Planeta Gayfolk

Camp español

«Marica Chill» o el derecho a no convertirse en un señor

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Portada de «Marica Chill», de Mike Sain't Louis

De todas las cosas que podría acabar siendo, la que más miedo me da es convertirme en un señor. No hablo de la edad. Hablo de esa figura que mira desde el balcón con los brazos cruzados, que opina de cómo vas vestido al mercadillo y que lleva tanto tiempo siendo prudente que ya no recuerda para qué. «Marica Chill» es mi pequeña vacuna contra eso.

Una mañana cualquiera, con purpurina

La canción empieza al día siguiente de una fiesta. Purpurina en la cara, café solo, sin leche y sin drama. Me hacía gracia arrancar ahí, en la resaca tranquila, y no en la noche. Las canciones de fiesta suelen quedarse en la pista. Yo quería saber qué pasa después, cuando bajas a la playa con tacones porque te da la gana y el barrio entero te ve.

Y el barrio responde, claro. Una vecina dice que ese chico es demasiado. El frutero, en cambio, te regala un mango. Me gusta esa mezcla porque es real en cualquier sitio pequeño: no hay un frente unido contra ti, hay gente que te juzga y gente que te quiere a su manera, a veces en la misma calle y en el mismo minuto. La canción no pretende ganarle la discusión a la vecina. Le manda besitos y pone reguetón. Es otra forma de responder.

El Spanglish como actitud

La letra salta del español al inglés sin pedir permiso. Hay quien lo encuentra raro y lo entiendo. Para mí tiene sentido porque así suenan muchos sitios de costa en verano, con turistas, camareros y vecinos mezclando idiomas a medio camino. Y porque el Spanglish tiene algo de juego, de no tomarse demasiado en serio la corrección.

En «Marica Chill» el idioma es también una forma de decir que no hay que entenderlo todo para disfrutarlo. Si alguien no pilla una frase, que la baile igual. Esa idea resume bastante el Planeta Gayfolk: no estoy aquí para que me descifren, estoy aquí para que bailemos.

Hay un pasaje que me hace reír cada vez: un turista pide besarte la mano y la respuesta es que solo si se marca un flamenco. Es el tipo de humor que me gusta del camp español, el que pone condiciones absurdas con muchísima dignidad. Nadie sale humillado. Todo el mundo sale bailando.

Sin pareja y sin plan

Una de las ideas que más me importan de la letra es que no hace falta pareja para sentirse bien, que bastan los perros y un eyeliner verde. Sé que suena ligero, y lo es, pero también es una postura. Muchas de mis canciones hablan de amores que hacen daño, de celos, de puertas que se cierran. Esta es la contraparte: el día en que la felicidad no depende de que nadie te conteste el mensaje.

Ser una marica chill no significa que no te importe nada. Significa decidir dónde pones la energía. No en convencer al balcón. No en demostrar. En el café, en la playa, en el mercadillo, en el baile improvisado con quien aparezca.

El derecho a ser ridículo

La frase que resume la canción para mí es esta: «I'd rather that than be un señor». Prefiero ser ridículo. Lo digo en serio. Hay una libertad enorme en aceptar que vas a parecer exagerado, que alguien va a comentar, que la vergüenza no se te da. La gente LGTBI ha pasado mucho tiempo intentando no llamar la atención para estar a salvo. Entiendo esa estrategia y la respeto. Pero también creo que en algún momento hay que permitirse el short transparente y el abanico.

La música, hecha con herramientas de IA a partir de mi letra, tenía que sonar a sol de mediodía, ligera y un poco descarada. No quería épica ni mensaje con mayúsculas. Quería que se pudiera poner mientras friegas los platos o mientras te arreglas para bajar a la playa, y que sin darte cuenta te enderezara la espalda.

Si hoy te han mirado raro por cómo vas, piensa en el mango del frutero. Siempre hay alguien que te regala algo. Y para los demás, besitos desde la acera.

La letra entera de «Marica Chill» está en la web, y la canción se descarga gratis en la sección de descargas, como todo lo que hay en este planeta.

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