Vestirse para el personaje sin disfrazarse
La ropa que llevo en el escenario no es un disfraz de fiesta ni exactamente lo que llevo por la calle. Es un tercer sitio: una versión intensificada de mi ropa cotidiana, con piezas que en el día a día resultarían excesivas pero que en el escenario aterrizan bien.
Regla que sigo: si me pusiera lo del escenario en el supermercado, la gente giraría la cabeza pero no llamaría a la policía. Ese es el punto exacto. Si es demasiado cotidiano, aburro; si es demasiado espectacular, me distrae de cantar.
Casi todo es de segunda mano, casi todo español. No por militancia: porque encuentro piezas más interesantes en un mercadillo de barrio que en cualquier tienda grande.