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«Si Don Aussiebum Hablase»: inventario camp de una ruptura

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Portada de «Si Don Aussiebum Hablase», de Mike Sain't Louis

Después de una ruptura, a veces lo primero no es llorar. Es abrir el armario y hacer inventario. Y en «Si Don Aussiebum Hablase» el inventario sale fatal: un falso amore se ha llevado los bañadores de marca. Los buenos, los originales. Los de imitación comprados por internet, esos sí los ha dejado.

El drama de los bañadores

La premisa es tan absurda que me encanta. De todo lo que se puede perder en una relación, la canción elige llorar por unos bañadores. Y no unos cualquiera: los caros, los que sientan bien, los que, como dice la letra con toda la intención, sirven para promocionar lo de delante y lo de detrás. El ex no se los ha llevado por cariño. Se los ha llevado como reclamo, para seguir ligando con el envoltorio que pagó otro.

Ese detalle dice mucho más del personaje que cualquier discurso. Alguien que deja lo barato y se lleva lo que le hace quedar bien. Que, mientras tanto, tenía al otro limpiando la casa y cuidando de los animales. Es un retrato pequeño, casi de chiste, de una relación desigual de las de verdad.

Si la prenda hablara

El título juega con una idea muy de copla y de telenovela: si los objetos hablasen. Aquí el testigo es un bañador, convertido en Don, con tratamiento de señor respetable. Y si Don Aussiebum hablase, dice la canción, nos quedaríamos todos sin maridos, sin parejas, sin conocidos, sin familia. La lista se va alargando hasta el absurdo: tíos, sobrinos, la prima Carmen, el que va de santo en la iglesia, el guapo con la cabeza podrida.

Es humor de patio de vecinos llevado al exceso. Todo el mundo tiene algo que esconder, y el pobre bañador lo ha visto todo. Prefiero no repetir aquí con detalle lo que ha visto, porque la letra lo canta con bastante más gracia y bastante menos pudor del que cabe en un artículo. Baste decir que, según la canción, no habría disco con canciones suficientes para contarlo.

Esa es la esencia del camp que me gusta: tomarse en serio lo trivial y tratar con ligereza lo que duele. Un bañador como confidente de una ruptura. Un tono de tragedia griega para algo que cabe en una bolsa de playa.

El ave fénix en chanclas

Hacia el final la canción se pone digna. Ni que fueras tan importante, le dice el narrador al ex. Me hiciste sentir insignificante, pero yo siempre vuelvo, como el ave fénix. Y remata con un guiño a una de esas frases de la cultura popular española que todo el mundo sabe recitar, la de tirar para adelante, enseñar los dientes y no dar el gusto de verte hundido.

Me parece una de las cosas más bonitas que tiene la cultura camp española: ese repertorio de frases célebres, de folclóricas, de programas del corazón, que se usan como amuletos. Cuando no sabes cómo levantarte, tiras de una y te sostiene. Dientes, dientes. Que se note que estás bien, aunque todavía no lo estés del todo.

Reírse con lo que te quitaron

Lo que más me gusta de esta canción es que no hay ni una lágrima explícita y, sin embargo, se nota la herida. El narrador se pasa la canción quejándose de los bañadores, pero en realidad está hablando de haber sido usado, de haber dado más de lo que recibía, de haberse sentido pequeño. Los bañadores son solo el objeto en el que cabe todo eso sin que resulte insoportable.

Reírse de una ruptura no es quitarle importancia. Es una manera de recuperar el control del relato. El ex se queda con los bañadores, vale. Pero la canción es mía, y esa no se la puede llevar en la maleta.

La letra completa, con su lista interminable de familiares en peligro, está en «Si Don Aussiebum Hablase». Y si quieres bailarla mientras haces inventario de tu propio armario, se puede descargar gratis en la sección de descargas.

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