Salud mental
«Ruido en mi mente»: cuando el pasado se sienta al borde de la cama
Por Mike Sain't Louis ·

Es de noche. La habitación está en silencio, pero dentro de la cabeza no. Ahí suena todo a la vez: lo que dijiste, lo que no dijiste, lo que deberías haber hecho hace años, lo que podría pasar mañana. Cierras los ojos y el volumen sube. Así empieza «Ruido en mi mente», y así empiezan muchas noches de mucha gente.
Ponerle imágenes a lo que no tiene forma
Lo difícil de la ansiedad, o de la rumiación, o como queráis llamar a ese bucle, es que no se ve. No hay una herida que enseñar. Por eso esta letra está llena de imágenes muy físicas: ecos que chocan, un reloj parado que grita su tic, un aire que pesa como un ladrillo gris. Quería que el ruido tuviera textura, peso, color. Que quien lo escuche pueda decir: eso, eso es lo que me pasa.
Mi imagen favorita es la del pasado. «El pasado se sienta al filo de mi cama». No entra por la puerta dando un portazo; se sienta, tranquilo, como un visitante que sabe que tiene todo el tiempo del mundo. Y desde ahí te recuerda cosas. Me parece una descripción bastante exacta de cómo funcionan los recuerdos que nos hacen daño: no atacan, acompañan. Y esa compañía es agotadora.
También aparece la luna, pero no la luna romántica de las canciones de amor. Aquí la luna se burla con una carcajada idiota. Es un pequeño gesto de humor negro dentro de una canción oscura, y me gusta tenerlo. Incluso en el peor momento, una parte de nosotros sabe que todo esto tiene algo de absurdo.
El laberinto y los espejos
La segunda parte de la canción se mueve. Correr en círculos, un laberinto cuya salida se ríe, espejos partidos donde el reflejo aparece malherido. Es la sensación de intentar escapar del pensamiento con más pensamiento, que es justo lo que no funciona. Cuanto más analizas, más vueltas das.
Hay una pregunta en medio que para mí es el centro de todo: si la realidad es verdad o es un truco, o si solo es el eco de lo que no puedes olvidar. Esa duda es muy característica de los días malos. No sabes si lo que sientes responde a algo real o si es tu propia cabeza amplificando. Y no tener esa certeza da casi más miedo que el problema en sí.
Hay un detalle en femenino en la primera parte: la voz se reconoce esclava del pasado. No lo cambié. Me gusta que la voz de la canción no tenga un género fijo, porque el ruido mental tampoco lo tiene.
Un final que no se resuelve
Muchas canciones sobre salud mental terminan con un rayo de luz. Una mano tendida, un amanecer, una promesa de que todo irá bien. Entiendo por qué, y a veces está bien. Pero esta no lo hace. El último estribillo habla de construir un muro para verse después y de seguir cayendo aunque no se quiera. Termina dentro del bucle.
Lo dejé así porque me parecía más honesto. Hay noches que no se arreglan con una frase bonita. Lo que sí puede hacer una canción es acompañar. Decirle a quien está despierto a las tres de la mañana que no es el único con esa radio encendida por dentro. A veces la sensación de que otro ha descrito exactamente lo que te pasa ya es un pequeño alivio.
Lo que sí quiero decir fuera de la canción
Fuera de la letra, en este diario, sí me permito añadir algo. Si el ruido es constante, si no te deja dormir, trabajar o disfrutar de nada durante semanas, merece la pena hablarlo con alguien. Con una amiga, con tu médico de cabecera, con un profesional de la psicología. No es un fracaso pedir ayuda; es lo más sensato que se puede hacer cuando la cabeza no da tregua. Y si en algún momento el ruido se vuelve pensamiento de hacerte daño, en España está el 024, que atiende a cualquier hora.
Yo escribo canciones porque me ayuda ordenar el caos en versos. No es una terapia, pero es una manera de mirar las cosas desde un poco más lejos. Ojalá escuchar esta canción os sirva para algo parecido.
La letra de «Ruido en mi mente» está ahí para leerla despacio, quizás en voz alta, que a veces baja el volumen interno. La canción se puede descargar gratis en la sección de descargas.