Proceso creativo
«Ride the Wave»: una canción hecha para volver a respirar
Por Mike Sain't Louis ·

Después de escribir muchas canciones con los puños cerrados, llega un momento en que el cuerpo te pide otra cosa. No más reproches, no más narcisistas, no más listas de agravios. Solo aire. «Ride the Wave» nació de esa necesidad, y por eso es una de las piezas más tranquilas de todo el planeta GAYFOLK.
Cuando la presenté la describí como algo más que una canción: una manera de volver a respirar. Sigo pensando lo mismo. No es un tema para analizar con lupa. Es un tema para ponérselo y dejar que haga su trabajo.
El equilibrio de un planeta
Si escucháis mis canciones seguidas, veréis que hay mucha rabia. Hay letras sobre relaciones que me vaciaron, sobre hipocresía, sobre la cabeza cuando se pone en tu contra. Todo eso es verdad y lo canto porque lo necesito. Pero un planeta donde solo hay tormenta no es un sitio donde se pueda vivir.
«Ride the Wave» es la otra mitad. Es la playa después del temporal. Me parecía importante que existiera, porque la recuperación no es solo poner nombre a lo que te hizo daño. También es aprender a estar bien, aunque sea un rato, sin pedir permiso y sin sentir culpa por ello. Hay gente que, cuando sale de algo duro, se olvida de que también tiene derecho a la calma.
Luz y agua como idioma
La canción se mueve en el terreno del chill out. Ritmo lento, capas de sonido que van y vienen, una sensación de flotar. En la descripción que escribí hablaba de un viaje entre luz y agua, de latidos que flotan entre cielos de neón y reflejos tranquilos. Esa es exactamente la imagen que tenía en la cabeza mientras la construía.
El agua tiene algo que la hace perfecta para hablar de soltar. No puedes agarrarla. Si cierras el puño, se escapa. Si abres la mano, se queda. Me parece una lección bastante útil para quien viene de relaciones donde todo era control. En el planeta GAYFOLK, decía también, no hay miedo ni control. Solo libertad, ritmo y luz. Suena idealista, y lo es. Pero para eso están los planetas inventados: para ensayar cómo sería vivir de otra manera.
Hacerla con herramientas nuevas
La música del planeta GAYFOLK la hago con herramientas de inteligencia artificial, y lo digo con naturalidad porque es así. Yo escribo, decido qué quiero contar, busco el tono y voy probando y descartando hasta que algo suena como lo que tengo dentro. En una canción como esta, ese proceso fue casi meditativo.
Con las canciones rabiosas sé muy bien lo que busco: tiene que doler, tiene que tener mordida. Con «Ride the Wave» buscaba algo más difícil de describir. Una textura. Un estado. Recuerdo que lo que descartaba no era lo que sonaba mal, sino lo que sonaba demasiado. Demasiado brillante, demasiado intenso, demasiado ocupado. La calma es exigente. Cualquier cosa de más la rompe.
Eso me enseñó algo sobre la autoría. A veces ser autor no es añadir, sino saber quitar. Elegir el silencio adecuado también es componer. Y la decisión final, la de cuándo una pieza está terminada, sigue siendo mía. Ninguna herramienta sabe por mí cuándo algo me deja respirar.
Dónde escucharla
No tengo instrucciones de uso, pero sí alguna sugerencia. Funciona bien con los ojos cerrados. Funciona bien de noche, en ese rato antes de dormir en el que la cabeza todavía da vueltas. Funciona bien en un tren, mirando por la ventana. Y funciona especialmente bien justo después de escuchar alguna de mis canciones más duras, como quien se da una ducha caliente después de un día largo.
La frase con la que cerraba aquella presentación sigue siendo mi favorita: «Let the wave take you where you belong.» Deja que la ola te lleve adonde perteneces. No dice adónde. Eso lo decide cada uno.
En la sección de letras tenéis el texto de «Ride the Wave», y la canción se descarga gratis, como todas, en la sección de descargas. Que os siente bien.