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Relaciones tóxicas

«Scott Bonehill»: abrir la relación cuando la autoestima está en el suelo

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Portada de «Scott Bonehill», de Mike Sain't Louis

«No es por ti, es por mí». La frase más gastada de las rupturas aparece en el primer verso, pero aquí no la dice quien se va. La dice quien se queda, quien no quiere ser una carga y empieza disculpándose por existir. Ese detalle lo cambia todo, y es la puerta de entrada a una canción que habla de algo que en nuestra comunidad se comenta muchísimo y se confiesa muy poco: no estar preparado para abrir la relación.

Tengo la autoestima muy baja

La letra no esconde el punto de partida. Lo dice tal cual: ya sabes que tengo la autoestima muy baja. No como excusa ni como chantaje, sino como información. Es el contexto desde el que se vive todo lo demás. Cuando alguien con la autoestima en el suelo recibe la propuesta de abrir la pareja, no la escucha como un plan de libertad compartida. La escucha como una confirmación de lo que ya temía: que no es suficiente.

Y la canción añade un matiz que me parece importante. No me empujes al límite si ya ni me abrazas. La propuesta no llega en el mejor momento de la relación, llega cuando ya hay frío. Cuando falta lo básico. La letra lo dibuja con una imagen bastante funeraria: a la relación solo le falta una lápida, una pala y un enterrador.

Ser moderno o ir al infierno

El estribillo tiene algo de autoparodia que me gusta mucho. Será que no soy moderno. Será que voy a ir directo al infierno. Será que estoy siempre amargado.

Hay una presión muy concreta en ciertos ambientes gays para que las relaciones abiertas sean la opción evolucionada, la madura, la que no tiene celos ni posesividad. Y para muchas parejas funciona estupendamente, que conste. No tengo nada en contra. Pero esa presión puede hacer que quien no se siente cómodo se vea a sí mismo como anticuado, rancio, casi como un carca con miedo. La canción se ríe un poco de eso exagerando: si no quiero abrir la relación, me voy al infierno.

Y luego viene el verso más honesto de todos: lo peor es que tienes razón. Porque no hay un malo claro. La otra persona tiene derecho a desear lo que desea. Yo tengo derecho a no estar preparado. Y en medio de esas dos verdades, la pareja se rompe sin que nadie haya hecho nada estrictamente mal.

Aquel verano

La canción termina con un recuerdo. La primera vez que lo intentaron, aquel verano, el otro acabó enamorado. De un nombre concreto, el que da título a la canción, que en la letra funciona casi como un fantasma. No es un villano. No sabemos nada de él más allá de que existe y de que ocurrió.

Me interesa que el título sea un nombre y no una emoción. Podría haberla llamado «Relación abierta» o «No estoy preparado». Pero los nombres propios tienen una potencia distinta. Cuando una relación se tuerce por una tercera persona, ese nombre se convierte en una especie de palabra prohibida en casa. Ponerlo como título es sacarlo a la luz, repetirlo hasta que pierda poder. Por eso el último verso se repite tres veces: acabaste enamorado. Una, dos y tres. Como quien se lo dice a sí mismo para terminar de creérselo.

Lo que me queda

Esta no es una canción contra las relaciones abiertas. Es una canción sobre lo que pasa cuando una de las dos personas no está en el mismo lugar, y sobre la tristeza de sentir que tu forma de querer está pasada de moda.

Si alguna vez te has sentido el carca del grupo por querer algo cerrado, o si has tenido miedo de decir que no a algo porque parecía que todos los demás lo llevaban bien, esta canción es para ti. No eres menos moderno. Eres honesto con lo que puedes sostener, que es otra cosa.

Y si estás al otro lado, el que quería abrir, también hay hueco para ti aquí. Nadie tiene la culpa de desear distinto. Solo hace falta cuidado y una conversación a tiempo, antes de que haya que ir buscando pala.

La letra de «Scott Bonehill» está en la web, y la canción se puede descargar gratis en la sección de descargas.

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