Proceso creativo
«María María»: la calma también es un tema
Por Mike Sain't Louis ·

¿Se puede escribir una canción entera con un puñado de palabras? «María María» es mi intento de responder que sí. Cuenta las palabras de la letra y verás que caben en una servilleta: playa, sol, brisa, alegría, hoja, olas, arena, melodía, armonía. Y un nombre que se repite tres veces seguidas, como quien llama a alguien desde la orilla.
En un catálogo lleno de narcisistas, rupturas, madrugadas sin dormir y gritos de despecho, esta canción es una rareza. No hay conflicto. No hay nadie que haga daño a nadie. Solo una playa y una sensación de calma que, a estas alturas del proyecto, casi parece revolucionaria.
Una canción que rima en ía
Toda la letra está construida sobre la misma rima. María, alegría, fantasía, compañía, día, melodía, armonía. Es una rima fácil, la primera que te viene a la cabeza, y durante mucho tiempo los que escribimos canciones hemos aprendido a evitarla precisamente por eso. Se considera pobre, infantil, de canción de verano.
Pero aquí la busqué a propósito. Esa terminación tiene algo de ola que llega y se retira, una vocal abierta que se alarga y se apaga. Cuando la repites tanto, la canción entera empieza a mecerse. Me interesaba más esa sensación física que cualquier hallazgo poético. Quería que la letra sonara como el mar suena: siempre lo mismo y nunca aburrido.
Las estrofas son parejas de dos versos con imágenes sueltas, casi como pinceladas. Verde hoja, olas suaves, arena blanca. No hay verbos apenas. No pasa nada. Es una postal, y las postales no tienen trama.
Quién es María
Es la pregunta obvia, y la respuesta honesta es que la canción no lo dice. María puede ser una persona, una amiga, una madre, una abuela, un recuerdo. Puede ser la playa misma. En España llamamos María a medio país y a casi todas las vírgenes, y ese nombre tiene una resonancia que va mucho más allá de una persona concreta. Tiene algo de oración, de nana, de copla.
Creo que por eso funciona repetido. María, María, María. A la tercera vez ya no es un nombre, es un sonido que acompaña. Y el verso que sigue lo confirma: la paz que se encuentra cada día. Sea quien sea María, es lo que te devuelve al sitio tranquilo.
Me gusta dejar ese hueco. Hay canciones del proyecto donde todo está muy claro, donde sabes perfectamente a quién va dirigido el reproche. Esta no. Esta te deja poner tu propia María.
El descanso también es parte del disco
Cuando armas un proyecto tan intenso como el Planeta Gayfolk, con su trilogía, sus personajes y su mezcla de camp, copla y salud mental, existe el riesgo de que todo sea demasiado. Demasiado llanto, demasiada rabia, demasiado brillo. Hace falta un sitio donde respirar.
«María María» cumple esa función. No porque sea un relleno, sino porque la calma también es un tema. Después de cantar sobre encierros entre cuatro paredes o sobre despedidas definitivas, necesitaba una canción donde no hubiera que defenderse de nada. Donde lo único importante fuera el sol, la brisa y la arena.
Hablar de salud mental también es esto. No solo nombrar el dolor, sino imaginar cómo sería estar bien. Muchas veces, cuando lo estás pasando mal, ni siquiera eres capaz de visualizar la calma. Una canción así puede servir como recordatorio de que ese lugar existe, aunque ahora te quede lejos.
Hecha con poco
La música, como el resto del proyecto, está hecha con herramientas de inteligencia artificial. En una canción con tan poca letra, eso se nota de una manera interesante: casi todo lo que transmite depende del ambiente sonoro, de la voz, del ritmo. Las palabras son solo la excusa para que la melodía tenga dónde apoyarse.
Para mí, escribir esta letra fue un ejercicio de quitar. Quitar adjetivos, quitar historias, quitar explicaciones. Dejar solo lo que se puede ver desde una toalla en la arena con los ojos medio cerrados. Hay días en que escribir es eso, y no tiene nada de menor.
Si te apetece un rato de calma, la letra de «María María» está en la web, cortita como un suspiro. Y la canción se descarga gratis en la sección de descargas. Para escucharla con los pies en la arena o, si no hay playa cerca, con los ojos cerrados en el sofá.