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Relaciones tóxicas

«No Quiero Otro Novio Cojín»: de la rutina gris al portazo

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Portada de «No Quiero Otro Novio Cojín», de Mike Sain't Louis

La primera mitad de «No Quiero Otro Novio Cojín» no parece de la misma canción que la segunda. Empieza con versos cortos, casi telegráficos: despertar sola, café amargo, trabajo insípido, gente sin rostro. Un estribillo que repite rutina como un metrónomo. Y de repente, cuando ya te has acostumbrado al gris, la canción da un portazo y suelta todo lo que tenía guardado.

Esa estructura no es casual. Es la forma que tiene la canción de contar cómo se sale de algunas relaciones.

El letargo

Hay relaciones que no explotan. Se apagan. Se convierten en un día igual a otro, en un sofá compartido donde nadie se mira. La primera parte describe eso sin nombrar a nadie: risas distantes, sueños dormidos, emociones que mutan. Todo es tan rígido que hasta el aburrimiento ofende.

Me interesa ese estado porque es muy difícil de detectar desde dentro. No hay un momento concreto en que algo vaya mal. Hay una acumulación de mañanas sin sorpresa. Y como no pasa nada grave, cuesta justificar que algo no funciona. El letargo es cómodo hasta que deja de serlo.

Qué es un novio cojín

Cuando llega la segunda parte, aparece el título y con él la imagen central. Un novio cojín es alguien que se instala en tu vida como se instala un cojín en el sofá: ocupa sitio, está blandito, decora un poco y no aporta mucho más. Y encima, en esta historia, el cojín vivía de chollo. La letra se lo dice sin anestesia: se acabó lo que se daba. Y lo remata con una comparación textil que me hace mucha gracia, la del que ha quedado a la altura de un calcetín.

Ese descenso, de cojín a calcetín, resume la canción. Primero era algo que creías que daba confort. Luego descubres que era algo que se pierde en la lavadora y nadie echa de menos.

Inventario de falsedades

La parte que más disfruto es el inventario. Punto uno, la edad: falsedad. Punto dos, el color de ojos: falsedad. Punto tres, presumir de sinceridad: qué va. Es una enumeración que empieza en lo pequeño y ridículo y termina en lo importante, la fidelidad que se escenifica pero no se practica.

Me gusta porque refleja cómo funcionan a veces las mentiras en una relación. No empiezan por lo grande. Empiezan por detalles absurdos, por cosas que no hacía falta inventar, y precisamente por eso deberían haber sido una alarma. Quien miente en lo que no importa suele estar entrenando para mentir en lo que sí.

La canción imagina también lo que vendrá: otra obra de teatrillo, otro pardillo, alguien en quien el ex se fijará primero por el coche, las propiedades o el dinero. No hay nombres, no hacen falta. Es el retrato de un patrón, el de quien elige pareja como quien elige piso, mirando primero los metros cuadrados. Y de los amigos a los que luego pone a caldo a sus espaldas.

Y desde hoy, feliz

Hay mucho enfado en la segunda mitad, no lo voy a negar. Algunos dardos son más gruesos que otros y salen de la rabia del momento, que en una canción de ruptura tiene su sitio. Pero lo que más me importa está casi al final, dicho como de pasada: «Que desde hoy ya sí soy feliz».

Esa frase lo cambia todo. La rutina gris del principio no era la vida, era la relación. En cuanto el cojín sale de casa, entra el aire. El protagonista se planta como empresario, sin necesidad de secretario, dueño de su propio diario. Recupera la voz, y con ella el humor.

Creo que muchas personas que han salido de una relación apagada reconocerán ese contraste. Durante meses piensas que el problema eres tú, que tu vida es aburrida, que has perdido la chispa. Y luego resulta que la chispa estaba ahí, esperando a que dejaras de sentarte encima de un cojín que no te sostenía.

La canción se puede leer entera en «No Quiero Otro Novio Cojín», con su inventario completo. Y está para descargar gratis en la sección de descargas, por si necesitas un portazo con ritmo.

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