Cultura LGTBI
«Roar Roar»: cuando las palabras no bastan y toca rugir
Por Mike Sain't Louis ·

Dos palabras repetidas. Ni siquiera palabras, en realidad: un sonido. «Roar Roar» es lo más cerca que he estado nunca de escribir una canción cuyo título sea un ruido, y me parece justo que así sea, porque de eso trata. De lo que pasa cuando las palabras ya no te sirven y lo único que queda es hacer ruido.
En el texto que acompaña a la canción lo digo en inglés, y lo resumo aquí: nació del silencio y se convierte en un grito. No es una metáfora rebuscada. Es bastante literal.
Del silencio al rugido
Mucha gente LGTBI conoce bien el silencio. No hablo de nada concreto ni de la vida de nadie, solo de una experiencia bastante común: aprender pronto a medir lo que dices, cómo lo dices y delante de quién. A bajar el tono, a no gesticular demasiado, a callarte cosas por si acaso. Ese silencio no es paz. Es un esfuerzo constante, como sujetar una puerta con el hombro.
Lo que me interesaba en esta canción es el momento en que sueltas la puerta. Y lo que sale no es un discurso bien argumentado, sino un rugido. Me gusta que sea un sonido animal, poco educado, nada diplomático. Durante mucho tiempo se nos ha pedido que fuéramos razonables, que explicáramos bien nuestras cosas, que no molestáramos. El rugido no explica nada. Solo ocupa espacio.
Por qué en inglés
El texto de «Roar Roar» está escrito en inglés, y no por buscar mercado. El rugido es un sonido que entiende cualquiera, en cualquier idioma, y quería que el texto alrededor tuviera ese mismo aire de cosa universal, de cartel, casi de manifiesto. Frases cortas, contundentes, sin adornos: cada sonido es un latido, cada imagen una confesión.
Además, hay algo en el inglés que me permite ser más grandilocuente sin ponerme colorado. En castellano, decir que tu rugido se oirá por todo el universo me sonaría a anuncio de colonia. En inglés funciona como una consigna. Es curioso cómo cambia el pudor según el idioma.
Al mismo tiempo, la canción vive dentro de un proyecto que es muy de aquí, de Madrid, de copla, de camp español. Ese contraste también me gusta. Planeta Gayfolk tiene canciones que gritan en castellano castizo y otras que rugen en inglés. Al final es el mismo animal.
Para quién es
El texto dice que la pieza pertenece a quienes han sido silenciados, juzgados o borrados, y aun así eligieron brillar. Lo sigo pensando. No es una canción para gente que ya está bien y quiere sentirse todavía mejor. Es para quien está justo en el borde, todavía callado, preguntándose si merece la pena abrir la boca.
No quiero vender la idea de que gritar lo arregla todo. No lo arregla. Pero hay un tipo de alivio físico en hacer ruido después de mucho tiempo callado que no se parece a nada. Por eso pedí que la canción se escuchara alta. Subir el volumen no es solo un consejo técnico, es parte del mensaje.
Me parece una buena pareja para canciones más íntimas del planeta, como Dark Corners, donde la tristeza se disimula bailando y nadie se da cuenta. Si en aquella el personaje dice que está bien cuando no lo está, aquí ya no finge. Aquí ruge. Son dos momentos de la misma historia, y no siempre en ese orden.
La música, como todo lo que hago, está construida con herramientas de inteligencia artificial, y en este caso buscaba algo con pulso, con tormenta, con esa sensación de que algo crece hasta romperse. Las palabras, y la decisión de que fueran tan pocas, son mías.
Me gusta pensar en esta canción como un ejercicio que cualquiera puede hacer. No hace falta saber cantar ni tener nada especial que decir. Solo hace falta un momento a solas, el volumen alto y las ganas de dejar de sujetar la puerta. Lo que salga, sale. Y si sale un ruido sin sentido, mejor: eso también es una forma de decir que estás aquí.
Si quieres leer el texto completo, está en la página de «Roar Roar». Y si prefieres pasar directamente al volumen alto, la canción se descarga gratis en la sección de descargas. Ruge donde puedas.