Proceso creativo
«Mentes diabólicas»: máximas solemnes contra un estribillo grosero
Por Mike Sain't Louis ·

Imaginad un libro de citas célebres. Ese que alguien te regala por compromiso, encuadernado en piel falsa, con frases sobre la condición humana en letra cursiva. Ahora imaginad que, a mitad de la lectura, alguien entra en la habitación y grita una barbaridad. Esa es, más o menos, la arquitectura de «Mentes diabólicas».
Dos registros que no deberían convivir
Las estrofas están escritas entre comillas, como si fueran citas. El mundo como teatro, las máscaras de hierro, el hombre que es un lobo para el hombre, la hipocresía como homenaje que el vicio rinde a la virtud. Algunas de esas ideas son viejísimas, frases que circulan desde hace siglos en latín, en francés, en refraneros y en tazas de desayuno. Otras las escribí imitando ese tono grave, sentencioso, de mármol.
Y entonces llega el estribillo. «Hipócritas, personas cínicas», y a continuación una invitación muy poco filosófica a que se metan las críticas por un sitio concreto del cuerpo. Sin anestesia. Sin comillas.
Ese choque es la canción. Me interesaba juntar el registro más culto con el más callejero porque creo que así reaccionamos de verdad ante la hipocresía. Primero intentamos entenderla con calma, buscamos la frase sabia, el análisis. Y en algún momento se nos acaba la paciencia y sale el insulto. Las dos cosas son honestas. Una es la cabeza y la otra es el estómago.
Por qué la hipocresía
De todas las conductas que me sacan de quicio, la hipocresía es la que más. Puedo entender a alguien cruel que lo es a la cara. Me cuesta muchísimo más quien critica en público lo que practica en privado, quien da lecciones de moral con la boca pequeña, quien se escandaliza de lo ajeno para que nadie mire lo propio.
En el mundo LGTBI esto lo conocemos bien. Durante mucho tiempo, y todavía hoy en según qué ambientes, ha habido voces que nos señalaban con un dedo mientras con la otra mano hacían exactamente lo que condenaban. La canción no apunta a nadie en concreto, y prefiero que sea así. Cada persona que la escuche tendrá su propia galería de hipócritas para ponerles cara.
Hay una estrofa que me gusta especialmente por su imagen: bajo el sol somos iguales, en la sombra se disfrazan. Es justo eso. A plena luz todos parecemos decentes. Lo que importa es lo que pasa cuando creemos que nadie mira.
La repetición como martillo
Si leéis la letra veréis que la estructura se repite casi idéntica dos veces. Las mismas citas, el mismo estribillo, el mismo grito. No es pereza, o no solo. Hay canciones que avanzan contando algo y otras que se quedan dando vueltas sobre una idea hasta clavarla. Esta es de las segundas. Funciona como un martillo: golpe, golpe, golpe, hasta que la palabra «hipócritas» deja de ser una palabra y se convierte en un ritmo.
Al final el estribillo se queda solo, desnudo, repetido dos veces más. Ya no hacen falta las citas. Ya no hace falta argumentar. Solo queda la acusación. Me gusta ese cierre porque es como el final de una discusión en la que has dado todas las razones posibles y ya solo te queda señalar.
El placer de decir lo que no se dice
Tengo que admitir que me divertí escribiéndola. Hay una alegría muy concreta en decir en voz alta lo que normalmente te tragas por educación. Esa frase del estribillo es la que muchos hemos pensado en una cena familiar, en una reunión de trabajo, leyendo ciertos comentarios en redes. No la decimos. Pero una canción puede decirla por nosotros.
Ese es uno de los superpoderes de la música: permite descargar sin consecuencias. Cantas a gritos que se metan las críticas donde les quepan y luego sigues con tu día un poco más ligero. Las mentes diabólicas del título siguen ahí fuera, claro. Pero tú ya has soltado la presión.
Y si os parece demasiado grosera, recordad que la mitad de la canción son máximas de filósofos. Hay equilibrio. Más o menos.
En la letra de «Mentes diabólicas» podéis ver cómo conviven las citas con el exabrupto. La canción se descarga gratis desde la sección de descargas, ideal para después de una cena de esas.