Deseo
«Me fui sin correrme» y el placer que no espera a nadie
Por Mike Sain't Louis ·

Un chico promete mucho y se queda dormido. Ese es todo el argumento de partida de «Me fui sin correrme», y reconozco que me hace gracia lo poco épico que es. No hay traición, no hay drama de telenovela, no hay tercera persona. Hay un señor roncando y una chica que mira el techo y decide que ya está bien.
Una historia mínima
Me gustan las canciones que nacen de situaciones pequeñas. Una noche cualquiera, un chico cualquiera, como dice la presentación. Lo cotidiano tiene más verdad que lo grandioso, y además deja sitio al humor. Mucha gente ha vivido, o ha escuchado contar, alguna versión de esa noche en la que las expectativas se quedan a medio camino.
Lo que me interesaba no era el chico. El chico es casi un decorado. Me interesaba el momento exacto en que ella se levanta y se va. Sin rabia, sin culpa, sin pedir permiso. Esas tres negaciones son, para mí, el corazón de la canción. No sale dando un portazo ni montando una escena. Simplemente se va, como quien sale de un bar donde la música ya no le gusta.
Terminar la historia por tu cuenta
Al llegar a casa, decide terminar la historia ella sola. Y aquí es donde la canción se pone seria sin dejar de sonreír. Porque sobre la masturbación femenina sigue pesando un silencio raro. Se habla de ella menos, se bromea de ella menos, se canta de ella mucho menos que de la masculina, que lleva décadas siendo chiste de comedia adolescente.
La canción quiere romper un poco ese silencio, sin solemnidad. La frase que más me gusta de la presentación lo resume: desearse también es quererse. Y tocarse no es pecado, es poder. Me gusta esa idea de que el placer propio no es un premio de consolación, ni lo que te queda cuando el otro falla. Es algo tuyo, que no depende de nadie y que no necesita testigos.
También está ese mito que la presentación llama el placer ajeno: la costumbre de pensar que el disfrute de una mujer es algo que le da otro, como un regalo o un favor. La canción le da la vuelta. Si el otro se duerme, el disfrute sigue siendo suyo. Nadie se lo lleva puesto.
Un artista gay escribiendo esto
Alguien podría preguntarse qué hace un artista gay escribiendo sobre el placer de una chica. Yo creo que tiene bastante sentido. En la cultura LGTBI hemos aprendido a fuerza de golpes que el deseo propio se defiende, que no hay que pedir perdón por él y que la vergüenza que nos echan encima casi siempre es de otros. Esa lección no es exclusiva de nadie.
Además, Planeta Gayfolk es un sitio donde la sexualidad se trata con humor y sin moralina. Hay canciones explícitas, canciones gamberras y canciones tiernas, y todas conviven. Esta está en un punto intermedio: tiene un título provocador, de los que hacen que alguien se ría y otro se sonroje, pero lo que cuenta es bastante luminoso.
El título, por cierto, es parte del chiste y parte del mensaje. Decirlo en voz alta da un poco de apuro, y justo por eso funciona. Lo que da apuro decir suele ser lo que más falta hace nombrar.
Irse también es una forma de elegir
Me quedo con el gesto de irse. A veces pensamos en la libertad como algo grande, con banderas y discursos. Pero también es esto: levantarse de una cama donde no estás a gusto, vestirse, coger el bolso y volver a tu casa. Sin explicaciones. Sin quedarte por educación. Sin esperar a que el otro despierte para pedir permiso.
La música, como todo mi proyecto, está hecha con herramientas de IA, y la idea y las palabras son mías. Quería que sonara ligera, con ese punto pícaro de canción de verano, porque el tema ya tiene suficiente peso por sí solo y no necesitaba un arreglo dramático que lo subrayara.
Puedes leer el texto de «Me fui sin correrme» en la web y descargar la canción gratis desde la sección de descargas.