Qué hace bueno a un single
Un buen single no necesita una gran producción ni una mezcla perfecta. Necesita una sola cosa: que en los primeros treinta segundos aparezca una idea reconocible, que la puedas tararear al día siguiente sin volver a escuchar la canción.
Esa idea puede ser una melodía, una frase, un ritmo, un giro armónico. Puede aparecer en la voz, en la guitarra, en un sintetizador o en el silencio. Da igual: lo importante es que sea una y que se quede pegada.
El resto —el sonido, los arreglos, la duración, la estructura— son decisiones al servicio de esa idea. Sin idea, no hay single: hay un fragmento de música bien hecha que nadie recordará.