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«Narci De Cutre Culebrón»: mi primer intento de rap

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Portada de «Narci De Cutre Culebrón», de Mike Sain't Louis

La letra lo admite en la primera línea: hoy se me ha ocurrido intentarlo con un rap. Y en la segunda se adelanta a las críticas. Ya sé que me van a decir que no soy rapero, que no tengo flow, que esto no es lo mío. Pues precisamente por eso. «Narci De Cutre Culebrón» nace de las ganas de probar un género que no domino y de hacerlo sin pedir perdón, con la misma desvergüenza con la que se canta en un karaoke.

Cambiar de género para decir lo mismo

Mis canciones suelen moverse entre el electropop, la copla y la balada dramática. El rap no estaba en el mapa. Pero hay cosas que piden otro ritmo. Cuando quieres soltar algo de golpe, sin melodía que lo suavice, la palabra hablada sobre una base tiene una fuerza que una estrofa cantada no tiene. El rap es el género del desahogo directo, y yo necesitaba desahogarme.

La letra lo dice con una frase que me encanta por lo sencilla: necesitaba quedarme a gusto. No es una declaración artística. Es lo que dice cualquiera después de una bronca, cuando por fin le ha dicho a alguien lo que llevaba meses tragándose. La canción es eso, quedarse a gusto en tres minutos.

Hay un guiño en la segunda línea a un productor de rap muy conocido, partiendo su nombre en sílabas para hacer rima. Es humor de quien sabe que está jugando en campo ajeno y prefiere reírse primero antes de que se rían los demás. Creo que ese es uno de los mejores trucos del camp: si te adelantas a la burla, ya no te pueden pillar desprevenido.

El culebrón como lenguaje

El título junta dos ideas que me divierten mucho. Por un lado, el narci, ese diminutivo de narcisista que ya usamos todos para hablar del ex que solo se quería a sí mismo. Por otro, el culebrón cutre, la telenovela de sobremesa con giros imposibles, gemelos malvados y revelaciones en el último minuto. Cuando vives una relación con alguien que miente sobre quién es, la sensación es exactamente esa: estás dentro de una telenovela de bajo presupuesto, y además te ha tocado el papel de la ingenua.

El estribillo repite una y otra vez lo del moreno morenito morenón, con ese crescendo de diminutivo a aumentativo que es puro humor de barrio. Y la revelación llega como en las series: el moreno era una falsificación. Perfil encubierto. Se descubrió el pastel. No hace falta contar mucho más. Cualquiera que haya usado aplicaciones de ligue sabe lo que es descubrir que la persona del perfil no se parece demasiado a la que tienes delante, y que eso, a veces, es solo el principio.

Me interesa mucho el tema de la identidad falsa porque aparece en varias de mis canciones, desde distintos ángulos. Aquí lo trato en tono de comedia, con desparpajo. En otras canciones el mismo tipo de persona sale más oscura, más dañina. Me parece sano tener las dos versiones. El narcisismo hace daño, pero también puede ser ridículo, y reírse de él es una forma de quitarle poder.

Desenmascarar sin dramatismo

La letra dice que hasta el entorno del protagonista le ha calado. Y que menos mal que el narrador lo ha desenmascarado. Ese «menos mal» me gusta porque no suena a venganza, suena a alivio. Como cuando por fin entiendes algo que llevaba tiempo sin cuadrar y de repente todo encaja. No hay rencor épico, hay una especie de suspiro de quien ya ha visto la película entera y sabe cómo acaba.

La base, hecha con herramientas de IA como el resto del proyecto, me permitió probar este registro sin tener que convertirme en otra persona. Yo escribí las rimas, con sus torpezas incluidas, y no quise pulirlas demasiado. Un rap perfecto habría sido mentira. Este es el rap de alguien que no es rapero y lo sabe, y que aun así tenía algo que decir.

¿Volveré a intentarlo? Puede. Me lo pasé bien. Y si alguien me dice que no es rap de verdad, le daré la razón y le pondré la canción otra vez.

La letra completa, con todos sus diminutivos, está en «Narci De Cutre Culebrón». Y podéis descargarla gratis en la sección de descargas.

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