Planeta Gayfolk

Letras

Medusas rosas sobre la multitud: el videoclip de «La noche no es para mí», de la cruz de madera al festival

Por · · Actualizado

Fotograma de «La noche no es para mí»: medusas gigantes de color rosa, iluminadas por dentro, flotan de noche sobre las carpas de un festival y una línea de cabezas oscuras

Hay un hombre que vuelve una y otra vez en el videoclip de «La noche no es para mí». Tiene el pelo largo y ondulado, barba espesa, un jersey de lana gruesa color tierra y una cruz de madera apoyada en el hombro. Está en una habitación oscura, bajo un único foco que le cae desde arriba, y casi siempre mira hacia esa luz. Aparece en el primer fotograma, junto al título, y aparece en los últimos segundos antes de la cortinilla. Entre medias, el vídeo se va de bares de neón, túneles de luz, nubes de humo de colores y festivales enormes al aire libre. Pero siempre vuelve a él, a su cruz y a su foco.

El clip se publicó el 26 de noviembre de 2024 y dura cuatro minutos y cinco segundos. En la ficha del vídeo se puede ver completo. Sobre esta canción ya escribí en el diario una nota sobre la salida nocturna como ritual y un despacho sideral. En esta me quedo con lo que se ve. Anoto entre corchetes el minuto y el segundo de cada plano, y voy agrupando las escenas por sitios.

El penitente del título

[0:00] El primer plano lleva el título escrito en letra blanca de mano, inclinada, sobre la imagen del hombre de la cruz: «La noche no es para mí», y al lado, entre paréntesis y en rosa, «Radio». Encima, mi nombre en letra rosa fina. El hombre sostiene el madero cruzado delante del pecho, con una mano. Tiene los ojos bajos.

La figura tiene algo de penitente de Semana Santa, de cuadro barroco, de estampa religiosa antigua. Pero la letra no habla de religión en ningún momento. Habla de una noche de sábado, de alguien que espera a que se haga de noche y luego no sabe qué hacer con ella. La cruz, en este contexto, es otra cosa: es el peso que se lleva encima cuando se sale a buscar algo que no se encuentra.

Esperando la noche

Como el que espera su final

Caras en la calle

[0:03] Un chico con chaqueta de cuero negra, de pie en una calle de noche, delante de una pared con un neón rosa.

[0:06] Un hombre con barba, con abrigo oscuro, bajo una lámpara colgante en una sala sin muebles.

[0:09] Primer plano de un chico joven, con luz rosa y morada en la cara. Mira a cámara, serio.

[0:12] El hombre de la cruz levanta el madero y mira hacia arriba, hacia la luz. Es el gesto que va a repetir durante todo el vídeo.

[0:15] y [0:18] Otra vez el chico joven, muy cerca. Luego un hombre con gafas de sol y chaqueta de cuero, delante de un letrero de neón rosa en el que se adivina la palabra «Hot».

Este arranque presenta a los personajes como en una rueda de reconocimiento. Gente sola, cada uno en su rincón, de noche, con la luz de un letrero en la cara. Nadie habla con nadie. Ninguno parece estar pasándolo bien.

Las gafas que reflejan el neón

[0:21] El hombre de la cruz, de perfil, con el jersey de lana.

[0:24] hasta [0:33] El hombre de las gafas reflectantes, en varios planos cada vez más cerrados. En el último, solo se ven los cristales, enormes, en los que se reflejan las luces de colores del local. No se le ven los ojos. Solo la noche, reflejada.

Me gusta mucho este plano porque traduce a imagen lo que dice la letra sobre no saber ya qué está bien o qué está mal. El personaje mira, pero lo que vemos en sus gafas no es su mirada, es lo que tiene delante: luces, neón, ruido. Está tan metido en la noche que la noche le tapa los ojos.

Ya no sé qué está bien o está mal

El pasillo oscuro

[0:36] y [0:39] Un hombre con barba, en silueta, en un pasillo oscuro con luces al fondo. Camina despacio. Es el mismo de la cruz, pero sin ella.

Cuatro instantes de «La noche no es para mí»: la cruz alzada hacia el foco, el escenario morado del festival, la multitud bajo rayos rosas y la carpa iluminada casi al amanecer

[0:42] Un chico tatuado, con camiseta de tirantes, apoyado en la barra de un bar con tubos de neón turquesa detrás. Mira hacia un lado, con el brazo sobre la barra.

[0:45] El hombre de la cruz, de nuevo, levantando el madero hacia la luz.

El chico de la chaqueta de colores

[0:48] y [0:51] Un chico con una chaqueta de retales de colores, rosa, amarillo, verde y azul, en un bar lleno de siluetas. Detrás hay una bola de espejos y carteles luminosos. Se gira hacia la cámara.

[0:54] a [1:00] El mismo chico, sentado en la barra, con una lámpara enorme en forma de luna dorada detrás. Bebe de un vaso ancho de whisky. En el último plano, el vaso le tapa media cara.

Es el personaje más colorido del vídeo y también el que más claramente está bebiendo. La chaqueta de retales es muy de fiesta, de alguien que se ha vestido para salir y pasarlo bien. Pero el plano final, con el vaso delante de la cara, cuenta otra historia. La letra lo dice sin adornos:

Noto correr el alcohol

Por mi sangre efervescente

Siluetas en la niebla

[1:03] El hombre de la cruz.

[1:06] Un bosque oscuro, azul, de noche, con una figura en el centro que tiene los ojos encendidos, como un animal o una sombra con luz dentro.

[1:09] y [1:12] Una silueta de hombre, de perfil, negra, recortada contra un fondo gris claro. No tiene rasgos. Solo la forma de la cabeza y los hombros.

[1:15] Una figura oscura en medio de una niebla verde, ácida, casi química.

Estos segundos son los más inquietantes del vídeo y coincide con la parte de la letra que habla de la oscuridad que crece y de las tinieblas que se apoderan de la mente. Las imágenes se vuelven más abstractas, más de pesadilla. Desaparecen los bares y los neones, y quedan sombras, bosques y niebla.

Y las tinieblas se han apoderado de mi mente

El túnel de luz

[1:18] Dos hombres sin camiseta, tatuados, frente a frente dentro de un túnel de arcos de neón azul y rosa. Están muy cerca, a punto de besarse o de hablarse al oído. La luz los rodea como un marco.

[1:21] a [1:24] Un hombre sin camiseta, de espaldas, en la oscuridad. Luego de frente, con el pecho descubierto, la cabeza baja.

[1:27] a [1:39] Una secuencia larga de humo. El mismo hombre aparece envuelto en nubes de colores, primero blancas y moradas, luego rosas, luego de todos los colores del arcoíris. Unas veces asoma el torso y otras solo la cara entre el humo. Hay un momento en que tiene los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás.

[1:42] a [1:48] Los dos hombres del túnel de neón, otra vez, más cerca todavía.

El túnel de luz es el único momento del vídeo en el que dos personas se tocan, o casi. Es una escena de deseo, muy bonita, muy iluminada, y por eso destaca tanto en medio de un clip tan solitario. La letra habla de buscar con desesperación con quién pasar la noche. El túnel enseña ese encuentro. Pero el vídeo no se queda en él: enseguida vuelve al hombre solo, al humo, a la cruz.

Contraluces

[1:51] El hombre de la cruz, bajo el foco, mirando hacia arriba.

Cartel con el verso de quien espera la noche, sobre una escena del universo del Planeta Gayfolk

[1:54] Un chico de espaldas, en silueta, contra una luz blanca muy fuerte con humo de colores a un lado. Parece que acaba de salir de un local y se ha encontrado con el amanecer de golpe.

[1:57] Primerísimo plano de la cara del hombre de la cruz, en penumbra, con el madero a un lado.

[2:00] Un chico sin camiseta, de espaldas, en una luz morada, con un arcoíris difuso al fondo.

[2:03] El hombre de la cruz, otra vez.

Del bar al festival

[2:06] Un plano nuevo, visto desde arriba: un círculo de luces turquesa en la oscuridad, como una multitud con los móviles encendidos o como un anillo de luciérnagas.

[2:09] El hombre de la cruz.

[2:12] Una ola que rompe en una playa de noche, con el agua iluminada de turquesa, como si el mar estuviera lleno de plancton luminoso.

[2:15] y [2:18] Un festival enorme al aire libre, con un escenario lleno de luces moradas y una multitud delante. Luego, rayos láser morados que cruzan un paisaje nocturno.

A partir de aquí el vídeo cambia de escala. Hasta ahora todo pasaba en bares, pasillos, túneles, interiores pequeños. Ahora se abre a festivales gigantes, playas y cielos llenos de láseres. Es la noche en su versión más grande, más espectacular. Y el hombre de la cruz sigue apareciendo cada pocos segundos, en su habitación oscura, como un recordatorio.

Medusas sobre la multitud

[2:21] El hombre de la cruz.

[2:24] Una multitud iluminada de morado y turquesa, con luces de escenario.

[2:27] El hombre de la cruz, de perfil.

[2:30] Un festival teñido de rojo y rosa, con humo y siluetas de gente bailando.

[2:33] Y llega la imagen que encabeza esta nota: un festival nocturno sobre el que flotan medusas gigantes de color rosa, iluminadas desde dentro. Tienen la campana redonda y los tentáculos colgando, algunas muy grandes en primer plano, otras más pequeñas al fondo, sobre las carpas. Abajo, la multitud es solo una línea de cabezas oscuras. Detrás, una torre de luces y una pirámide de lona.

Es una imagen preciosa y muy extraña. Las medusas parecen globos, o lámparas, o criaturas reales que han venido a ver el concierto. Le dan al festival un aire submarino, como si toda esa gente estuviera bailando en el fondo del mar. Y conecta con la ola luminosa de unos segundos antes: el agua, la luz, lo que brilla en la oscuridad.

Rayos rosas y una banda fantasma

[2:36] y [2:39] Rayos de luz rosa, como relámpagos o como redes eléctricas, que cruzan el cielo sobre una multitud con luces verdes.

[2:42] y [2:45] Una banda en un escenario: guitarras, luces moradas y, entre los músicos, una figura verde fosforito, como un fantasma o una persona hecha de luz.

[2:48] Un busto gigante de un dios griego, con barba y pelo rizado, dorado, plantado en mitad de una avenida de ciudad al amanecer. Detrás hay edificios y árboles.

[2:51] La multitud bajo luces verdes, con humo rosa.

[2:54] El mismo busto, ahora blanco y reluciente, con un halo de luz alrededor de la cabeza.

El dios en la avenida

[2:57] a [3:03] Más multitudes con rayos rosas, y otra vez el busto, ahora dentro de una burbuja de luz azul, en una calle con coches aparcados.

Mosaico con un recorte de la portada de «La noche no es para mí» junto a las de «Él», «Dark Corners» y el primer disco

[3:06] Un hombre de traje, de espaldas, mira hacia el cielo de una ciudad gris. En el aire vuela una especie de carro o de bicicleta con una figura encima, como un personaje mitológico que cruza la ciudad.

[3:09] Una cúpula rosa de luz sobre la multitud.

Este bloque es el más surrealista del vídeo. Aparecen dioses antiguos en avenidas modernas, carros voladores, figuras de luz entre los músicos. Es como si, a esas horas de la noche, lo sagrado y lo festivo se mezclaran. El hombre de traje que mira el carro volador está igual de quieto que el de la cruz: los dos miran hacia arriba, hacia algo que no entienden del todo.

El reloj de la letra ya ha pasado de las dos de la madrugada, y la canción lo cuenta así:

Todo a mi alrededor

Se vuelve diferente

Aunque en el fondo sea igual

La cruz, de nuevo

[3:12] a [3:27] El vídeo vuelve con insistencia al hombre de la cruz. Cinco, seis planos seguidos. Siempre en la misma habitación oscura, siempre bajo el mismo foco, siempre con el madero apoyado. A veces mira hacia arriba, a veces cierra los ojos, a veces mira al frente. El jersey de lana, la barba, el pelo largo. No se mueve del sitio.

[3:30] El hombre de traje, de espaldas, mirando una figura que vuela en moto sobre la ciudad.

[3:33] Setas gigantes, rojas con lunares blancos, iluminadas en un festival rosa.

[3:36] y [3:39] El hombre de la cruz, por última vez, con la luz cayendo sobre la cara.

El amanecer en la carpa

[3:42] y [3:45] Una carpa de festival iluminada de rosa, con una torre de luces en el centro y siluetas de gente delante. Es la imagen de una fiesta que sigue cuando ya casi es de día.

[3:48] La ola luminosa de la playa, otra vez.

[3:51] Las medusas rosas sobre la multitud, ahora con rayos verdes cruzando el cielo.

[3:54] a [4:05] Cierra la cortinilla de siempre: tres chicos con chaquetas de flores y pajarita, abrazados, delante de un planeta rosa enorme, con el título «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk».

Por qué vuelve siempre la cruz

Si hubiera que resumir el vídeo en una idea, sería esta: mientras la noche crece y crece grande, más luminosa, más llena de gente, hay alguien que se queda quieto en una habitación oscura con una cruz.

La letra de «La noche no es para mí» describe un ritual que se repite: esperar a que se haga de noche, salir, beber, buscar con quién pasarla, no encontrar a nadie o encontrar a quien no toca, y volver a empezar. El protagonista ya sabe que no le sienta bien, pero lo hace igual. Ese bucle es la cruz. No es un símbolo religioso, es un peso que se carga cada sábado.

Y el montaje lo traduce con una estructura muy clara. Cada vez que el vídeo se va a un sitio nuevo, al bar, al túnel, al festival, a la playa, vuelve después al hombre de la cruz. Es como un estribillo visual. Por mucho que la noche cambie de decorado, el punto de partida y el de llegada son siempre el mismo: alguien solo con su carga.

Lo sagrado en la pista

Hay una cosa que no deja de sorprenderme en este clip: la cantidad de imágenes religiosas o mitológicas que mete en un vídeo sobre salir de fiesta. El hombre de la cruz, con su aire de estampa antigua. El busto del dios griego en mitad de una avenida, primero dorado y luego blanco, con un halo alrededor de la cabeza. El carro volador que cruza el cielo de la ciudad. Las figuras de luz verde entre los músicos de la banda, como apariciones.

Tarjeta de «La noche no es para mí» en el primer disco de la trilogía: letra, composición y producción de Mike Sain't Louis

Ninguna de esas imágenes sale en la letra. La canción no menciona dioses, ni cruces, ni milagros. Habla de relojes, de alcohol, de confusión, de buscar compañía. El vídeo es el que decide llenar la noche de símbolos sagrados, y creo que lo hace por contraste. La fiesta, a las cuatro de la mañana, tiene algo de ceremonia: hay música repetitiva, luces que bajan del cielo, multitudes que se mueven a la vez, gente que busca algo más grande que ella misma. Y también tiene algo de penitencia, de sacrificio que uno hace cada fin de semana sin saber muy bien a cambio de qué.

Esa mezcla de lo sagrado y lo frívolo, de la estampa religiosa y la discoteca, es muy camp. Es tomarse en serio algo que parece ligero y ponerle a algo muy serio un decorado de feria. Un penitente con jersey de lana al lado de unas setas gigantes con lunares. Un dios griego entre coches aparcados. Unas medusas rosas sobre una carpa. Todo junto, en cuatro minutos, sin pedir permiso.

Y funciona porque debajo hay una emoción muy reconocible. Cualquiera que haya salido alguna vez a buscar algo que no sabía nombrar, y haya vuelto a casa con la sensación de no haberlo encontrado, entiende ese hombre que levanta los ojos hacia el foco. No espera un milagro. Solo espera que esta noche sea distinta a la anterior, aunque en el fondo sepa que no lo será.

La palabra «leitmotiv»

Hay un detalle en la letra que me hace gracia cada vez que lo oigo. En mitad de una canción tan oscura, aparece entre comillas una palabra culta, de crítica musical: «leitmotiv». El protagonista se pasa el día buscando un motivo, una razón, un hilo conductor que le quite de golpe el aburrimiento y la soledad.

Busco algún "leitmotiv"

El vídeo se toma esa palabra al pie de la letra. Tiene un leitmotiv, uno muy claro: el hombre de la cruz bajo el foco. Es el motivo que se repite, que da unidad a todo lo demás. La canción lo busca y el videoclip se lo encuentra.

La versión radio

El título del vídeo lleva un apellido entre paréntesis: «Radio». Es una versión preparada para emisión, más corta y directa. Eso explica en parte el ritmo del montaje, con planos de dos o tres segundos que no se detienen nunca, y una estructura que no da respiro. Es un vídeo pensado para verse de un tirón, sin pausas, igual que una noche que se encadena con la siguiente.

Su sitio en el disco

Dentro del primer volumen de GAYFOLK, a «La noche no es para mí» la precede «Él». Comparte ambiente con otras canciones de pista que no son de celebración, como «Dark Corners», que también mira la fiesta desde el rincón de quien no se lo está pasando bien. Y comparte el código visual del planeta, donde el neón y el humo de colores casi nunca son solo decoración. Se puede escuchar en Spotify.

Cuando la noche pesa demasiado

La canción habla de alcohol, de soledad y de una oscuridad que se mete en la cabeza. Si te reconoces en ese bucle, no tienes por qué cargar la cruz solo. Hablar con alguien de confianza, con tu médico de cabecera o con un psicólogo es un buen comienzo. Y si en algún momento la noche te hace pensar en no seguir, el 024 contesta en España a cualquier hora, es gratuito y es confidencial.

Mis planos favoritos

Las medusas rosas flotando sobre el festival, con la multitud a sus pies como si estuviera en el fondo del mar.

Y el hombre de las gafas de sol en las que solo se refleja el neón del local. Es la imagen exacta de alguien al que la noche le ha tapado los ojos.

El catálogo completo de clips vive en canciones; el material para medios, en prensa. Y si esta noche tampoco es para ti, no pasa nada. Mañana también se hace de noche.

Preguntas frecuentes

¿Quién es el hombre de la cruz que sale todo el rato?

Un personaje inventado para el clip: pelo largo, barba, jersey de lana y un madero cruzado al hombro, siempre bajo un foco en una sala a oscuras. Funciona como estribillo visual: el montaje vuelve a él después de cada bar, túnel o festival.

¿Qué cuenta la canción?

Un bucle de sábado noche. El protagonista espera a que oscurezca para matar el aburrimiento, pasa de las dos de la madrugada con alcohol en la sangre, ya no distingue lo que le conviene y acaba buscando a la desesperada compañía para otra noche sin final.

¿Por qué el vídeo pone «Radio» en el título?

Porque es la versión preparada para emisión, más directa. Salió el 26 de noviembre de 2024 y se queda en cuatro minutos y cinco segundos, con planos muy cortos que no dan respiro.

¿Qué otras canciones van cerca en el disco?

La precede «Él» dentro del primer volumen de la trilogía, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk». Por ambiente se emparenta con «Dark Corners», otra mirada a la fiesta desde el rincón.

¿Cómo se acredita?

Mike Sain't Louis firma letra, composición y producción; en su ficha figura como letrista, compositor y productor musical madrileño.

Más notas

Apoyar en Ko-fi