuelan y canciones que desahogan. Esta pertenece al segundo grupo sin ninguna duda.
Si te escandaliza, lo entiendo. Si te ríes, mejor. Y si te pilla recién salido de algo parecido, ojalá te sirva para gritar el estribillo con las ventanas abiertas y empezar a buscar miradas que brillen sin lentillas.
La letra de «LOS OJOS DE EDUARDO CASANOVA» está completa en la web, sin censura, y puedes descargar gratis la canción en la sección de descargas.