Relaciones tóxicas
«¡Que No Pienso Decir Que Mis Trajes Son De Zara!» y el oficio de aparentar
Por Mike Sain't Louis ·

Mis trajes no son de una marca cara y no tengo ningún problema en decirlo. Esa es, en una línea, la tesis de «¡Que No Pienso Decir Que Mis Trajes Son De Zara!». La canción abre confesando de dónde salió la ropa y le da la vuelta a la vergüenza: el que tendría que avergonzarse no es quien compra barato, sino quien vive de presumir y mentir.
Parece una tontería de armario, pero no lo es. Detrás de esa pequeña confesión hay una manera de estar en el mundo, y también una manera de defenderse de alguien que hizo de la apariencia su oficio.
La verdad cuesta menos
Hay personas que necesitan que todo parezca más de lo que es. El coche, el trabajo, la ropa, la pareja, la familia. Todo pasa por el filtro de la imagen. Cuando convives con alguien así, poco a poco te contagia la presión de aparentar, y empiezas a esconder pequeñas cosas: de dónde viene tu ropa, cuánto ganas, qué no te puedes permitir.
La canción corta eso de raíz. Lo compré barato, ¿y qué? Decirlo en voz alta es un acto de libertad bastante más grande de lo que parece. Quien no necesita aparentar no puede ser chantajeado con la apariencia. Y quien tiene la costumbre de inflar su vida queda en evidencia al lado de alguien que no infla nada.
Me gusta que el título tenga esa exclamación, ese tono de quien ya se ha hartado de que le pregunten. Que no, que no pienso decirlo. Es casi una pataleta, pero una pataleta con fondo.
Una canción con nombres
Esta es una de mis letras más furiosas, eso salta a la vista. Es un desahogo directo contra un personaje concreto, con apodos de barrio, referencias geográficas y acusaciones gruesas. Esa rabia es parte de la canción y está en la letra para quien quiera leerla. Aquí no voy a repetir nombres ni a convertir el artículo en un juicio, porque un artículo no es el sitio y porque la canción ya dice lo que tiene que decir, en su propio idioma, que es el de la copla rabiosa y el insulto con gracia.
Lo que sí quiero contar es qué hay debajo de esa furia. La letra habla de alguien que lo vende todo con tal de aparentar, de alguien que separa el sexo de lo emocional pero no lo disimula bien, de alguien que aprendió de ti cosas que luego presume como propias. Habla, en definitiva, del narcisismo tal como se vive desde dentro de una relación: con mentiras pequeñas que se acumulan hasta formar una montaña.
Un mensaje para quien venga detrás
Hay un momento que me parece el más importante de toda la canción. En medio de los reproches aparece un aviso dirigido a la próxima víctima. Es un gesto extraño y muy humano. Cuando sales de una relación así, una de las cosas que más angustia es pensar que el patrón se va a repetir con otra persona, que alguien va a pasar por lo mismo sin saber lo que le espera.
La canción no puede impedirlo, claro. Pero deja la advertencia por escrito, como quien pega un cartel en la puerta. Si alguna vez alguien se reconoce en lo que describe, al menos sabrá que no es el primero y que no está loco.
Si estás ahora mismo en una relación en la que te sientes manipulado, controlado o maltratado, habla con alguien de confianza y busca ayuda profesional. Salir es posible, aunque desde dentro parezca que no.
Humor como armadura
Aunque la letra sea dura, no es una canción triste. Tiene ese punto de exageración y de guasa que convierte el rencor en espectáculo. Las amenazas cómicas sobre no pisar cierta ciudad de playa, la lista de cosas birladas que va del café a los bañadores, la memoria de pez del final. Todo está escrito para que, además de rabia, dé un poco de risa.
Esa mezcla es muy de la tradición que más me gusta: la copla de despecho, la folclórica que canta su desgracia con la barbilla alta. La música está hecha con herramientas de inteligencia artificial, pero el veneno, el humor y la barbilla alta los he puesto yo.
Y el estribillo resume la actitud mejor que cualquier explicación: «Porque tú y tu opinión no valéis nada». Dicho así suena cruel. Dicho después de todo lo anterior, suena a liberación.
Si quieres leerla entera, con toda su furia y su humor de mercadillo, tienes la letra de «¡Que No Pienso Decir Que Mis Trajes Son De Zara!». Y como aquí no se aparenta nada, también se descarga gratis en la sección de descargas.