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Vestir al personaje sin disfrazarlo

Vestir al personajesin disfrazarloDIARIO · PLANETA GAYFOLK

La ropa que aparece en el escenario del proyecto no es disfraz de fiesta ni la ropa habitual del día a día. Es un tercer sitio: una versión intensificada de la ropa cotidiana, con piezas que en el supermercado resultarían excesivas pero que sobre las tablas aterrizan bien.

El criterio se puede resumir con una imagen. Si con esa ropa se pudiera entrar a un supermercado y provocar que la gente gire la cabeza pero nadie llame a la policía, el punto es correcto. Si nadie girase la cabeza, la ropa es demasiado neutra para el escenario. Si alguien llamara a la policía, la ropa se ha convertido en distracción.

Casi todas las piezas son de segunda mano y casi todas españolas. No por militancia ambiental ni por proyecto ideológico explícito, sino por una razón práctica: los mercadillos de barrio y las tiendas vintage tienen ropa más interesante que la mayoría de las cadenas grandes. La segunda mano introduce además una capa de historia que la ropa nueva no puede ofrecer.

La coherencia visual del proyecto se construye sin manual de estilo escrito. Hay algunos colores recurrentes, algunas siluetas favoritas, algunas piezas emblemáticas que reaparecen cada cierto tiempo como personajes secundarios. Esa repetición crea reconocimiento sin caer en uniforme rígido.

La ropa, además, cumple una función interna. Ponerse la del escenario funciona como interruptor mental que dice que ha empezado otra zona. El cuerpo entiende ese cambio y responde con una postura distinta, una respiración distinta, incluso una voz ligeramente distinta. La ropa es, en ese sentido, dispositivo escénico.

Cuando la ropa está bien pensada, desaparece de la conciencia del público. Nadie la comenta en la crítica del día siguiente. Y esa desaparición, paradójicamente, es la señal de que ha cumplido su función.

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