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«TENGO ARGUMENTO»: una María que no es la de las galletas ni la de la copla

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Portada de «TENGO ARGUMENTO», de Mike Sain't Louis

Me gusta. Está rica. Sabe a María.

Con esas tres frases arranca la canción y con esas tres frases vuelve una y otra vez, como un mantra de sobremesa. Es una de mis letras más juguetonas, y está construida casi entera sobre un truco muy sencillo: decir un nombre y luego ir descartando a quién no se refiere.

No es la que piensas

¿A qué María sabe? No a María Fontaneda, dice la letra. Aquí cualquiera que haya crecido en España con una caja de galletas en la despensa sonríe. Es un nombre que suena a merienda, a vaso de leche y a infancia.

Tampoco a María de la O, o mejor dicho, sí a ese nombre, pero no a la de la copla. «Pero no la cantante», insiste la canción. Otro guiño, esta vez al cancionero, a esas Marías que llenan las coplas con sus desgracias y sus pasiones.

Y tampoco a María la religiosa. Ni la de la merienda, ni la de la copla, ni la del altar. La María de la canción es otra: la poderosa, la exuberante, la importante. Mi amante.

Lo que me divierte de esta estructura es que la cultura popular española está tan llena de Marías que puedes construir una canción solo eliminándolas. Cada descarte es una pequeña broma para quien pilla la referencia. Y al final queda un personaje que no conocemos, pero que se ha hecho sitio a codazos entre galletas, coplas y vírgenes.

El argumento

Hasta que llega el giro. En mitad de tanto «está rica», la letra suelta la historia de fondo: me iba a casar con mi novio de hace veinte años, pero no quería un trío con María, así que le mandé a freír espárragos.

Y de repente entiendes todo. La María exuberante no es una amante en solitario, es la tercera en discordia de una propuesta que no apetecía. Y la respuesta es tan castiza como la expresión que elegí: a freír espárragos. No hay drama. Hay un portazo con delantal.

La canción no juzga el trío ni a María. Lo que hace es contar, con mucha guasa, cómo una boda que parecía segura se deshace por una diferencia de planes. Y lo resume con una frase que añadí casi al final: así nos ahorramos desengaños. Es una forma bastante práctica de ver la ruptura. Mejor ahora que después del convite.

Rica, rica, con fundamento

El título viene de un guiño que reconocerá cualquiera que haya visto cocina en la televisión española: lo de «rica, rica y con fundamento» es ya patrimonio de todos, una muletilla que se ha quedado en el idioma. En la canción le doy la vuelta. Tengo argumento. Es decir, tengo una historia, tengo motivos, tengo razones para haber hecho lo que hice. Y además suena bien.

Me encanta cuando una frase hecha de la tele se puede reutilizar para contar algo completamente distinto. Es una manera de jugar con el idioma común, ese que compartimos todos aunque no nos conozcamos. Lo mismo pasa con las galletas, con la copla o con freír espárragos. Son piezas de una especie de álbum colectivo de cromos españoles, y yo las pego donde me hace gracia.

Repetir hasta que suene a fiesta

La letra se repite mucho, lo sé. Las mismas estrofas vuelven una y otra vez, con pequeños cambios. Lo hice a propósito. Las canciones de verbena, las de coro de boda, las de final de noche funcionan así: repites hasta que todo el mundo se la sabe y la grita. «Tengo argumento» tiene ese espíritu de pista de baile de pueblo, de canción que pones cuando ya se han ido los mayores.

También hay algo de liberación en reírse de algo que, contado de otra forma, podría haber sido doloroso. Veinte años y una boda frustrada dan para una balada lacrimógena. Yo preferí convertirlo en una canción sobre lo rica que está María. Que cada uno elija su manera de procesar.

Si quieres seguir la pista a todas las Marías, la letra de «TENGO ARGUMENTO» está entera en la web. Y la canción se puede descargar gratis desde la sección de descargas, con fundamento.

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