Planeta Gayfolk

Cultura LGTBI

«TAN CATETO»: la mente pequeña no tiene código postal

Por ·

Portada de «TAN CATETO», de Mike Sain't Louis

Cateto es una palabra con mucha historia en España. Durante décadas se usó para reírse de la gente de pueblo, del que llegaba a la ciudad con la maleta de cartón y no sabía coger el metro. En «TAN CATETO» la uso de otra manera, y creo que conviene explicarlo, porque no tiene nada que ver con el código postal.

El cateto no vive en el pueblo

El cateto de la canción puede vivir en cualquier sitio. En un ático del centro o en una casa con huerto. Lo que le define no es de dónde viene, sino lo que le molesta. Le molesta ver a dos hombres de la mano. Le molesta un beso delante de sus hijos. Le molesta que el novio sea africano. Le molesta, en resumen, la vida de los demás cuando no se parece a la suya.

Me gusta darle la vuelta al insulto porque durante mucho tiempo se ha usado para señalar a quien tenía menos recursos o menos estudios. Yo prefiero usarlo para señalar una pobreza distinta, la de la imaginación. Hay gente con dos carreras y la mente muy pequeña. Y hay gente de pueblo con una apertura que ya quisieran muchos urbanitas. La canción lo deja claro: las limitaciones están en la mente, no en el lugar.

Juez y espectador

Hay dos figuras en la letra que me interesan mucho. Una es el juez acusador, el que señala con el dedo. La otra es el espectador, el que se cree con derecho a dar consejos sobre una vida que solo está mirando.

El espectador es quizá más peligroso que el juez, porque es más común. No insulta a gritos. Comenta. Opina. Pone una cara. Tapa los ojos de los niños como si un beso fuera una escena de violencia. Hace que una pareja que solo va paseando sienta que está actuando para un público hostil.

La canción responde con una negativa muy sencilla: de quien solo mira no se aceptan consejos. Me parece un buen lema para muchas cosas. Quien no vive tu vida no tiene voto sobre ella. Puede mirar, si quiere, pero desde la butaca y en silencio.

Dos prejuicios en una frase

Hay un verso que mete en la misma frase la homofobia y el racismo, y lo escribí así a propósito. Muchas veces van juntos. Una pareja de dos hombres ya llama la atención de cierta gente; si además uno de ellos es africano, la mirada se endurece. Los prejuicios no van cada uno por su lado. Se suman, se refuerzan, se esconden unos detrás de otros.

Me parece importante nombrarlo, porque en el discurso LGTBI a veces se habla de la visibilidad como si todos la viviéramos igual. No es así. Las parejas interraciales, las personas migrantes, las personas racializadas dentro del colectivo reciben miradas que otros no reciben. Una canción de tres minutos no lo arregla, pero al menos lo pone encima de la mesa.

Sin dar más explicaciones

Otra idea que se repite es la de no dar más explicaciones. Es una decisión política, aunque suene a enfado doméstico. Durante años, a las personas LGTBI se nos ha exigido que explicáramos, justificáramos y argumentáramos nuestra existencia. Que demostráramos que no hacíamos daño a nadie. Llega un momento en que esa pedagogía cansa, y está bien decirlo.

No quiero decir que no haya que hablar con quien quiere aprender. Claro que sí. Pero hay una diferencia entre quien pregunta con curiosidad y quien señala con el dedo esperando que te disculpes. Al segundo no le debes nada. Ni una explicación ni una sonrisa.

El tono de la letra, aun así, es más de reproche burlón que de mitin. Repetir «Pero ¿cómo puede ser usted tan cateto?» con ese usted tan formal tiene algo de copla de reproche, de señora indignada en el mercado. El usted marca distancia y a la vez ridiculiza. Es el humor como escudo, y también como espada.

Si quieres leer la letra entera, está en «TAN CATETO». Y la canción se puede descargar gratis en la sección de descargas, por si te cruzas con algún espectador y necesitas banda sonora.

Más notas

Apoyar en Ko-fi