Desamor
«PARIS RESTERA GRIS»: el viaje que se quedó en el armario
Por Mike Sain't Louis ·

Las maletas que nunca salen del armario también pesan. No ocupan sitio en el pasillo ni en el maletero, pero ocupan otro espacio, más difícil de vaciar. De ellas habla esta canción.
Un París que nunca existió
«PARIS RESTERA GRIS» parte del final de una relación gay de muchos años y de un viaje a París que se planeó mil veces y nunca se hizo. Lo que me interesa no es la ciudad, que todos tenemos más o menos idealizada a base de películas y postales. Es el París que construye una pareja cuando hace planes: los hoteles mirados en Google Maps, las calles que se recorren con el dedo en una pantalla, la promesa de algún día.
Cuando la relación termina, ese París imaginario no desaparece. Se queda ahí, convertido en ruinas imaginarias, como escribí en la presentación de la canción. Es un lugar donde nunca estuvimos pero que sigue oliendo a nosotros. Esa paradoja me parece muy real: a veces los sitios que más duelen son los que no llegamos a pisar.
La ciudad del amor, en gris
París carga con su etiqueta de ciudad romántica, y a mí me apetecía darle la vuelta. Aquí no es el escenario del amor, sino el de una ausencia. El gris del título no es tristeza dramática, es más bien el color de las cosas que se quedan en suspenso, sin resolverse. Una luz de día nublado, de ventana con lluvia, de fotografía que se ha ido decolorando sin que nadie la toque.
El título en francés tiene algo de frase escrita en una postal que no se envía. Me gustaba que sonara un poco solemne, un poco cursi incluso, porque los planes de pareja también lo son. Y está bien que lo sean.
Sin rencor, con peso
Muchas de mis canciones sobre rupturas son ácidas, con humor, con rabia, con dedicatorias que escuecen. Esta no. Es una canción sin odio y sin venganza. La describí como el punto exacto en el que el amor deja de doler, pero sigue pesando, y sigo sin encontrar una manera mejor de explicarla.
Hay finales que se viven a gritos y finales que se viven en silencio. Este pertenece al segundo grupo. El amor se marchita sin ruido, sin una gran traición que lo explique todo. Simplemente deja de estar. Y eso, en cierto modo, es más difícil de procesar, porque no hay villano al que señalar ni escena final que recordar. Solo calles vacías y un corazón que tiene que aprender a andar solo.
En las relaciones largas entre hombres hay además algo que me parece importante nombrar. Durante mucho tiempo apenas tuvimos modelos de cómo construir una vida de pareja a largo plazo, ni de cómo despedirnos de ella con dignidad. Las canciones de amor que sonaban en todas partes no hablaban de nosotros. Por eso me parece valioso escribir sobre una ruptura gay que no es un escándalo ni una tragedia, sino un final adulto, triste y tranquilo. Una tristeza elegante, que mira atrás sin rencor.
Una carta que no se envía
Pienso en la canción como en una carta que nunca se mandó. Un paseo por una ciudad que se quedó esperándonos. Una forma de decir adiós sin decirlo del todo. Me gusta esa idea de que hay amores que no terminan exactamente, sino que se quedan suspendidos en el tiempo, como esos planes que nadie cancela de manera formal y que simplemente dejan de mencionarse.
Quizá algún día alguien vaya a París y piense en otra persona mientras cruza un puente. O quizá no vaya nunca. Las dos cosas están bien. La canción no pide que el viaje se haga, solo que se reconozca lo que significó haberlo soñado.
Forma parte de DESCUBIERTO UN NUEVO PLANETA LLAMADO GAYFOLK, el disco que abre la trilogía, y encaja en él como una pausa gris entre tanto color.
Puedes leer la presentación completa en «PARIS RESTERA GRIS» y descargar gratis la canción en la sección de descargas.